INTRODUCCIÓN
El callejero de una ciudad es mucho más que un conjunto de nombres para orientarse. Constituye también un reflejo de la historia, de la política y de las transformaciones sociales que han marcado cada época. Las denominaciones de calles, plazas y avenidas suelen ser el resultado de decisiones institucionales que buscan representar valores, personajes o acontecimientos considerados relevantes por la sociedad de su tiempo.
En el caso de Vitoria, la evolución de su nomenclátor presenta una particularidad que la diferencia de otras ciudades españolas. Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, el consistorio presidido por Rafael Santaolalla optó por una política relativamente conservadora en materia de denominaciones urbanas: en lugar de introducir un nuevo callejero plenamente alineado con la denominada “Nueva España”, se decidió recuperar en gran medida los nombres previos a la Segunda República. Esta decisión pretendía evitar un uso excesivamente partidista del espacio público y devolver estabilidad a las denominaciones tradicionales.
Sin embargo, las tensiones políticas y sociales del momento no tardaron en trasladarse también al ámbito del callejero. Cambios impulsados por organizaciones políticas, rectificaciones municipales y posteriores modificaciones durante la Transición y la etapa autonómica han ido transformando el nomenclátor vitoriano. En la actualidad, el debate vuelve a reactivarse con la aplicación de la Ley de Memoria Democrática, que obliga a revisar símbolos y denominaciones asociadas a la dictadura franquista.
El análisis del callejero de Vitoria permite comprender cómo la memoria histórica, la política municipal y la identidad urbana se entrelazan en un espacio tan cotidiano como las calles por las que transitan los ciudadanos.
A diferencia de otras ciudades, en las que las alcaldías nacionales que sucedieron a las segundorrepublicanas, modificaron el nomenclator para que fuera acorde a la Nueva España, el nuevo consistorio vitoriano, presidido por Rafael Santaolalla, optó por recuperar las denominaciones previas a la Segunda República, con apenas modificaciones.
Esto no gustó a los requetés y falangistas que, a los pocos días del Alzamiento, comenzaron a retirar y sustituir por su cuenta los letreros de aquellas calles que, a su juicio, no encajaban con los ideales de la Cruzada. Así, el 23 de julio de 1936, Santaolalla hizo público un bando en el que instaba «a los vitorianos abstenerse de cualquier impulso» porque «no puede la iniciativa privada realizar actos en la vía pública, deteriorando placas, emblemas, ni imponiendo o forzando símbolos. Así, Santaolalla advirtió de que los que faltaren a este bando recibirán, con harto sentimiento de esta alcaldía, la correspondiente sanción».
El 26 de agosto de 1936 el ayuntamiento vitoriano hizo público el nomenclator oficial de la ciudad que no presentó ninguna nueva designación y se circunscribió a recuperar el callejero previo a la Segunda República.
Como explicó el propio alcalde en el bando, «se ha abusado en estos últimos tiempos de cambiar los antiguos nombres de las calles introduciendo confusiones y llevando a las denominaciones un espíritu de sectarismo impropio de la función encomendada al municipio, para rectificar lo cual y en el deseo de confirmar los nombres que fundamentalmente dieron anteriores ayuntamientos, la Comisión de Padrón que suscribe tiene el honor de proponer a Vuestra Excelencia se restablezcan las antiguas denominaciones de calles».
En los casos concretos de aquellas calles cuyos nombres eran de personas u organizaciones segundorrepublicanas, el consistorio de Vitoria decidió «resignar nuevas vías con nombres de provincias limítrofres» como Guipúzcoa, Navarra o Vizcaya.
En la actualidad, Vitoria puede que sea una de las ciudades de España que más calles «franquistas» conserva:
– José Lejarreta: fue alcalde durante el franquismo. Se le conoció como «el alcalde los blusas» por recuperar la tradición de las comparsas de blusas en la fiesta de la Virgen Blanca. De hecho, cada 25 de julio, sigue siendo homenajeado. Aunque algún grupo de extrema izquierda solicitó eliminar su presencia en el callejero, todavía sigue vigente la calle con su nombre.
