INTRODUCCIÓN
En este capítulo reproducido por el diario italiano Corriere della Sera, Francisco Franco ofrece una reflexión personal sobre los orígenes y el sentido del Movimiento iniciado en 1936. El texto, de marcado carácter justificativo, niega que el alzamiento tuviera motivaciones políticas personales o que respondiera únicamente a intereses militares. Franco insiste en que la sublevación fue una reacción patriótica apoyada por amplios sectores de la sociedad española y no, como afirmaba la propaganda republicana, una maniobra de las clases privilegiadas. Estas declaraciones permiten comprender cómo el régimen trató de proyectar internacionalmente una imagen de unidad nacional y de legitimidad popular…
Todo el mundo sabe que no he iniciado el Movimiento para ningún fin político. La política no me ha interesado nunca ni jamás pensé en representar el Poder supremo de la nación. Si frente a mis camaradas levanté la bandera nacional, lo hice sólo como patriota y como soldado. Mucho menos se puede juzgar de esa manera, porque no hay ejército que luche él solo. Nuestra revolución hubiera fracasado desde el primer momento merced a la falta de interés de la población civil, si hubiese sido una simple sublevación militar. Sin embargo, los rojos la han planteado así en sus propagandas, pintando la sublevación con colores que no corresponden a la realidad. De ahí el engaño de ciertos países extranjeros con respecto al carácter y a los fines de nuestro Movimiento. En ..tales países se asegura que únicamente las clases privilegiadas de España, los burgueses, los ricos, son los que apoyan nuestro Movimiento, y se nos considera enemigos del pueblo, y, sin embargo, el pueblo es quien apoya esta lucha. Nos apoyan a nosotros, porque saben que constituimos el instrumento seguro de su liberación. Pueblo son aquellos campesinos de Navarra que en julio de 1936 acudieron espontáneamente a reunirse a las órdenes del General Mola, y los falangistas, y los de Renovación y los de Acción Popular ¿no representaban también elementos del alma nacional?
La propaganda roja puede decir lo que quiera; pero es evidente que la población civil se ha movilizado espontáneamente para ponerse a nuestro lado, sin distinción de clases, sexo o edad. En los ,frentes de guerra, los aristócratas de las más nobles familias están unidos con los campesinos y con los propietarios de la ciudad; los intelectuales universitarios hacen vida común con los burgueses modestos, empleados y obreros. Hasta los sacerdotes, que por su ministerio no pueden ser movilizados, de muestran su entusiasmo y su valor dando los auxilios espirituales a quienes los necesitan, en la misma línea de fuego. España es país de grandezas. Es madre de ascetas y lo fué de Don Quijote. Es ella quien suministra este aliento y nos infunde fuerza y constancia. Nuestra sublevación no es una lucha de clases, es una lucha entre el bien y el mal; es el despertar de un pueblo que no se conocía a sí mismo y se sentía amenazado por fuerzas ocultas de la revolución y que poco a poco se abandonaba a los políticos, instrumentos de los comités extranjeros.
Además no había libertad, cambiada por el libertinaje de los partidos del Gobierno; no había igualdad, porque la destrozaron los que desde el Gobierno se declaraban beligerantes. No había fraternidad, porque ésta era desmentida por los asesinatos de, los hombres políticos de oposición, llevados a cabo con la aprobación y complicidad de las autoridades y del Gobierno.
Sin que lo permitiera el órgano constitucional ni apareciese para nada en las leyes, se celebraban acuerdos secretos con los gobiernos extranjeros. Cuanto representaba un valor espiritual y moral o no se sujetaba al carro de la revolución moscovita, era perseguido sin tregua.
Esto era lo que había en España.
CONCLUSIÓN
El testimonio difundido por el Corriere della Sera constituye un ejemplo significativo del relato que el franquismo quiso transmitir al exterior durante la Guerra Civil. Franco presenta su liderazgo como un deber asumido a regañadientes y subraya el supuesto respaldo espontáneo del pueblo, desde campesinos hasta intelectuales y religiosos. El texto refleja también la batalla propagandística del momento, en la que cada bando intentaba definir la naturaleza del conflicto. Más allá de su valor ideológico, estas palabras son un documento revelador de la construcción del discurso oficial sobre la legitimidad del nuevo Estado y sobre la interpretación de la contienda como una lucha moral y nacional.
