El 12 de junio de 1940, el Gobierno presidido por Francisco Franco anunció que España abandonaba su posición de neutralidad para declararse no beligerante en la Segunda Guerra Mundial. La decisión se produjo apenas dos días después de que Italia, bajo el liderazgo de Benito Mussolini, entrara en la guerra al lado de la Alemania nazi, cuando las rápidas victorias alemanas hacían pensar que el conflicto se resolvería en favor de las potencias del Eje.
La declaración de no beligerancia suponía un cambio en la política exterior española. Aunque el país no participaba militarmente en la guerra, dejaba de mantener una neutralidad estricta y expresaba una clara simpatía política y diplomática hacia Alemania e Italia. Esta posición permitía al Gobierno franquista colaborar en determinados aspectos con las potencias del Eje sin asumir las obligaciones derivadas de una declaración formal de guerra.
España salía entonces de la Guerra Civil (1936-1939), un conflicto que había devastado la economía, las infraestructuras y la sociedad. El país sufría graves problemas de abastecimiento, escasez de alimentos, dificultades energéticas y una profunda crisis económica que hacían inviable la participación en una nueva guerra de gran escala. Pese a ello, el régimen franquista mantenía una deuda política y moral con Alemania e Italia, cuyo apoyo militar había sido decisivo durante la Guerra Civil.
La nueva situación permitió una mayor cooperación entre España y las potencias del Eje. Se facilitaron suministros estratégicos, aumentaron los contactos diplomáticos y se intensificó la colaboración económica. El momento culminante de esta aproximación llegaría en octubre de 1940 con la entrevista entre Francisco Franco y Adolf Hitler en Hendaya, donde se discutió una posible entrada de España en la guerra. Sin embargo, las exigencias territoriales y económicas planteadas por el Gobierno español, unidas a la delicada situación interna del país, impidieron que se alcanzara un acuerdo.
Aunque España nunca llegó a declarar la guerra a los Aliados, la política de no beligerancia se mantuvo durante varios años. En 1941, el régimen autorizó la creación de la División Azul, una unidad de voluntarios españoles enviada a combatir junto al ejército alemán contra la Unión Soviética, sin que ello modificara oficialmente el estatus internacional del país.
A medida que la guerra cambió de rumbo y las victorias aliadas comenzaron a imponerse, el Gobierno español fue alejándose progresivamente del Eje. En octubre de 1943 recuperó oficialmente la condición de neutral, buscando reducir el aislamiento diplomático que podía derivarse del desenlace del conflicto.
La declaración de no beligerancia del 12 de junio de 1940 constituye un episodio fundamental para comprender la política exterior del primer franquismo. Reflejó el complejo equilibrio que intentó mantener España entre la afinidad ideológica con las potencias del Eje y la imposibilidad material de participar directamente en una guerra mundial.
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