
El 9 de febrero de 1934, Matías Montero y Rodríguez de Trujillo, estudiante de Medicina de veinte años y militante de Falange Española, fue asesinado en Madrid en un episodio que alcanzaría una enorme repercusión política y simbólica en la España de la Segunda República. Su muerte se produjo en un periodo marcado por la creciente radicalización ideológica y los frecuentes enfrentamientos entre organizaciones políticas rivales.
Nacido en Madrid el 28 de junio de 1913, Matías Montero había participado activamente en el movimiento estudiantil universitario y fue uno de los impulsores del Sindicato Español Universitario (SEU), organización vinculada a Falange Española. Durante aquellos años, las universidades españolas se habían convertido en uno de los principales escenarios de confrontación política entre distintas organizaciones juveniles y estudiantiles.
La tarde del 9 de febrero, tras participar en la distribución del periódico F.E., órgano oficial del movimiento falangista, Matías Montero regresaba a su domicilio cuando fue atacado por varios individuos armados en las inmediaciones de la calle de Álvarez Mendizábal, en Madrid. Falleció poco después a consecuencia de los disparos recibidos. Las investigaciones y procesos judiciales posteriores atribuyeron la autoría material del crimen a militantes vinculados a las Juventudes Socialistas.
El asesinato tuvo una enorme repercusión dentro de Falange Española, que convirtió a Matías Montero en uno de sus principales símbolos y referentes. Su entierro congregó a numerosos simpatizantes y dirigentes del movimiento, entre ellos José Antonio Primo de Rivera, quien pronunció un discurso que alcanzaría gran notoriedad en los años posteriores. Durante aquellas exequias comenzó a popularizarse entre los falangistas la respuesta ritual de «¡Presente!» al nombrar a los militantes fallecidos.
Durante la Guerra Civil y el posterior régimen franquista, la figura de Matías Montero fue incorporada a la memoria oficial del falangismo y del denominado «Día del Estudiante Caído», instaurado en los centros educativos españoles a partir de 1938. Su nombre permaneció ligado a la historia del movimiento nacional-sindicalista y a la memoria de las víctimas de la violencia política de los años treinta.
El asesinato de Matías Montero y Rodríguez de Trujillo constituye uno de los episodios más representativos del clima de enfrentamiento político que caracterizó los últimos años de la Segunda República y que precedió al estallido de la Guerra Civil española.
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