El círculo íntimo de Franco fue muy reducido y aparece ya formado en Cáceres. Es prácticamente familiar.
––– Esposa e hija acompañaron en todos sus cuarteles generales a Franco, y a veces en sus viajes[1]. Doña Carmen le sobrevivió trece años (1900-1988) y recibió de Juan Carlos I el título de duquesa de Franco.
Su hija, ‘Carmencita’ (1926-2017), casó con el marqués de Villaverde, Cristóbal Martínez Bordiú. Hija de éstos, Carmen (n. 1951) casó con un nieto de Alfonso XIII, y el hijo superviviente de ambos, Luis Alfonso de Borbón (n. 1974) es considerado en Francia como el primero de todos los borbones por prioridad de ramas en descendencia rigurosamente masculina[2]. [FP 01]
––– Acompañaría luego (a partir de II-37) a doña Carmen su hermana menor Ramona (‘Zita’), con sus tres hijos y su marido, Ramón Serrano Súñer (1901-2003), abogado y diputado de la CEDA, escapado de zona republicana. Este motivo casual de convivencia familiar le dio acceso cotidiano a Franco, hasta que sustituyó rápidamente en la privanza política a su hermano Nicolás Franco.
Serrano, autodefinido falangista (‘neofalangista’ para los puristas y los historiadores), se convertiría en ‘el Cuñadísimo’, fautor de la Unificación y de otras disposiciones que marcaron la fisonomía política del Régimen naciente, en 1938 fue ministro de Interior (que luego absorbió el de Orden Público) y en el gobierno de 1939 comenzó con la cartera de Gobernación, pero luego recibió también la de Asuntos Exteriores, simultaneando ambos cargos entre X-1940 y V-1941. Y entre 1939 y 1942 era, además, Presidente de la Junta Política de FET. En septiembre de 1942, al abandonar el alineamiento con el Eje, Franco le relevó de todos sus cargos y no volvió a contar con él. [FP 04]
––– Nicolás Franco (1891-1977), era hermano un año mayor del futuro Caudillo. Teniente coronel de Ingenieros de la Armada, ingeniero naval y dirigente del Partido Agrario. Se unió al cuartel general, en Cáceres con seguridad. En 2-X-36 fue nombrado oficialmente Secretario General del Jefe del Estado. En II-1938 fue destinado a representante en Portugal, siendo luego elevado a embajador. [FP 02]
––– También era pariente de Franco –tío y primo, como vimos al principio del libro que ahora concluimos– su ayudante Francisco Franco Salgado-Araújo ‘Pacón’ (1890-1975).
––– Y pese a sus antecedentes absolutamente revolucionarios en todos los terrenos, Franco cuidó también de su otro hermano, el aviador Ramón (1896-1938), al que recibió en las filas nacionales y le otorgó el mando autónomo de la aviación hispana en Mallorca (apenas unos hidroaviones). Lo cual le costó un fuerte enfrentamiento con los aviadores, que se refleja en la carta que Kindelán le dirigió. [FP 03]
Se aprecia así un cierto nepotismo, hijo de la búsqueda de confianza y de no dejarse manejar por nadie, sino de mantener todo bajo su control.
El círculo íntimo se completa con sus dos colaboradores más cercanos toda la guerra, no unidos por lazos de sangre:
––– El teniente auditor Lorenzo Martínez Fuset (1899-1961) pertenecía a la Auditoría de Canarias y Franco lo eligió para viajar con él a Las Palmas. Que le confiara la suerte de esposa e hija desde allí a Francia, para incorporársele de nuevo rápidamente, implica amistad personal, pero llevarle consigo implicaba también miras más elevadas. Franco no preparaba unos simples movimientos tácticos, sino tareas de gobierno –al menos militar– y para ello necesitaba el consejo de un jurista. Su actitud nos evoca la del duque de Alba reclamando desde Bruselas en 1568 un auditor a Felipe II, porque sin él estaba “manquísimo”.
