ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO
Derecho al trabajo
El hombre ha venido al mundo para trabajar. «Ganarás el pan con el sudor de tu frente», dijo Dios a nuestro padre Adán; por eso ha dado Dios a los hombres músculos, inteligencia, fuerzas y ánimos.
En la Parábola de los talentos fue castigado el hombre que después de recibirlos, los enterró para que no se perdiesen; pero los talentos se nos han dado, no para enterrarlos, sino para ponerlos en actividad.
Por otra parte, el hombre tiene la obligación de vivir, y como sólo se vive trabajando, deducimos que el hombre tiene derecho a trabajar, para sí y para su familia.
El derecho al trabajo es esencial al hombre, pues sin trabajo no se vive.
El Estado español se preocupa de que todo hombre pueda trabajar, para que no falte en ningún hogar el pan y la lumbre.
España está multiplicando sus actividades para que haya trabajo para todo el mundo y así se cumpla ese derecho que todo hombre tiene de dar satisfacción a sus fuerzas productoras y lucrarse legítimamente con el fruto de su trabajo. En España no se perderá jamás el esfuerzo de que cada ciudadano sea capaz.
Yo me preparo para ser mañana un trabajador de la nación española, y tengo la seguridad de que el trabajo útil que yo pueda desarrollar será debidamente acogido, reconocido y empleado. De este modo tendrá satisfacción mi derecho al trabajo, como el de todo ciudadano español.
El deber de trabajar
El trabajo es un derecho, pero también es un deber. Pues si el trabajo es un derecho y luego no lo ejercitamos, es como si no lo tuviéramos.
Todo el mundo tiene la obligación de trabajar, y quien pudiendo hacerlo no lo hace, merece el destierro a un lugar donde los hombres no se avergüencen de ser vagos.
La sociedad subsiste por el trabajo de todos los ciudadanos: unos siembran, otros mueven una máquina, otros estudian y otros defienden a la Patria. ¿Por qué trabajan todos? Porque su trabajo es necesario; porque si no lo hicieran, la sociedad perecería en la miseria, en el abandono y en la degradación.
El deber de trabajar es el primero que el hombre ha de imponerse a sí mismo.
Algunos creen que sólo es trabajo el que se realiza con los brazos, lo que propiamente se llama trabajo de fuerza. Pero también existe el trabajo intelectual, que es el que desempeña la mente, y aun el del corazón, que es el esfuerzo de la voluntad y el sentimiento para impulsar a los hombres hacia el bien. Con esto queremos decir que el trabajo adopta diversas formas y que todas ellas son necesarias para la armonía social.
Reconozco mi deber de emplear como instrumentos de trabajo las potencias que Dios me ha dado. Puesto que Dios me las ha dado, tengo la obligación de ponerlas en ejercicio. Solamente el que trabaja tiene el derecho de presentarse en público con la frente alta.