– Vicente Abreu: fue un pintor vitoriano de reconocida filiación franquista, militar y presidente de la Diputación Foral de Álava en la década de los 40 del siglo pasado. Alegando su importancia artística, el consistorio vitoriano se ha negado hasta la fecha en eliminar su calle.
– Obispos Ballester y Bueno Monreal: a pesar de apoyar el Alzamiento del 18 de julio y a la España nacional, siguen presentes en el callejero de Vitoria. Los plenos municipales, por el momento, se han negado a las peticiones de eliminar su presencia en el nomenclator de la ciudad.
– Luis María Uriarte: fue un historiador alavés especializado en el Fuero de Ayala. Considerado simpatizante de la España nacional, recibió una calle en 1973 por sus trabajos en el estudio de la foralidad alavesa. Su calle sigue presente.
– Pedro Orbea: industrial de una empresa de cartuchos, presidente del Alavés y reconocido franquista, sigue manteniendo su calle en Vitoria.
– Paso del Duende: Norberto Mendoza fue un periodista consevardor que escribía en El Pensamiento Alavés con el seudónimo de El Duende del Campillo. Sus artículos se hicieron muy populares entre los vitorianos por lo que se decidió dar su nombre a una pasarela muy transitada en el centro de la ciudad. El paso, que todavía existe, mantiene esta denominación.
– Pedro Asúa: sacerdote y arquitecto español nacido en Balmaseda (Vizcaya), fue el arquitecto que desarrolló el Seminario Diocesano de Vitoria. Partidario de la España nacional, fue asesinado por milicianos segundorrepublicanos en agosto de 1936 en el monte Candina de Liendo (Cantabria). Sigue existiendo su calle en Vitoria.
– Plaza del General Loma: el General alavés José María de Loma tomó parte en el bando isabelino durante las guerras carlistas. El 18 de junio de 1999, el pleno municipal decidió cambiar la plaza en su nombre por el de Lehendakari José Antonio. El 19 de junio de ese mismo año, el pleno rectificó su decisión y la plaza recuperó su antigua denominación.
¿Cuáles son los puntos que molestan al consistorio vitoriano?
La plaza de España de Vitoria. «El nombre, obviamente, no tiene nada de franquista. España es un término completamente neutro», explica López de Maturana. «Sin embargo, en 1936, al tomarse la decisión de llamar así a la anterior plaza de la República, el grupo de ciudadanos que propuso el nombre los justificó como «un homenaje a nuestra España tan ultrajada»».
La Paz. La céntrica arteria vitoriana ni aparece en el catálogo de términos ni supone exaltación alguna. En cambio, «en Barakaldo y en Portugalete hemos encontrado dos barrios que se llaman La Paz y que sí recogemos. Sus nombres se deben a los ’25 años de gloriosa paz’ que disfrutaba el país gracias al caudillo».
En el callejero de la capital alavesa existen «al menos» nueve denominaciones relacionadas con la dictadura, dos escudos preconstitucionales -en la catedral nueva y en el edificio del Gobierno Civil- y una cruz, la del monte Olárizu, erigida en 1951 por la Santa Misión y en la que se recuerda, entre otros, a sacerdotes asesinados en el transcurso de la contienda, como Pedro Asúa.
¿Ramiro de Maeztu tiene una calle por escritor, por político o por vitoriano? Lo mismo ocurre con los viales dedicados a alcaldes preconstitucionales.
Luego está la calle dedicada a Julita Berrojalbiz que pueden ver su biografía en el apartado de Vizcaya y si yo fuera “ellos” en vez de quitarle la calle le daría una Avenida. En fin…
- Tras la Guerra Civil, la autoridad aeroportuaria decidió denominar al aeródromo vitoriano como General Mola, en homenaje a uno de los militares que planificaron el Alzamiento nacional y que falleció en un accidente de aviación en 1937 en la localidad burgalesa de Alcocero de Mola. Durante la Transición, se decidió renombrar al aeropuerto con el nombre de la ciudad.