Se ha dicho que fue el redactor de algunas alocuciones iniciales de Franco, como el Manifiesto de Las Palmas con su final invocando el trilema de la Revolución Francesa, o que en el discurso radiado del 1-X-36 rechazara expresamente la confesionalidad del Estado[3]. Aconsejó a Franco en la revisión de las penas de muerte hasta 1941, sin que se haya hecho notar la elevada proporción de las conmutaciones (absolutamente excepcional entre los regímenes autoritarios de la época). En 1945 regresó a Canarias, donde ejerció el notariado en Tenerife. [FP 05]
––– El sacerdote José María Bulart Ferrándiz (1900-1981) se incorporó al séquito de Franco nada más instalarse éste en Cáceres, por recomendación del obispo Pla y Deniel, y desde entonces fue su capellán hasta su muerte. Mantuvo siempre una exquisita discreción, hasta el punto de no haber dejado escrito ninguno. [FP 06]
Junto a Franco, frecuentaron su cuartel general y hogar de campaña en diversos momentos tres periodistas, cuyo papel consistía en trasladar al público la marcha de las operaciones (fomentando de paso el culto a la personalidad del Caudillo) y cuidar las relaciones con los medios de comunicación. De una u otra manera fueron cronistas oficiales, sobre todo el último. Y no tuvieron personalidades banales: dos de ellos escribieron tempranas historias de la guerra que siguen considerándose fuentes indispensables[4] y el tercero una serie de folletos divulgativos de ocasión:
––– Luis María de Lojendio e Irure (1907-1987) era abogado y escritor. Dirigió la Oficina de Prensa de los nacionales, y por ello estuvo destacado en el Cuartel General de Franco.
Después de la guerra fundó y dirigió el Servicio de Información Diplomática y en 1960 ingresó en la orden benedictina, llegando a ser el segundo abad del Valle de los Caídos (1968-1979).
––– Manuel Aznar Zubigaray (1894-1975) había pertenecido al PNV en su juventud y dirigido el diario liberal madrileño El Sol durante dos etapas. Ello no fue óbice para ser recibido como propagandista y cronista militar, y específicamente en el Cuartel General de Franco. Después de la guerra dirigió revistas y periódicos (La Vanguardia), así como diplomático. Nieto suyo fue el presidente del Gobierno por el PP, José María Aznar.
––– El tercero, más conocido por su nom de plume ‘el Tebib Arrumi’, fue Víctor Ruiz Albéniz (1885-1954). Médico, había sido corresponsal de guerra en Marruecos, distinguiéndose allí por apoyar a los militares y criticar al gobierno. De ello se conocían Franco y él, y por eso actuó como cronista oficial, aplicándose a los artículos y folletos de divulgación. En 1943 pasaría a ser Cronista Oficial de la Villa de Madrid. También fue abuelo de otro importante político del Partido Popular: Alberto Ruiz Gallardón. [FP 07]
Colaboradores militares
Como colaboradores militares junto a su persona, estuvieron toda la guerra, sin cambios:
––– El ayudante y luego Secretario y Jefe Militar de la Residencia ya citado, teniente coronel Francisco Franco Salgado-Araújo.
Era ayudante de Franco desde que, siendo comandante por méritos de guerra desde 1924 (con antigüedad de 1922), Franco lo eligió al ascender a general (1927). Desde entonces, con un título u otro, su carrera quedó ligada a la de su pariente, incluso cuando fue ascendiendo: teniente coronel en 1935, coronel en 8-XI-37, general de brigada (1941), general de división (1944), teniente general (1953).
De modo que, habiendo servido ambos en la Legión (Salgado Araújo lo hizo de 1921 a 1924 y obtuvo por ese periodo de servicios la Medalla al Mérito Militar –concedida en 1929– y el ascenso ya citado), al comenzar la guerra venía ejerciendo la ayudantía de Franco en su mando de la Iª brigada de la 1ª división en Madrid, en la Academia General Militar de Zaragoza –dónde también fue profesor–. Temporalmente dejó de ser su ayudante cuando fue cerrada la Academia, pero retornó a serlo al concederse a Franco el mando de la XV brigada de Infantería en Galicia (1932) y con él pasó por la Comandancia General de Baleares (1933), la Jefatura Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos y la Jefatura del Estado Mayor Central (ambas sucesivamente en 1935) y la Comandancia General de Canarias (1936).
Durante la guerra, su puesto de ayudante de campo del pronto Generalísimo derivó sucesivamente en Jefe de la Secretaría Militar y Particular, Jefe de las Fuerzas y Servicios de la Residencia del Jefe del Estado, Jefe interino de su Casa Militar.
