Francisco Franco y la liberación del Alcázar de Toledo en septiembre de 1936, uno de los episodios más simbólicos de la Guerra Civil española.
La liberación del Alcázar de Toledo, en septiembre de 1936, se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos de la Guerra Civil española y en un acontecimiento de enorme valor propagandístico para el bando sublevado. La decisión de Franco de desviar sus tropas hacia Toledo, en lugar de continuar el avance directo sobre Madrid, sigue siendo objeto de debate entre historiadores por sus implicaciones militares y políticas.
En el texto que se reproduce a continuación, se recoge una explicación atribuida a Francisco Franco sobre aquella decisión y sus consecuencias. En su relato, el propio Franco reconoce que la conquista de Toledo obligó a desviar fuerzas del frente madrileño y concedió al adversario un tiempo decisivo para organizar la resistencia, recibir ayuda extranjera y reforzar sus posiciones. Sin embargo, también presenta la operación como una decisión vinculada a la importancia política y simbólica del Alcázar.
El interés de estas declaraciones reside en la tensión entre los objetivos militares y el significado político de la operación. La liberación del Alcázar se convirtió en un símbolo para los sublevados, pero el retraso en la aproximación a Madrid abrió un debate sobre el coste estratégico de aquella decisión. Analizar este testimonio permite acercarse a la manera en que Franco justificó una de las decisiones más discutidas de los primeros meses de la contienda.
Las declaraciones son las siguientes:
«Nosotros cometimos a propósito un error militar con la toma de Toledo, lo que nos obligó a desviar las fuerzas emplazadas en el frente de Madrid. Pero la conquista de Toledo representaba para nosotros la solución de un caso político, pues los gubernamentales habían convertido a Toledo en un reducto que consideraban invencible. Así nos desviamos de las posiciones ocupadas que permitían entonces apoderarnos de Madrid. Un mes transcurrió en la toma de Toledo y la aproximación a Madrid, tiempo suficiente para que los gubernamentales prepararan la resistencia, afluyendo a Madrid millares de extranjeros, rusos, franceses, alemanes, italianos, belgas, checoslovacos, escandinavos, y grandes stocks de material de guerra. El aspecto de la lucha varió: se transformó en una revolución armada y dirigida por agentes soviéticos, dentro de una ciudad abierta donde cada casa era una trinchera. En esta forma sólo podríamos conquistar Madrid bombardeándola con artillería y aviación, destruyéndola; pero esto, como español, no podía ni puedo permitirlo».
Lo cierto es que, a partir de la conquista de Toledo, la actividad en los frentes de Madrid queda de hecho paralizada y, por lo tanto, detenido voluntariamente el avance de las fuerzas nacionales. Hay sobrados testimonios de que el Ejército del Gobierno había llegado a un punto crítico de desmoralización y de desorden, lo que no podían contradecir algunos contraataques esporádicos y sin convicción,
