Esta ficha reproduce el texto original dedicado a la “lucha de clases” en manuales escolares del franquismo, acompañado de una imagen alegórica de estética vintage y un análisis contextual para su comprensión histórica.
LA LUCHA DE CLASES
Hace algunos años, unos hombres que se decían defensores y redentores de los obreros, les hicieron creer a éstos que sus enemigos eran los que les daban trabajo, es decir, los empresarios y los patronos. Algunos obreros, sencillos y crédulos, prestaron oído a esas falsas predicaciones y se organizaron para luchar contra los que aportaban el capital a los negocios.
Entonces desencadenaron la llamada lucha de clases, por la cual se llegaba al disparate de destrozarse aquellos mismos que debieran armonizarse para bien de la producción y de España, que necesita el concurso de todos.
La lucha de clases es la destrucción de todos los ideales cristianos de paz, orden y trabajo.
Cualquiera comprende que con la lucha permanente de unos hombres contra otros no se conseguiría sino retroceder a la barbarie. Los obreros luchaban contra los patronos; los patronos tenían que defenderse contra los obreros. Cuando los obreros se consideraban fuertes, apelaban a la huelga, o sea al abandono voluntario del trabajo. Y cuando los fuertes eran los patronos, apelaban al cierre de las fábricas y talleres.
Hoy el Estado español prohíbe las dos cosas: el cierre y la huelga, y ordena imperativamente: ¡A trabajar todo el mundo!
(Texto complementario de la página derecha)
No se necesita mucho talento para comprender que cuando la mitad de un pueblo lucha contra la otra mitad, la nación va a la ruina. Predicar la lucha de unos hombres contra otros es un crimen. Yo, en lo poco que me sea dado hacer, predicaré la paz, la fraternidad, el amor. Creo que son las tres cosas que unen a los hombres.

