Mi respetado general:
Vivamente agradecí su cariñosa carta y me es grato significarle la satisfacción con la que recibí al propio tiempo que le reitero las más calurosas felicitaciones por la victoria fi nal de las gloriosas tropas de su mando.
Conociendo sus dotes personales nunca dudé acerca del triunfo definitivo salvo complicaciones internacionales tan temidas, que afortunadamente se evitaron.
Ahora empieza la segunda campaña, para la cual se necesita que todos se agrupen en su magna labor regeneradora y patriótica; el carácter exageradamente individualista de muchos españoles dificultará en cierto modo esa unión, pero abrigo la firme esperanza de que la verá lograda.
Y ahora, mi General, creyéndome autorizado para ello por haber sido jefe nato de la Real y Militar Orden de San Fernando, permítame le exprese cuán dichoso me consideraría si recogiendo el común sentir y justificado anhelo del glorioso ejército de Tierra, Mar y Aire español y de todos los buenos compatriotas viéramos sobre su pecho esa inquieta y heroica condecoración jamás tan bien otorgada al caudillo que tan brillantemente salvó a España y la llevó a la victoria.
