La mayoría de los diarios nacionales dedicaron ayer una edición extraordinaria, y, desde luego, la totalidad prolongó el funcionamiento de sus rotativas para ofrecer la noticia del fallecimiento del Jefe del Estado, coincidiendo, a gran tamaño tipográfico, con el “Franco ha muerto” en la cabecera de sus portadas. Del parcial contenido de sus respectivos editoriales hacemos único tema de esta página en la que está siempre la opinión ajena, aunque en esta ocasión resulte una opinión compartida, unánime.
«Ya»
“El hueco que deja Francisco Franco en la vida española y el espacio que pasa a ocupar en la historia es tan grande, que cualquier superlativo no haría más que empequeñecerlo. Ha muerto el Jefe de un Estado; pero, sobre todo, el fundador de un Estado y de una era histórica a la que con toda justicia se ha dado su nombre y que con él termina”, dice hoy el diario “Ya” en un editorial referente al fallecimiento del Jefe del Estado y que titula “En la muerte de Francisco Franco”.
“La tarea que ahora espera al Príncipe de España –dice más adelante el citado rotativo-, sucesor de Francisco Franco a título de rey, es presidir la edificación del sistema representativo que debe completar al sistema de poder.”
“Para esa labor –prosigue-, que debe ser la clave de su reinado, don Juan Carlos de Borbón, tiene derecho a contar con la adhesión fervorosa de todos. Sin exclusivismos, pues precisamente se trata de acoger a todos con las peculiaridades que impone el pluralismo de nuestra sociedad actual. Pero también con el sentido de responsabilidad, que ha de ser asimismo distinto de la época histórica que ahora se inicia.”
«Informaciones»
El vespertino “Informaciones”, en una edición extraordinaria, publica una nota editorial, titulada “Silencio”, en la que dice, entre otras cosas: “un solemne y devoto silencio atenaza hoy al país. La noticia es como el título de estas líneas: sobrio funeral. Hemos perdido al hombre excepcional que condujo nuestro pueblo a lo largo de treinta y nueve años. Ahí reside el luto y el dolor que ahora embarga nuestra patria”.
“La sobriedad que el momento exige va de la mano –precisamente- del mecanismo legal y constitucional elaborado por quien hoy falta para cuando él falta”. Y añade: “La noticia es un impacto a recibir de pie. Nadie puede quitarnos el dolor. Pero, gracias a los años de paz de Franco, nadie puede tampoco sustraernos la serenidad”.
«Nuevo Diario»
Bajo el epígrafe “Franco”, dice: “La tensión que estos días el país ha padecido, era el fruto de un sentimiento desbordante, de un deseo que no entiende del destino de los hombres. Ese sentimiento y ese deseo siguen ahí. Franco, el hombre, ha muerto. Pero los españoles lo hacen vivir en el sentimiento de su muerte”.
“Franco ha muerto. No es el momento del lamento, sino del sentimiento, y del seguir adelante. En la historia de los pueblos todo está previsto, y sobre todo, la muerte de quienes los dirigen. Si no fuera así, los pueblos no tendrían historia y morirían con sus dirigentes.”
«Arriba»
El diario “Arriba”, en un editorial titulado “En el amor de su pueblo”, se refiere especialmente a la labor de estadista del Caudillo. “Condujo al país de tal forma que sólo pretendió (y en estos momentos hay que desear ardientemente que así sea) que la guerra civil 1936-1939 fuera la última de una nación castigada por la sangre”.
El diario del Movimiento dice más adelante: “Toda su vida como Caudillo de un período excepcional por tantos motivos, estuvo marcada por el signo de la previsión”. Y concluye: “Ha llegado el gran momento. Es hora de tristeza para la patria. Es momento de zozobra, porque la presencia de la persona de Franco se había convertido en algo natural para los españoles. Pero no es hora de paralizarse, ni de exaltarse. El gran heredero de Franco no es ningún grupo, ni ninguna facción, ni ninguna tendencia. Es el Príncipe. Es el pueblo. A este pueblo le queda ahora el decidir con su conducta. Los caminos del futuro que acaba de comenzar están allanados en la legalidad querida e institucionalizada por el español sin adjetivos que lo ha conducido durante más de treinta y nueve años fértiles”.