En 1941, su ascenso a general le permitió mandar la infantería de la 13 División y a partir de entonces desempeñó otros cargos de la Capitanía General de Madrid, continuando en el cargo de Secretario Particular y Militar del Generalísimo. En 1943 pasó a ser, además, Segundo Jefe de la Casa Militar de Su Excelencia (el jefe lo era Moscardó). En 1950, al tomar el mando de la División 11 retuvo la Secretaría del Caudillo, pero cesó como Segundo Jefe. En 1953 recibió el mando de la Quinta Región Militar, pero en 1954 recibió el mando de la Casa Militar del Generalísimo, con lo que reanudó la relación de inmediatez anterior como Secretario Militar hasta 1956, en que, con el pase a primera reserva cedió el mando de la Casa Militar, pero se mantuvo como Secretario Militar hasta su muerte (21-IV-75). [FP 08]
––– Como vimos más arriba por un texto de Lojendio, Franco llegó a tener tres ayudantes y un enlace de Aviación, así como el ya citado marino Calderón:
- El teniente coronel de Artillería Carlos Díaz-Varela Ceano-Vivas ya era ayudante suyo en la Comandancia General de Canarias. Alcanzó el grado de general de brigada en 1944 y se retiró por edad en 1948.
- José Martínez Maza era capitán de Ingenieros en 1936, destinado en la Comisión de Movilización de Industrias Civiles de Zaragoza. Había ascendido a comandante y fue destinado como ayudante del Generalísimo en I-1937.
- El identificado como duque de Pinohermoso (tercero de su título) era el capitán de Caballería Carlos Pérez-Seoane y Cullén, supernumerario en Valencia, al que el Alzamiento sorprendió en zona nacional.
- Y el enlace de Aviación se trataba del capitán de Infantería José Juste Iraola destinado en el aeródromo de Sania Ramel en 1936. En I-1938, ya comandante, pasó a disposición del Ejército del Centro. En 1951 alcanzó el empleo de general de brigada y pasó a la reserva en 1957.
––– Francisco Martín Moreno (1879-1941), coronel jefe del Estado Mayor de las tropas de Marruecos pasó a serlo del Cuartel General de Franco desde el 19-VII-36 hasta el final de la campaña, firmando todos los partes oficiales de la guerra menos el último. Tan personal era su compromiso con Franco que se había negado a unirse a los alzados dos días antes, hasta que aquél no se presentara en Tetuán.
En 1939, fue nombrado Gobernador Militar del Campo de Gibraltar, destino que mantuvo cuando ascendió a general de división ese mismo año. En 1940 ocupó la jefatura del Alto Estado Mayor y falleció al año siguiente. [FP 09]
Los colaboradores inmediatos que aparecen cerca de Franco cuando inspecciona los frentes o está frente a los mapas, fueron:
––– Antonio Barroso y Sánchez-Guerra (1893-1982) era comandante de Estado Mayor y estaba destinado en París como agregado militar, saboteando por demora los primeros tratos de la República para obtener armamento francés. En IX-1936 pasó a España y se incorporó al Cuartel General de Franco como jefe de su Sección de Operaciones.
Después de la guerra llegó a teniente general y ministro del Ejército (1957-1962), además de ser temporalmente jefe de su Casa Militar (1956-1957).
––– Del capitán de Estado Mayor Carmelo Medrano Ezquerra (¿?-1969), destinado en la Comisión de Límites de África en Melilla, y uno de los conspiradores sorprendidos por el registro policial poco antes de las 17:00 el día 17, origen de todo lo que vino después, una anécdota explica su conexión con Franco y la forma de pensar de éste al respecto:
“Al día siguiente [6-VIII] el coronel Luis Solans y el capitán Carmelo Medrano se trasladaron de Melilla a Ceuta en un hidroavión Savoia S-62 de la Aviación Naval, con el fin de entrevistarse con Franco. Este último les recibió con una reprimenda:
«– Así que ustedes son los que casi me estropean el alzamiento».
Era la constatación de que, más allá de la propaganda oficial, el adelanto de la sublevación había constituido un grave contratiempo, que pudo dar al traste con el alzamiento. Los militares rebeldes de Melilla no habían sabido preservar el secreto y habían actuado con precipitación, aunque se hubieran visto forzados a ello. Para el general Franco no había en ello ningún mérito, sino más bien al contrario.
