El episodio protagonizado por Franco y Primo de Rivera permite comprender mejor la personalidad del futuro jefe del Estado cuando todavía era un joven oficial de la Legión. Más allá de las anécdotas que rodearon aquel encuentro, lo verdaderamente significativo fue su actitud ante las órdenes, la disciplina y el futuro de las operaciones españolas en Marruecos.
Primo de Rivera llegó a conocer directamente la realidad del territorio y terminó modificando algunos de sus planteamientos iniciales. El posterior desembarco de Alhucemas demostraría la importancia de aquella rectificación y acabaría convirtiéndose en una de las operaciones militares decisivas de la guerra del Rif.
Aquel episodio de Melilla quedó así como un interesante capítulo de la trayectoria de Franco y como una muestra de las complejas relaciones entre los mandos militares españoles durante los años decisivos del Protectorado.
1. El 1 de enero de 1923 se publicaba el primer número de la Revista. Se anunciaba un año especialmente duro para el Ejército español: el Directorio militar acababa de pasar la orden para evacuar Yebala y Xauen, es decir, todas las conquistas que Dámaso Berenguer había realizado en 1920; sin duda los problemas internos de España, muy acusados entre los militares, le hubieran obligado a ceder en lo que, por otra parte, era criterio de amplios sectores del Ejército. En aquel momento se hallaban desplegados en Marruecos 100.000 hombres, mal repartidos y peor avituallados. Las vacilaciones del Gobierno español ante esta carga económica resultan explicables.
Por su parte, ’Abd el-Krim había aprovechado cumplidamente sus éxitos limitados para convertir el Rif en una República independiente, que desconocía la autoridad del Sultán, y estaba sujetando con mano de hierro un territorio que le proporcionaba 80.000 soldados muy valerosos y duros. Agentes comunistas le ayudaban en una acción que preludia, a mucha distancia, las que se producirán en el Continente negro a partir de 1960: el Gobierno soviético envió a un coronel de artillería, Sergio Kuguschev, para adiestrar a los marroquíes rebeldes en el manejo de los cañones. Figuraba en su séquito también un técnico alemán, Klemms, porque la mayor parte de las piezas eran de la casa Schneider, de 75 y 105 mms. Un inglés, sir Charles Gardiner estaba proyectando ya la creación de un Banco Exterior que canalizase los fondos de la flamante República controlando las minas de hierro, si llegaba a producirse la victoria. En 1924 ’Abd el-Krim solicitó el ingreso en la Sociedad de las Naciones. España se enfrentaba, en aquel momento, con una fuerza internacional todavía discreta, pero no por ello menos peligrosa.
Durante los primeros meses del año 1924 el Tercio de Voluntarios, mandado por Franco, multiplicó sus actuaciones en el sector oriental de Marruecos, que era el escenario preferido para las nuevas ofensivas de ’Abd el-Krim. En el mes de marzo el teniente coronel participaría personalmente en un nuevo e importante movimiento de socorro a la fortaleza de Tizzi Azza. De día a día se estaba afirmando la seguridad de que un nuevo Annual era imposible. Sin embargo, los oficiales estaban inquietos: ¡iba cobrando cuerpo el rumor de que, finalmente, no sólo Yebala, sino también todas las demás posiciones, cobradas y defendidas con tanto esfuerzo, iban a ser evacuadas.
2. A este rumor contribuyó poderosamente un episodio del que Franco fue principal protagonista y que describe uno de los rasgos fundamentales de su carácter. Aprovechando la Pascua Militar —que se celebra como es bien sabido la víspera de la fiesta de Reyes Magos— el general Montero, comandante militar de Ceuta invitó a todos los militares allí presentes, que ignoraban aún que existía un proyecto de evacuación de Xauen, a empeñar su palabra de que cumplirían las órdenes, cualesquiera que fuesen. El Jefe del Tercio dio una respuesta respetuosamente negativa, fría y cortante: la forma en que les era presentada la demanda, «fuesen cuales fuesen las órdenes» obligaba a hacer una referencia previa de acuerdo con las Ordenanzas Militares y con el Código de Justicia. Ningún soldado puede justificar la comisión de actos punibles o delictivos con el argumento de que se encuentra bajo obediencia de órdenes recibidas. Todos los demás Jefes de cuerpo que estaban presentes, apoyaron la rectificación del teniente coronel.
Tenemos, en este incidente, una profunda lección de moral que nos ayuda a comprender la conducta posterior de Franco: la diferencia que existe entre legalidad y legitimidad. No basta con que una orden revista los condicionamientos legales que se otorgan por los hombres; es necesario, también, que posea la legitimidad que otorga el fin precisamente perseguido. La obediencia es una virtud, no un mecanismo de sumisión. En su fuero interno, Franco estuvo firmemente convencido de que esta actitud de los jefes en Marruecos, comunicada a Primo de Rivera, decidió a éste a trasladarse a África, a fin de asumir la plena responsabilidad de una operación de repliegue que, además de herir sentimientos, podía degenerar en un desastre. Fue un motivo de estima, por su parte, hacia el Dictador que no descargaba sobre hombros ajenos las decisiones conflictivas.