“Tele/eXpres”
“Tele/eXpres”, en recuadro titulado “Franco, Juan Carlos y el pueblo”, dice en uno de sus párrafos: “Las previsiones sucesorias minuciosamente preparadas por Francisco Franco, han acertado a identificarse con los deseos del pueblo, que, coincidiendo en ello tirios y troyanos, no quiere poner en juego una paz que, como la octaviana para un período de la historia de Roma, será en el futuro conocida por la paz de Franco. Los mecanismos legales están ya funcionando a pleno rendimiento y a plena satisfacción. Y buena prueba de ello es el orden y la serenidad con que, a la par con la turbación ante una noticia no por esperada menos dolorosa, en los momentos de mal pergeñar estas líneas el pueblo español se está enterando del fallecimiento de quien, hasta este momento, ha sido el Jefe del Estado.
Queda, con ello, trazada la línea del inmediato futuro, que debe poder definirse como la etapa en que el pueblo español asume más plenamente la responsabilidad de sus destinos: un destino que, bajo la dirección del hasta ahora Príncipe de España y Rey dentro de pocos días, debe conjugar la paz, el trabajo, la igualdad ante la Ley, las garantías jurídicas y la mayor participación de todos en las decisiones públicas.
Para que realmente los primeros pasos de esta nueva etapa conduzca hacia un futuro de mayor participación de todo el pueblo, no podemos dejar de desear que, también en esta ocasión solemne, se conceda generosa la gracia de remisión de penas, acostumbrada en los momentos iniciales de un reinado. Los españoles debemos olvidar nuestras querellas para siempre”.
“La Prensa”
Con la firma de Emilio Romero, en “La Prensa”, un artículo a toda plana, y título de “Franco”, que concluye con este párrafo: “Volveremos a escribir durante mucho tiempo sobre esta gran figura, en virtud de la huella profunda que va a dejar tanto por las realizaciones alcanzadas como por las perplejidades que plantea su desaparición respecto al futuro.
Resulta verdadero que sin perjuicio del buen funcionamiento de los mecanismos constitucionales, donde la sucesión aparece asegurada y no hay una sola vacilación jurídica de poder, el vacío que produce la muerte del General Franco no es posible llenarlo con ninguna constitución. Ese es el precio que hay que pagar cuando desaparecen los hombres de excepción. Cuando la historia hace nacer, y luego arranca a las grandes figuras, se produce una situación donde los pueblos tienen que dar la medida de su grandeza histórica para que la necesidad de vivir y el recurso inevitable, no sean contradictorias.
Durante toda una vida Franco ha cumplido rectamente, heroicamente, con su deber. Ahora es el pueblo español –único depositario del poder y de la influencia de Franco- quien tiene que dar la medida de su serenidad, de su realismo y de su capacidad de concordia”.
“Dicen…”
El diario deportivo “Dicen…”, dedica su primera página tipográfica al fallecimiento del “primer español”, y de su texto, este comentario: “Un enigma que no lo es, que no puede serlo, para ningún español. Mucho menos en este momento doloroso de su pérdida. Franco ha sido el gobernante providencial que ha dirigido el timón de los destinos de España con singular firmeza y serenidad, sin que jamás flaqueara su pulso, ganándose así la confianza de todos los españoles. Unos españoles en los que en este momento, están todos y, estándolo, estamos también los barceloneses y los deportistas. Los barceloneses, porque el Caudillo, en sus numerosas visitas a Barcelona, ha dejado constancia de su cariño a las tierras catalanas; los deportistas, porque también ha mostrado en todo momento su atención a esta faceta de la vida. Y nosotros, como diario barcelonés y especializado en deportes, no podemos estar al margen de esta circunstancia.
Queremos, por encima de todo, dejar constancia de esa adhesión inquebrantable, más allá de su misma muerte, a la figura y a los postulados del Caudillo. Y al hacerlo, darle las gracias porque su clarividencia ha permitido que España se apreste a vivir, ahora bajo la dirección del Príncipe de España, ya a punto de ser el Rey de todos los españoles, a seguir la trayectoria de engrandecimiento en un ambiente de convivencia y paz que ha de servir para que España prosiga su ascensión según quería y forjó Francisco Franco”.
