El Estado reconocerá la propiedad privada como medio lícito para el cumplimiento de los fines individuales, familiares y sociales, y la protegerá contra los abusos del gran capital financiero, de los especuladores y de los prestamistas.
La propiedad privada no es negada por nosotros. Nosotros creemos que es mejor que un hombre pueda poseer las cosas y hasta que pueda heredarlas, recibirlas de sus padres.
Esta afirmación nuestra del derecho de propiedad está hecha frente a las tendencias marxistas, anarquistas, etc., que piensan que nadie puede poseer nada; que la tierra, los instrumentos de trabajo, los alimentos, etc., deben ser comunes, como lo son el aire y el agua. Según estas teorías, no habría ricos ni pobres, ni la herencia influiría en la situación de cada individuo en la sociedad.
Hace unos cien años que estas tendencias contra la propiedad fueron alcanzando gran predominio en Europa y con ellas se criticó duramente el derecho de propiedad, el dominio de un determinado hombre sobre unas cosas determinadas.
Antes de la revolución bolchevique en Rusia pudo hasta parecer deseable esa utopía, este sueño de la supresión de la propiedad privada. Con o sin Estado propietario, podía pensarse en una sociedad perfecta en la que la propiedad común eliminara las injusticias de la propiedad individual. Pero la realidad nos ha demostrado que estas injusticias de la propiedad individual aumentan cuando es el Estado el único propietario, cuando todos los hombres trabajan para el Estado —o mejor dicho, trabajan en beneficio de una privilegiada burocracia de funcionarios del Estado bolchevique—. En cuanto a una propiedad comunal sin Estado, no ha sido nunca más que una idea, un deseo de volver a un paraíso imposible.
Nosotros, por todo eso, admitimos la propiedad individual. Nada puede sustituir al interés y al estímulo que la propiedad representa, puesto que lo que más le preocupa a cada cual es lo suyo. Por cuanto es «medio lícito», legítimo y conveniente para cumplir los fines del individuo, de la familia y de la sociedad, merece ser protegida y defendida, no sólo de los asaltos por el lado de los rojos, sino también de las asechanzas por parte de los especuladores, los grandes capitalistas y los usureros.
Pues conviene detener esa tendencia del capitalismo moderno que marcha a concentrar la propiedad en unas pocas manos, a crear unos pocos multimillonarios a costa del empobrecimiento general.
No es, por consiguiente, conservador este Punto 13, pues nosotros mantenemos la legitimidad de una propiedad humana, proporcionada, que sea medio e instrumento, no fin absorbente. Y mantenemos esta propiedad contra los que la niegan y contra los que pretenden concentrar este derecho humano en unas pocas manos.
Si la declaración liberal de los derechos del hombre comprendía entre estos derechos el de la propiedad, nuestros Puntos no dejan el camino libre a los especuladores y grandes financieros, ante los que el Estado liberal se cruzaba de brazos o se ponía a su servicio, sino que exigen en beneficio de todos [la] defensa del derecho humano a poseer.
