INTRODUCCIÓN
Aparicio López Juan fue una de las figuras intelectuales y periodísticas más influyentes del falangismo y del aparato cultural del régimen franquista. Formado en Filosofía, Letras y Derecho, su trayectoria refleja la evolución ideológica de una generación que pasó del radicalismo revolucionario de entreguerras a la institucionalización política tras la Guerra Civil. Su labor en la prensa, la propaganda y la formación de periodistas marcó profundamente el panorama mediático español del siglo XX.
Aparicio López, Juan. Guadix (Granada), 29.VII.1906 – Madrid, 17.IV.1987. Político y periodista.
Estudia Filosofía y Letras y Derecho en Granada.
Desde 1927 colabora en La Gaceta Literaria. En 1928 traslada su residencia a Madrid.
En su primera juventud está en posiciones cercanas al comunismo, pero en 1931 conoce a Ramiro Ledesma y participa con él en la fundación del semanario filofascista La conquista del Estado, en el que actúa como secretario de redacción y donde colabora hasta su cierre, a finales de 1931. Es, también con Ledesma, fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), y uno de los elementos intelectualmente más valiosos del jonsismo. Se le atribuye haber propuesto la adopción del yugo y las flechas como emblema de la organización.
En 1932 comienza a colaborar en El Sol, y en junio de 1933, en Informaciones. Por esas fechas, colabora junto a Ramiro Ledesma en el malogrado periódico El Fascio, como miembro del consejo de redacción. En febrero de 1934, tras la fusión política de las JONS con la recientemente constituida Falange Española, se integra en la nueva formación, donde recala por poco tiempo. Enfrentado a la línea política de José Antonio Primo de Rivera, la abandona definitivamente en enero de 1935, acompañando a Ledesma. Es por entonces cuando entra a colaborar como profesor en la Escuela de Periodismo de El Debate y en el diario Ya como editorialista de política internacional. En los meses siguientes su actividad política es escasa.
Triunfante el levantamiento del 18 de julio de 1936, que le sorprende durante su viaje de bodas, se refugia en Salamanca y se pone a las órdenes de Millán Astray y de Giménez Caballero, responsables de la Sección de Prensa y Propaganda del Cuartel General del Generalísimo desde su constitución el 1 de octubre de 1936. En esas fechas, se hace cargo de la dirección de La Gaceta Regional de Salamanca. Tras la unificación franquista, que asume sin repugnancia, es consejero nacional de la nueva Falange Española Tradicionalista, el partido único del régimen. Después de la Guerra, entre 1941 y 1946, es director general de Prensa, cargo que aprovecha para fundar y dirigir la primera Escuela Oficial de Periodismo española (17 de noviembre de 1941), así como buen número de publicaciones de temas diversos (El Español, Así Es, La Estafeta Literaria, Fantasía, La Gaceta de la Prensa Española, Fénix y Memoranda y Documenta).
En 1946, abandona el cargo y pasa a dirigir el diario Pueblo, pero en 1951 se le nombra de nuevo director general de Prensa, cargo que desempeña hasta 1957, año en que se le destina a la Embajada de España en Roma en calidad de consejero de información.
En 1958, ya de regreso en España, se integra como profesor en la Escuela de Periodismo que él mismo había fundado años atrás. En 1968, aparece todavía como cofundador del diario falangista SP, de contenido muy crítico con los derroteros políticos del régimen de Franco en esas fechas. Desde 1976, figura como colaborador habitual del diario ultraderechista El Alcázar, pero apartado de cualquier militancia política concreta.
CONCLUSIÓN
La figura de Aparicio López Juan sintetiza el recorrido de un intelectual comprometido con los movimientos nacionalsindicalistas desde sus orígenes hasta su integración en las estructuras del Estado franquista. Director general de Prensa en dos etapas, impulsor de la Escuela Oficial de Periodismo y colaborador habitual de distintos medios hasta los años finales del régimen, su legado se sitúa en la intersección entre ideología, propaganda y periodismo. Aun apartado de la militancia activa en sus últimos años, su influencia en la prensa española fue duradera y significativa.
