El 7 de enero de 1938 quedó oficialmente consumada la conquista de Teruel por parte del Ejército Popular de la República, culminando una de las operaciones militares más importantes y sangrientas de toda la Guerra Civil Española. La batalla, iniciada el 15 de diciembre de 1937, supuso la primera y única ocasión en la que una capital de provincia conquistada por el bando sublevado fue recuperada por las fuerzas republicanas durante el conflicto.
La ofensiva sobre Teruel fue concebida por el Gobierno de Juan Negrín y el mando republicano con varios objetivos estratégicos. Por un lado, pretendía aliviar la presión franquista sobre Madrid, que continuaba siendo uno de los principales objetivos militares del general Franco. Por otro, buscaba obtener una victoria de gran valor propagandístico y moral tanto para la población republicana como para la opinión pública internacional.
La ciudad de Teruel, situada en una posición estratégica entre Zaragoza y Valencia, se convirtió rápidamente en el escenario de encarnizados combates urbanos. Las bajas temperaturas del invierno de 1937-1938 añadieron un elemento adicional de dureza a la batalla. Con registros de hasta veinte grados bajo cero, soldados de ambos bandos tuvieron que enfrentarse no sólo al enemigo, sino también a unas condiciones climáticas extremas que provocaron numerosas bajas por congelación y agotamiento.
Tras semanas de lucha casa por casa, las tropas republicanas lograron finalmente la rendición de las fuerzas nacionales que permanecían atrincheradas en la ciudad. El coronel Domingo Rey d’Harcourt, responsable de la defensa de Teruel, capituló junto a los últimos defensores el 7 de enero de 1938, permitiendo a la República anunciar una de sus victorias más significativas de toda la guerra.
Sin embargo, el éxito resultó efímero. Francisco Franco decidió concentrar importantes recursos militares para recuperar la ciudad, iniciando una poderosa contraofensiva pocas semanas después. El desgaste sufrido por las unidades republicanas durante la conquista dificultó enormemente la defensa de sus nuevas posiciones.
Finalmente, el 22 de febrero de 1938, las tropas franquistas recuperaron definitivamente Teruel. La batalla dejó decenas de miles de bajas entre muertos, heridos y desaparecidos y es considerada por numerosos historiadores como uno de los enfrentamientos más duros y decisivos de la Guerra Civil Española, preludio de la posterior ofensiva de Aragón y del progresivo deterioro de la posición militar republicana.
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