INTRODUCCIÓN
Julio Rodríguez Martínez fue una de las figuras científicas más sobresalientes de la España del siglo XX, ejemplo de excelencia académica, vocación investigadora y servicio público. Formado en Ciencias Químicas y Farmacia con premios extraordinarios y reconocimiento nacional, desarrolló una brillante carrera universitaria y científica en el ámbito de la Cristalografía y la Mineralogía, que le llevó a ocupar cátedras en varias universidades españolas y a desempeñar responsabilidades de primer nivel tanto en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas como en la política educativa del Estado.
Rodríguez Martínez, Julio. Armilla (Granada), 25.IV.1928 – Santiago de Chile (Chile), 28.I.1979. Farmacéutico, químico, catedrático, académico, ministro.
Hijo de un coronel de aviación, su primera formación la obtuvo con los Agustinos en León y con los Escolapios en Granada. En la Universidad de esta ciudad, se licenció en Ciencias (sección de Químicas) en 1950 y dos años más tarde en Farmacia (con Premio Extraordinario). Ese mismo año de 1952 obtuvo el Premio Nacional Fin de Carrera. Al año siguiente (1953), se doctoró en Ciencias Químicas por la Universidad de Madrid y en 1955 en Farmacia por la Universidad de Granada, también con Premio Extraordinario.
En 1957 ganó las oposiciones a colaborador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y hubo de renunciar, por incompatibilidad, a la adjuntía a la Cátedra de Geología que había ganado.
Gracias a una beca de la Fundación Juan March, continuó su formación en 1957-1958 en la Estación Experimental de Rothamsted y en A.E.R. E. Hawell (Inglaterra) y el curso siguiente (1958-1959) lo pasó en la Universidad de Cambridge becado por la Fundación Sir William Ramsay. Tras incorporarse como investigador del CSIC, en 1962 logró la Cátedra de Cristalografía, Mineralogía y Mineralotecnia de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca. Trasladado a la Universidad de Navarra, entre 1964 y 1968 fue decano de su Facultad de Ciencias; en ese período obtuvo el Premio Nacional Alonso de Herrera (1966) del CSIC, ocupó la Presidencia del Grupo Español de Sedimentología, fue vicepresidente del Grupo Español de Cristalografía y en 1967 fue investido catedrático honoris causa por la Universidad de Cuzco (Perú).
Su etapa en Navarra finalizó en 1969 cuando ganó el traslado a la Cátedra de Cristalografía, Mineralogía y Mineralotecnia, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). En 1972 fue nombrado rector de esa Universidad, donde, entre otras acciones, contribuyó decisivamente a la inauguración en 1975 del Museo de Mineralogía. En ese tiempo, fue también consejero del Consejo Nacional de Educación y consejero adjunto del CSIC.
Bajo la presidencia de Carrero Blanco, el 11 de junio de 1973 fue nombrado ministro de Educación y Ciencia y ocupó la cartera hasta el 3 de enero de 1974, en que cesó al producirse el nombramiento de un nuevo presidente del Gobierno tras el asesinato de Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973.
En marzo de 1974 fue nombrado consejero de Economía Nacional y, el 20 de junio de ese mismo año, con el discurso Dinamismo cristalino y cristalizaciones orientadas, ingresó como académico en la Real Academia Nacional de Farmacia siendo titular de la medalla número 7 tras la vacante por fallecimiento de Antonio Rius Miró.
Autor de más de un centenar de trabajos científicos, principalmente sobre Cristalografía y Mineralogía, publicados en revistas nacionales y extranjeras, y de varios libros de su especialidad, falleció al ser operado del riñón en Santiago de Chile, donde se había trasladado a dar unas conferencias sobre Mineralogía.
Posteriormente, fue enterrado en Madrid.
Su trayectoria fue distinguida con numerosas condecoraciones tanto nacionales como extranjeras entre las que destacan las Grandes Cruces de la Orden de Mayo (Argentina), de Andrés Bello (Colombia) y de Carlos III, la Medalla de Oro de la UAM y la Medalla de Honor de la Cámara de Comercio e Industria.
CONCLUSIÓN
La trayectoria de Julio Rodríguez Martínez refleja la estrecha relación entre ciencia, universidad y administración pública en la España contemporánea. Su contribución al desarrollo de la Cristalografía y la Mineralogía, su papel como rector de la Universidad Autónoma de Madrid y su breve paso por el Ministerio de Educación y Ciencia consolidan su figura como la de un científico de prestigio internacional comprometido con la modernización del sistema educativo y universitario. Reconocido con numerosas distinciones nacionales y extranjeras, su legado permanece tanto en la producción científica que dejó como en las instituciones académicas que ayudó a fortalecer.
