Entre las cuestiones a las que Francisco Franco prestó atención durante su gobierno estuvo la política de colonización agraria y la creación de nuevos núcleos de población vinculados al trabajo de la tierra. El Instituto Nacional de Colonización desempeñó un papel destacado en este proyecto, especialmente mediante la transformación de terrenos, la puesta en regadío y la creación de comunidades de pequeños propietarios.
En el texto que reproducimos a continuación, Franco expone personalmente algunas de sus ideas sobre esta política. Habla de los colonos, de las tierras de regadío y secano, de los créditos destinados a facilitar la explotación de las parcelas y de la importancia que concedía a que quienes trabajaban la tierra pudieran convertirse en propietarios.
También hace referencia al Plan Badajoz, que presenta como ejemplo de una reforma agraria basada en la creación de pequeños propietarios y en la mejora de las condiciones de vida de las familias dedicadas al campo.
El relato ofrece así una visión directa del pensamiento de Franco sobre la cuestión agraria y sobre el papel que, a su juicio, debía desempeñar el Estado en la transformación del campo español.
Se sabía de memoria el tema y añadió:
—Aquí los hombres que trabajan son colonos a los que se les entrega cuatro hectáreas de regadío y veinte de secano. Se les dan facilidades mediante créditos para que puedan criar animales. Se les adquiere la cosecha y de ese modo obtienen siempre un beneficio neto. Están trabajando su propia tierra, pegados a ella, con la seguridad de un rendimiento positivo. Todos han sido jornaleros antes de venir aquí. Ellos han solicitado su propiedad y tienen sus parcelas que dan un fruto extraordinario. Recientemente han venido de Rusia a conocer este sistema, porque ellos fracasaron en sus planes quinquenales y, sin embargo, nosotros hemos triunfado en el plan Badajoz y en esto. Es la única reforma agraria que cabe: que el que trabaje el fruto de ese esfuerzo realice suyos. Y que además se sienta interesado en la política del país, porque sepa que, si desciende el nivel de vida, baja también el aprecio de los productos que cosecha, mientras que, si sube el nivel de vida, subirán también los productos de la tierra.
Luego el Generalísimo dio orden de que me enseñaran la escuela y la iglesia y, a mi regreso, añadiría aún:
—Procuramos que los hijos de estos colonos, en lo posible, tengan una formación profesional acelerada y puedan, si les gusta, seguir la línea de la agricultura y si no, que les resulte posible pasar a las universidades laborales o las distintas universidades, para obtener un título universitario si están capacitados. Esta es una de las obras a las que tengo más cariño. En España, el hacer pequeños propietarios supondrá una gran salvaguardia para impedir revoluciones desintegradoras.
Esta es una visión de las ilusiones que el Generalísimo deposita en las obras realizadas que aún pensaba perfeccionar.
En este relato, Franco expone una concepción de la política agraria basada en la creación de pequeños propietarios y en la transformación de los trabajadores del campo en personas vinculadas directamente a la tierra que cultivaban.
Su referencia al Instituto Nacional de Colonización y al Plan Badajoz permite conocer cuáles eran, según sus propias palabras, algunos de los objetivos que perseguía aquella política: aumentar las superficies cultivables, extender los regadíos, facilitar el acceso a la propiedad y mejorar las condiciones económicas y sociales de las familias asentadas en los nuevos núcleos de colonización.
Más allá de las valoraciones políticas que puedan hacerse hoy sobre aquella actuación, el texto resulta interesante como testimonio directo de la visión que Franco tenía sobre la agricultura española y sobre la función que atribuía al Estado en la transformación del mundo rural.
