El 22 de julio de 1969, las Cortes Españolas aprobaron la designación del príncipe Juan Carlos de Borbón como sucesor de Francisco Franco en la Jefatura del Estado, a título de Rey. Dos días antes, el entonces príncipe había recibido en El Pardo la noticia de la decisión de Franco y comunicó a su padre, Juan de Borbón, la trascendencia del momento.
La carta que reproducimos a continuación constituye un documento de especial interés histórico. En ella, Juan Carlos explica a su padre la decisión que acaba de tomar, expresa su preocupación ante el futuro y habla de su deber hacia España y hacia la Dinastía. También manifiesta su deseo de que la aceptación del nombramiento permita el regreso de la Monarquía y garantice al pueblo español «muchos años de paz y prosperidad».
El documento adquiere una dimensión todavía mayor cuando se contempla desde la perspectiva de los acontecimientos que se producirían posteriormente. El nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco abrió un proceso cuyo desenlace acabaría transformando profundamente el sistema político español. La relación entre Juan Carlos, su padre y Franco, así como las decisiones tomadas en aquellos años, siguen siendo objeto de interpretaciones y controversias históricas.
El título de este artículo —«se pergeñaba la traición»— plantea precisamente una de esas interpretaciones: la idea de que, mientras se producía públicamente el compromiso con el régimen y con Franco, podía estar gestándose un proyecto político diferente para el futuro. La carta, sin embargo, debe ser leída ante todo como un documento de su tiempo, atendiendo a lo que realmente expresa y separando el contenido escrito de las interpretaciones que posteriormente se han construido sobre aquellos acontecimientos.
A continuación reproducimos el texto de la carta.
Queridísimo papá:
Acabo de volver de El Pardo a donde he sido llamado por el Generalísimo; y como por teléfono no se puede hablar, me apresuro a escribirte estas líneas para que te las pueda llevar Nicolás, que sale dentro de un rato en el Lusitania.
El momento que tantas veces te había repetido que podía llegar, ha llegado y comprenderás mi enorme impresión al comunicarme su decisión de proponerme a las Cortes como sucesor a título de Rey.
Me resulta dificilísimo expresarte la preocupación que tengo en estos momentos. Te quiero muchísimo y he recibido de ti las mejores lecciones de servicio y de amor a España. Estas lecciones son las que me obligan como español y como miembro de la Dinastía a hacer el mayor sacrificio de mi vida y, cumpliendo un deber de conciencia y realizando con ello lo que creo es un servicio a la Patria, aceptar el nombramiento para que vuelva a España la Monarquía y pueda garantizar para el futuro, a nuestro pueblo, con la ayuda de Dios, muchos años de paz y prosperidad.
En esta hora, para mí tan emotiva y trascendental, quiero reiterarte mi filial devoción e inmenso cariño, rogando a Dios que mantenga por encima de todo la unidad de la Familia y quiero pedirte tu bendición para que ella me ayude siempre a cumplir, en bien de España, los deberes que me impone la misión para la que he sido llamado.
Termino estas líneas con un abrazo muy fuerte y, queriéndote más que nunca, te pido nuevamente, con toda mi alma, tu bendición y tu cariño.
Juan Carlos