- El pleno municipal decidió modificar el nombre de la Avenida del Generalísimo por el de Gasteiz, denominación en euskera de Vitoria.
- El pleno municipal decidió modificar el nombre de la calle Calvo Sotelo por el de Francia. José Calvo Sotelo fue un abogado, ministro durante el gobierno de Miguel Primo de Rivera y diputado de Renovación Española asesinado por elementos de la Guardia de Asalto en vísperas de la Guerra Civil.
- El pleno municipal de Vitoria decidió modificar el nombre la Calle de José Antonio, en homenaje al fundador de Falange Española asesinado por los segundorrepublicanos en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936, por el de Calle Prado.
- El 5 de mayo de 1965, el consistorio vitoriano decidió dedicar una calle a la División Azul de voluntarios que combatió contra la Rusia soviética durante la Segunda Guerra Mundial. El 31 de julio de 1979, el nuevo consistorio decidió renombrar la calle como Angulema, ciudad francesa con la que tenía un hermanamiento.
- El primer ayuntamiento vitoriano salido tras la Transición decidió eliminar el nombre de la calle Luis Orgaz por el de Correría. Luis Orgaz Yoldi fue un militar vitoriano, jefe del Alto Estado Mayor, que participó en la Cruzada. Tras la guerra, conspiró contra el Generalísimo en favor del pretendiente Juan de Borbón.
- Tras la aprobación del Estatuto de Guernica, por el que se concedía la autonomía a Vascongadas, el pleno del consistorio alavés decidió renombrar la calle Marqués de Estella por Estatuto de Gernika. En esa calle se erigió un monumento a los caídos. Curiosamente, fue derribado en 1963.
- El pleno municipal decidió modificar el nombre de la Calle de José Antonio, denominada así en homenaje al fundador de Falange Española, asesinado el 20 de noviembre de 1936 por elementos segundorrepublicanos, por el de Calle Prado.
- El pleno municipal de Vitoria decidió modificar el nombre del Paseo del Cuarto de Hora (que durante la Segunda República recibió el nombre de Pi y Margall) por el de Paseo de la Universidad.
- El pleno municipal decidió modificar el nombre de la Plaza del Generalísimo por el de Constitución.
- El pleno municipal decidió «renombrar» en euskera (por el neologismo Legutiano) el nombre de Portal de Villarreal para evitar «connotaciones franquistas» ya que en esa localidad alavesa tuvo lugar una dura batalla entre tropas nacionales y segundorrepublicanas en el invierno de 1936/1937.
CONCLUSIÓN
El debate sobre el callejero de Vitoria refleja una realidad común a muchas ciudades españolas: los nombres de las calles no son elementos neutros, sino símbolos que condensan memoria histórica, identidad colectiva y decisiones políticas tomadas en distintos momentos del tiempo.
Desde la recuperación de denominaciones tradicionales tras el inicio de la Guerra Civil hasta las sucesivas modificaciones realizadas durante la Transición, la autonomía vasca y la actualidad, el nomenclátor vitoriano ha experimentado múltiples ajustes que responden a contextos políticos cambiantes. La aplicación de la Ley de Memoria Democrática añade un nuevo capítulo a este proceso, reabriendo la discusión sobre qué personajes, hechos históricos o valores deben estar representados en el espacio público.
Sin embargo, el caso de Vitoria demuestra que el callejero es también un reflejo de la complejidad histórica de una ciudad. Muchas denominaciones mantienen significados múltiples —históricos, culturales o biográficos— que no siempre pueden reducirse a una única interpretación política.
Por ello, el debate sobre los nombres de las calles no solo implica revisar el pasado, sino también reflexionar sobre cómo una sociedad decide recordar su historia. Entre la conservación del legado histórico y la reinterpretación de los símbolos públicos, el callejero continúa siendo un escenario donde se proyectan las distintas formas de entender la memoria colectiva.