La reunión tenía como objeto establecer qué fuerzas y cómo organizarían la defensa del Protectorado, tras la marcha de las principales unidades a la Península. La exposición de Medrano debió resultar muy satisfactoria, porque cuando ya se despedían Franco ordenó:
«– Ese capitán que pase a la Sección de Operaciones de mi Estado Mayor»”[5].
Efectivamente, se incorporó al cuartel general de Cáceres y le acompañó toda la guerra. Ascendió a comandante en 21-III-37, en la promoción extraordinaria por antigüedad de dicha fecha, y llegó a general de división y subsecretario del Ejército; murió sin tiempo a una ulterior promoción.
––– En su momento dijimos que el jefe inicial de su seguridad, capitán de la Guardia Civil Buenaventura Cano Portal, alcanzó el generalato.
Subordinados inmediatos: las cabezas del ejército nacional
De los subordinados inmediatos (jefes de ejército, cuerpo de ejército o asimilables), con los que trabajó codo con codo, podemos tratar considerando la categoría o el orden de intervención, como vamos a hacer ahora.
Con la condición de colaboradores estrechos de Franco se han de considerar, entre los ya generales antes de la guerra, a Mola, Orgaz, Varela, Dávila y Kindelán.
––– Emilio Mola Vidal (1887-1937) había demostrado sus capacidades bélicas en Marruecos y unas insospechadas capacidades políticas cuando Berenguer le nombró Director General de Seguridad (1928). Este nombramiento le costó la prisión, procesamiento y apartamiento del Ejército al advenimiento de la República. Quedó pronto en libertad provisional (VII-1931), ganándose la vida con inverosímiles trabajos y sus memorias. Se le pasó a segunda reserva sin otro motivo con ocasión de la intentona del 10-VIII-32 de Sanjurjo.
En IV-1934 le alcanzó la amnistía, y en 1935 lo recuperó Franco para el mando de la Circunscripción Occidental de Marruecos y después para el de todo Marruecos, en plaza de superior categoría. Puesto del que fue destituido inmediatamente a la entrada del gobierno del Frente Popular, pero que significó una estrecha vinculación de gratitud con Franco y de colaboración próxima con Yagüe.
Con credenciales de ‘no monárquico’ pese a todo, pudo organizar la conspiración desde Pamplona. Aunque sus planes no pudieron ser seguidos enteramente, marcaron la diferencia con la ‘agostada’ de Sanjurjo en 1932.
Producido el Alzamiento, era la cabeza natural reconocida de todas las fuerzas del norte de España, al margen de la presidencia formal de Cabanellas. Sin ambición, no disputó la primacía a Franco y aun le propuso para la jefatura suprema, aunque luego políticamente discordara.
Franco amplió su jefatura –que abarcaba inicialmente de Asturias a Guipúzcoa y del Pirineo a la Sierra madrileña– también a las fuerzas del Tajo. Por ello, tanto como jefe de todas las fuerzas en torno a Madrid como por jefe de las fuerzas que operaron sobre Vizcaya –campaña que él preparó minuciosamente y reclamó con insistencia– estuvo en contacto directo con Franco desde la exaltación de éste –y antes– hasta su muerte.
Después de Franco era el estratega y jefe mejor valorado y reconocido de todos –militares y público–, y fue su más brillante colaborador. [FP 11]
––– Luis Orgaz Yoldi (1881-1946), general de brigada desde 1927, pasó toda la República en expectación de destino, conspirando, y estuvo confinado reiteradamente en Gran Canaria. Franco se apoyó en él para confiarle los mandos que él acababa de ocupar y abandonaba: Canarias y a continuación Marruecos. Recibió así un puesto en la Junta de Defensa Nacional.
Actuó repetidamente como observador de confianza de Franco para calibrar las necesidades del frente andaluz; ya vimos sus vuelos a Algeciras y Granada y su estancia en Córdoba, todavía dentro del mes de julio de 1936. Y su hoja de servicios asegura que como miembro creado de la Junta viajó semanalmente en avión a ‘Salamanca’ (querría decir Burgos, aunque luego también participara en la elección de Generalísimo), para participar en sus deliberaciones. Y más tarde también entró en Oviedo con las fuerzas liberadoras. Todo ello al tiempo que ejercía como Alto Comisario de España en Marruecos y jefe de todas las tropas de este territorio.
