LA HISPANIDAD
Nuestros Reyes Católicos, Fernando e Isabel, supieron un día que más allá de nuestros confines, hacia el Oeste, había tierras desconocidas en que los hombres vivían en estado salvaje y no conocían al verdadero Dios. Y a ellas enviaron navíos con colonizadores y misioneros, para que ensancharan los dominios de España, predicaran la fe de Cristo y bautizaran a los nuevos catecúmenos.
Así nació la Hispanidad.
Pronto en los pueblos americanos y oceánicos se levantaron templos cristianos; se fundaron universidades y escuelas; se llevaron nuestros cultivos y ganados y se habló el castellano.
La Hispanidad es un lote que nos ha impuesto el destino y al que no podemos renunciar.
Nuestro imperio espiritual es la Hispanidad. Allí donde las gentes hablen en castellano y tengan nuestra estirpe latina, y nuestras creencias y nuestras costumbres, allí está lo hispánico, sea en donde sea, entre negros, aceitunados o cobrizados. Allí está el genio de España, dando vida a pueblos, regiones y continentes. Esos pueblos se emanciparon, como se emancipan los hijos cuando llegan a la mayoría de edad, pero no olvidan a España, su Madre.
Hispania, mater mundi! ¡España, madre de mundos!
Texto lateral (promesa):
Soy español y tengo hermanos al otro lado de los mares. ¿Por qué son hermanos? Porque son semejantes a mí en religión, idioma y sangre. Prometo estudiar los pueblos hispánicos como una prolongación de la Historia de España; prometo conocerlos para amarlos entrañablemente.

