INTRODUCCIÓN
El 16 de agosto de 1938, en Burgos, Francisco Franco dirigió unas palabras a un grupo de niñas musulmanas procedentes del Protectorado español en Marruecos, con motivo de su visita a la denominada “España liberada”. Este breve discurso se inscribe en el marco de la política del bando nacional hacia las poblaciones del norte de África, cuyo apoyo militar y simbólico fue relevante durante la Guerra Civil española.
El texto refleja la visión paternalista y colonial propia de la época, así como el intento del régimen en construcción de presentar la guerra como una empresa compartida entre españoles y marroquíes, articulando un relato de hermandad, civilización y colaboración. Su lectura permite comprender tanto la dimensión propagandística de estos actos como el discurso oficial sobre el Protectorado y sus habitantes.
Burgos, 16 de agosto de 1938.
Sé cuánto trabajáis en Marruecos; sé también el afán que tanto vuestras profesoras indígenas como las españolas, ponen el servicio de las niñas y niños musulmanes. Por lo que se refiere a vosotras, es preciso que cada día desarrolléis una mayor aplicación en una labor que nosotros completaremos cuando acaba la guerra para mejorar las condiciones de vuestras escuelas y de vuestros talleres y para alegrar también la vida interior de vuestros hogares. En un tiempo las mujeres y las niñas musulmanas confeccionaban en telas que vestís. Mientras los guerreros iban a la guerra quedaban las mujeres en sus hogares entre los bastidores fabricando las piezas y luego habían de decir los guerreros: «Nosotros mejoraremos las condiciones de esos vuestros talleres para que en ellos podáis seguir fabricando los vestidos de vuestros maridos y de vuestros padres».
El pueblo marroquí ha sido el pueblo de los guerreros más bravos, así como el pueblo español ha sido también el de los soldados más valientes; los dos pueblos tenían una elevada espiritualidad y un carácter entero que siempre les impulsó al trabajo. Por eso nosotros, cuando acabemos esta guerra en que los dos pueblos se estrechan y se hermanan en la lucha, hemos de mejorar las condiciones de vuestras familias y de vuestros. hogares para que, dentro del recato de vuestras costumbres lo mismo que veis ahora en España -donde juegan los niños en los paseos y bajo la acogedora. sombra de los árboles, junto a las fuentes de agua cristalina -, tengáis vosotras esas mezquitas blancas y esas bellas casas pintadas de blanco en las que haya jardines y lugares acogedores de distracción para vuestros juegos infantiles.
De esta manera volveréis a disfrutar de la civilización que en otros tiempos tuvieron vuestros antepasados. Para que así sea, haremos todo lo que precise con una íntima satisfacción y poniendo en ellos nuestros más cuidadosos afanes, orientados en nuestro deseo de devolveros aquella cultura.
Estimo que vosotras sois las que mejor podéis ofrecernos una colaboración sincera en esta obra, colaboración que ha de consistir en que pongáis el máximo entusiasmo en vuestros trabajos y el afán por adquirir las perfecciones de que nosotros queremos rodearos. Y siendo así nos felicitaremos de que, dentro del recato natural de la muchacha mora, que todo lo guarda para el hogar, tengáis todo cuanto los hombres y las mujeres puedan apetecer en el mundo civilizado como regalo para su vida.
Recibid mi bienvenida cordial y yo os ruego que al regresar a Marruecos seáis portadoras del más cordial saludo que para el pueblo marroquí os dedico, reflejando el auténtico sentir de España entera hacia sus hermanos que saben mostrar de tan magnífica manera como lo están haciendo en los frentes, su amor a nuestra Patria y su espíritu íntimamente identificado por los altos ideales de nuestra guerra salvadora.
CONCLUSIÓN
Las palabras dirigidas por Franco a las niñas musulmanas en agosto de 1938 forman parte de la escenografía política y simbólica que el bando nacional desarrolló durante la Guerra Civil para reforzar la legitimidad de su causa y proyectar una imagen de unidad entre España y los territorios bajo su influencia colonial.
Desde una perspectiva histórica, este documento ilustra el lenguaje paternalista y la retórica civilizadora empleada por el régimen franquista en relación con Marruecos, así como la utilización de actos públicos con menores para transmitir mensajes políticos y emocionales. Analizado hoy, el texto contribuye a comprender las relaciones entre España y el Protectorado marroquí en el contexto de la guerra y los fundamentos ideológicos del franquismo en sus primeros años.