Primero llegó Sanjurjo, para posesionarse de la comandancia de Melilla (abril de 1924). Coincidiendo con su presencia, ’Abd el-Krim hizo el último gran esfuerzo de ofensiva en el frente oriental, atacando Sidi Mesaud, pero en duras operaciones de tres días, Franco rechazó el ataque y liberó, además, contra todo pronóstico, Koba Darsa. Mohammed ’Abd el-Krim, hermano del cacique del Rif, era quien operaba en el frente occidental combatiendo a los españoles.
3. Acompañando al Dictador
Acompañando al Dictador, Franco giró una visita por las principales posiciones del frente oriental, aquellas que no iban a ser abandonadas. Al término de la misma se produjo el famoso incidente de Ben Tieb, tergiversado algunas veces: una curiosa leyenda, absurda para quien conozca la mentalidad de los jefes militares, se añadió a un supuesto enfrentamiento entre Franco, al que los «africanos» consideraban ya como su portavoz, y el general Primo de Rivera.
No debe perderse de vista la enorme diferencia de rango entre uno y otro ni tampoco el innato sentido de la disciplina que poseía el Jefe del Tercio, atento a su carrera militar más que a otra cosa. Los recuerdos del Caudillo me parecen, en este punto, más fiables que algunas noticias escritas; entre otra cosa porque permiten reconstruir el episodio con más lógica.
En primer término hemos de abandonar, por mucho que nos divierta, la picante anécdota masculina entre legionarios, de que se ofreció a Primo de Rivera un menú compuesto exclusivamente de huevos, preparados de variadas formas. El general Sanjurjo encargó a Franco que pronunciara las palabras de ofrecimiento, al final, ocasión que éste aprovechó para aludir, en nombre de los «africanos», a la inquietud que sentían ante los rumores de que se abandonaba Marruecos; los datos que poseemos de este discurso no desmienten la prudencia tradicional del futuro Generalísimo.
Habló al final Primo de Rivera, quien tomó pie para su discurso en un lema de la Legión, colocado al fondo de la sala y alusivo a su «espíritu de fiera y ciega acometividad», proponiendo que se le cambiase por el de «férrea disciplina». Fue entonces cuando se produjo el incidente en que Franco no tuvo al parecer ninguna parte y que provocó la grave descortesía de que el Dictador no recibiese los aplausos que esperaba.
Primo de Rivera recibió a Franco en su despacho de la Comandancia de Melilla a la una de la madrugada del día siguiente. El teniente coronel puso buen cuidado en acudir con la suficiente antelación, de modo que cuando el Dictador y el general Aizpuru llegaron, ya estaba sentado en el antedespacho, esperando.
Primo de Rivera se mostró cordial, según su naturaleza. Arrarás se limita a decirnos que Franco puso a su disposición el cargo que desempeñaba si, por alguna razón, había incurrido en falta, y que insistió después en la operación Alhucemas.
La valoración profunda de estos sucesos no resulta difícil. Primo de Rivera, que no era hombre a quien gustase rehuir las responsabilidades, había ido a Marruecos con un propósito firme de imponer a los mandos africanos la maniobra de repliegue. Pero al establecer una relación directa con los jefes que allí mandaban y al adquirir conocimiento, sobre el terreno, de la situación reinante, rectificó.
Asumiría incluso, como desde años estaban esperando, el proyecto de desembarco en Alhucemas, lleno de riesgos, pero que le proporcionó gran fama. Se explicaría, a posteriori, que el repliegue en la zona occidental no tenía otro objetivo que el de liberar el suficiente número de soldados para crear la fuerza de choque necesaria para liquidar la guerra de una sola vez.

Buenas tardes . A raíz de este interesante artículo sobre Melilla nos viene a colación la situación de la otra plaza española, Ceuta.
Los alauitas siempre han perseguido el territorio español que hubiere , llámense las ciudades autónomas, el reparto del Rif , los Protectorados , el Sáhara Español o el Ifni. El año 1956 al crearse el Reino de Marruecos con Mohamed V nos declaran la guerra por Sidi Ifni. Nos cuesta mil hombres y junto a la ayuda francesa recuperando el control y territorio. Circunstancias internacionales no propicias a España así como la » colaboración americana » contribuyeron a su entrega posterior. Casi veinte años después ante el inminente deceso del Generalísimo y el inicio de reinado del Rey Juan Carlos, Hassan II aprovecha la debilidad para iniciar la Marcha Verde. No pasaron pero incumplieron , tras la nueva cesión y entrega, los marroquíes en proceder a atender el mandato de Naciones Unidas en la celebración de un Referendum hasta la capitulación de Sànchez nuevamente con los» aliados» americanos. La idea de que Juan Carlos I tomara en consideración en 1979 la entrega de Melilla la interpretaría como una traición a España. Pero hoy con este personaje de Moncloa conviviendo políticamente con todo enemigo de la nación, no descarto la pérdida de Ceuta , seguida de Melilla tal y como fueron Ifni y el Sáhara. Revisen el mapa y observen que el Sáhara se encuentra a 300 km de Fuenteventura. Las próximas las Canarias.