La riqueza tiene como primer destino —y así la afirmará nuestro Estado— mejorar las condiciones de vida de cuantos integran el pueblo. No es tolerable que masas enormes vivan miserablemente, mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos.
Este Punto 12 afirma el camino de la justicia social que se propone hacer la Falange.
«La riqueza tiene como primer destino mejorar las condiciones de vida de cuantos integran el pueblo.» Es decir, la Falange no le asigna a la riqueza el destino de conseguir más riqueza ni de que vivan mejor los que ya tienen dinero, sino de elevar la vida de aquellos que integran el pueblo. De los que por el motivo que sea no están del todo atendidos por la fortuna, vivan con más decoro, en casas higiénicas, con la suficiente holgura para que no se vean precisados a negarles a sus hijos parte del sustento, ni una cultura que pueda abrirles más tarde un camino en la vida. Que no carezcan en caso de enfermedad de la asistencia y remedios indispensables y que aún les sobre algo para nobles esparcimientos.
Porque como dice este Punto: «no es tolerable que masas enormes vivan miserablemente, mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos». Esto está suficientemente claro para que necesite de explicación.
Si la Falange se lanzó a la calle con grito de rebeldía y de dolor fue por estas tres cosas: la Patria, el Pan y la Justicia. La Patria que se nos deshacía en separatismos locales, y el Pan y la Justicia que les faltaba a cientos miles de españoles.
No creáis que la Falange salió al mundo en busca de privilegios para ella; sus hombres, desde el primer momento, se unieron a la muerte, a la persecución y a la lucha, para remediar de arriba abajo aquellas injusticias sociales que ni los marxistas con sus halagos al pueblo, ni las derechas con su generosidad humillante, habían podido remediar.
Y es que ni a los marxistas ni a las derechas les importaba para nada el pueblo. Se servían de él, halagándolo con mentiras, porque necesitaba el número de sus votos para ganar unas elecciones. La única que sin demagogias se unió a sus fatigas y pidió justicia para él, fué la Falange, que, voluntariamente, vivió como el pueblo, sin hogar, sin pan y sin lumbre. Y así seguirá inquieta y rebelde, hasta conseguir por entero la justicia social. Porque aunque algunos falangistas con su conducta y su modo de vida parece que se han olvidado de para qué nació la Falange, eso no quiere decir que la doctrina haya variado. La doctrina es la misma y las consignas son las mismas, enseñadas a viva voz por JOSE ANTONIO, y la Falange las llevará a término arrasando todo lo que se oponga a su paso, incluso a esos falangistas fáciles de contentar que no piensan en el horror que supone para algunas familias el problema del sustento diario.
Esto es tan importante, que aunque la Falange consiguiera todos sus objetivos, si en éste fracasa es como si no hubiera conseguido absolutamente nada, porque todo es secundario ante el problema de la vida de los hombres.
