El 11 de septiembre de 1945, apenas unos meses después del final de la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno de Francisco Franco adoptó una medida de gran significado político y simbólico: la supresión del saludo con el brazo en alto como Saludo Nacional de carácter obligatorio en los actos oficiales. La decisión formó parte de una serie de cambios destinados a adaptar la imagen internacional del régimen ante el nuevo escenario surgido tras la derrota de las potencias del Eje.
El saludo con el brazo extendido había sido incorporado por la Falange Española antes de la Guerra Civil y, tras el Decreto de Unificación de 1937, pasó a formar parte de los símbolos oficiales del Estado franquista. Durante los primeros años del régimen era habitual en ceremonias oficiales, desfiles militares, actos políticos y eventos organizados por el Movimiento Nacional, convirtiéndose en una de las imágenes más representativas del franquismo.
Sin embargo, la situación internacional cambió radicalmente en 1945. La derrota de la Alemania nazi y de la Italia fascista convirtió muchos de los símbolos asociados a esos regímenes en elementos políticamente comprometidos. España, que había mantenido una posición de neutralidad durante la mayor parte de la guerra, aunque con una etapa de no beligerancia y una evidente proximidad hacia el Eje, comenzó a afrontar un creciente aislamiento diplomático.
Consciente de esta nueva realidad, Franco impulsó diversas medidas destinadas a proyectar una imagen menos vinculada a los regímenes derrotados. Entre ellas destacó la eliminación del carácter obligatorio del saludo con el brazo en alto, que dejó de utilizarse como saludo oficial del Estado. Aunque continuó apareciendo ocasionalmente en algunos actos organizados por sectores falangistas, perdió progresivamente su presencia en las ceremonias institucionales y militares.
La supresión del saludo no significó una transformación inmediata del sistema político, que mantuvo sus estructuras fundamentales. No obstante, representó uno de los primeros gestos encaminados a distanciar al régimen de los elementos externos que podían identificarlo con el fascismo europeo. En los años siguientes, el Gobierno reforzó la imagen de España como un Estado de inspiración católica, tradicional y anticomunista, buscando mejorar sus relaciones con las democracias occidentales en el contexto del inicio de la Guerra Fría.
Ese proceso culminaría durante la década de 1950 con la progresiva normalización de las relaciones internacionales de España. La firma del Concordato con la Santa Sede y de los Pactos de Madrid con Estados Unidos, ambos en 1953, supuso el fin del aislamiento diplomático y la integración del país en el bloque occidental.
La decisión adoptada el 11 de septiembre de 1945 constituye un ejemplo de cómo el régimen franquista modificó determinados símbolos y formas externas para adaptarse al nuevo contexto internacional sin alterar sustancialmente su estructura política. La supresión del saludo con el brazo en alto marcó el inicio de una nueva etapa en la política exterior e institucional del franquismo.
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