INTRODUCCIÓN
En mayo de 1949, durante una visita oficial de Franco a Tarragona, se produjo una escena que quedaría inmortalizada en una fotografía cargada de simbolismo. Una mujer logró romper el cordón de seguridad y entregarle una carta en mano a Franco, en un acto que durante décadas fue interpretado como un gesto político vinculado a la represión franquista. Sin embargo, el paso del tiempo y nuevas investigaciones han revelado una historia muy distinta, alejada del relato inicialmente difundido y más cercana a un drama personal marcado por la injusticia y la desesperación.
Son las 6 de la tarde del martes 31 de mayo de 1949. Franco llega a la Plaça de la Font, entonces Plaza de José Antonio. Es su primera visita oficial a la ciudad tras el final de la Guerra Civil. Le espera una sorpresa, fruto de la desesperación de una mujer. A las 9.45 de la mañana, el Generalísimo ha atracado en el Port a bordo del ‘Méndez Núñez’. Inmediatamente después ha subido a un automóvil en dirección a Sant Carles de la Ràpita «en medio de las delirantes ovaciones del público» congregado en el Moll de Llevant, según proclama la prensa de la época.
Franco se detiene en La Ràpita –donde entrega títulos de propiedad a 218 agricultores del Delta–; Tortosa –firma en el libro de honor del consistorio–; Flix –inaugura una fábrica– y Reus –visita el Ayuntamiento– antes de volver a Tarragona, donde apenas pasa media hora antes de volver a embarcarse rumbo a Barcelona. Una media hora suficiente para que Carme Rovira, una cambrilense, se salte el cordón de seguridad, burle a los escoltas y se acerque a Franco, ante la alarma de dos policías y la sorpresa de las autoridades.
Hermenegild Vallvé, un fotoperiodista, lo capta el momento. La foto –que ilustra esta página– lo dice todo: la agilidad de Carme, su grito llamando a Franco, la intervención policial y Franco hace un gesto apaciguador para que dejen que la mujer se le acerque. Rovira logra darle la misiva a Franco.
Siempre se había creído que la foto era la de la mujer de un preso republicano que imploraba clemencia. De hecho, está colgada en varias webs sobre esposas de presos republicanos como ‘todoslosrostros.blogspot.com.es’ donde se puede leer bajo la foto: «Ni los sacerdotes, ni los carlistas, ni los falangistas, ni los militares, ni los policías, ni la guardia mora ni el mismísimo Franco arredran a esta mujer de un preso republicano antifranquista que trata de entregar al Dictador una carta a favor de su marido».
La imagen es extraordinaria. Refleja el valor de la mujer de un preso, sí, pero no es un asunto político. Así lo reveló el periodista Joaquim Roglan en un artículo publicado en La Vanguardia el 13 de junio de 1996.
Roglan averiguó que el supuesto preso político era en realidad el contable de la lonja de pescadores de Cambrils, Manuel Piqué. Roglan habló con Montserrat Rovira, hermana de Carme y cuñada de Manuel. Carme había fallecido ya y Manuel, que entonces tenía 86 años, no quería recordar la triste historia.
Según contó Montserrat, su padre dimitió como presidente de la lonja de pescadores, pero su yerno permaneció como contable. Y ahí vino el problema: «Cuando mi padre dimitió, alguien de la nueva junta quiso sacarse a mi cuñado de encima y le tendió una trampa: le retiraron la caja fuerte y le ordenaron que guardara el dinero en un armario sin llave. Al poco tiempo empezaron a no cuadrar las cuentas, pero mi cuñado no decía nada porque era muy tímido y temía que lo despidieran».
Manuel fue finalmente denunciado por robo y abuso de confianza. Manuel fue detenido y encarcelado, justo la víspera de la llegada de Franco, sin poder buscar un abogado. Carme redactó una carta explicando su versión de los hechos y aprovechó la visita de Franco –la primera de las cinco que realizó a la ciudad– para entregarle la carta.
La magnanimidad franquista
El arrojo de Carme tuvo éxito. Al día siguiente, Manuel quedó libre y regresó a casa. En 1952, Manuel fue absuelto en un juicio. Roglan recordaba ayer «la emoción de la familia al narrar los hechos».
Montserrat rechazaba en la entrevista con Roglan toda connotación política: «Mi familia ni era franquista ni era roja. Mi familia era y es gente trabajadora y honrada (…) Nadie quería remover esta historia, pero es hora de que se sepa la verdad». Sabida queda. Esta es la historia de una foto que ha pasado a la historia.
CONCLUSIÓN
Este episodio demuestra cómo una imagen puede construir relatos que perduran durante décadas, incluso cuando no se ajustan completamente a la realidad. La historia de Carme Rovira no fue la de una reivindicación política, sino la de una mujer que luchó por la libertad de su marido en un contexto adverso. Su valentía logró un desenlace favorable, pero también dejó una fotografía abierta a interpretaciones que el tiempo se ha encargado de matizar. En última instancia, este caso invita a reflexionar sobre la importancia de contrastar las historias y comprender el contexto humano que hay detrás de los hechos históricos.

Para todo marxista -socialista o comunista- la mentira es un ara revolucionaria.
Y sobre mentiras como esta, repetidas una y mi veces, pretenden ganar la batalla de las almas.
Por eso resulta tan imprescindible luchar para que la verdad prevalezca sobre la mentira revolucionaria.