Sustituyó a Varela al frente de la División Reforzada de Madrid con ocasión de la grave herida de aquél (25-XII-36), pero fue relevado tras el fracaso del Jarama. Lo cierto es que mientras ejercía este mando en el frente, hasta el 12-III-37 no se acepta su dimisión como Alto Comisario de España en Marruecos que lleva anexo el cese como Jefe Superior de las Fuerzas Militares de África. Detrás de tan extraña compatibilización debe encontrarse el fortísimo enfrentamiento que protagonizó con el Jalifa a causa, en último término, del envío a España de las Mehalas, que técnicamente eran ejército marroquí y como tales no debían involucrarse en la guerra española. Nada aparece de ello en su Hoja de servicios. Franco obtuvo sus tabores de la Mehala y le sostuvo nominalmente, pero apartándole de Marruecos físicamente.
En III-37, Orgaz pasó a ocupar el puesto de Inspector de Movilización, Instrucción y Recuperación (MIR), y su labor al frente de las academias de oficiales y sargentos provisionales fue tan eficaz que sobre él recae buena parte de la superioridad práctica de las tropas nacionales, y él se enorgullecía de su título de alférez provisional honorario; sólo en cuanto a movilización y encuadramiento su hoja de servicios eleva los frutos de su gestión a 495.000 hombres y 192 batallones.
En XI-1938 fue repescado por Franco para un nuevo mando operativo: el ejército de Levante, separado del ejército del Norte, al frente del cual concluyó la guerra. [FP 12]
––– José Enrique Varela Iglesias (1891-1951), conspirador notorio toda la República, monárquico atraído al carlismo, había ascendido a general de brigada en XI-1935, sin haber recibido ningún mando correspondiente a su empleo desde entonces. Finalmente, el gobierno del Frente Popular lo había hecho detener en el castillo de Santa Catalina de Cádiz, de donde lo liberó el Alzamiento.
Varela fue el jefe operacional de la campaña andaluza en el verano de 1936: primero acudió a mandar la defensa de Córdoba, después la liberación de Granada y por último la campaña de Ronda, intercalando la ocupación de cerro Muriano.
Resulta interesante observar que, si el 21-IX-36 pernoctaba en Ronda y estaba a las órdenes de Queipo, el 22 emprendía viaje a Antequera, Sevilla, Mérida y Cáceres, reclamado por el general Franco para sustituir a Yagüe como jefe de las columnas operativas; el 24 voló de Cáceres a Navalmoral y prosiguió a Talavera[6]. Tal hecho puede considerarse una consecuencia de la reunión de la Junta en Salamanca del 21-IX y de la consideración de Franco ya como generalísimo, aunque no estuviera proclamado.
Franco le reclamó el 21-IX y en 24 le confirió en Cáceres el mando de las columnas de Madrid, sustituyendo a Yagüe. De este modo, Varela se apuntó el tramo final de la liberación del Alcázar toledano, pero desde ese momento fue el general que pechó con las operaciones más ásperas de la guerra. Condujo la aproximación a Madrid, su asalto fallido y los intentos de desbordarla por el Oeste hasta que cayó herido de gravedad el 25-XII-36. Una vez restablecido (24-I-37), Varela tomó el mando de las fuerzas de vanguardia de la División Reforzada de Madrid (Orgaz) y a su frente avanzó hasta el Jarama, lo cruzó y estableció y sostuvo la cabeza de puente en su margen izquierda.
Finalizada la batalla del Jarama, recibió el mando de la División de Ávila, luego 75 y más tarde 71, cuyo frente cubría desde el puerto de Malagosto al río Perales. Al frente de ella tuvo que resistir las dos grandes ofensivas republicanas en el frente del centro: hacia Segovia (batalla de La Granja) y el intento de embolsar la flecha nacional sobre Madrid junto a las tropas escogidas que la sostenían (batalla de Brunete).
La primera, que afectó exclusivamente a su sector, fue rechazada completamente en cuatro días, una vez recibidos cinco batallones distinguidos de refuerzo, pues carecía de reservas.
Para la segunda, mucho más importante, Varela había pasado a ser (9-VI-37) jefe del VII° cuerpo de ejército, que con dos ‘divisiones’ (71 –antes 75 y ‘de Ávila’– y 72 –antes 53 y ‘de Soria’–) cubría el inmenso arco extendido de Molina de Aragón al río Guadarrama, donde enlazaba con el frente del cuerpo de ejército de Madrid o I°. Importan estas especificaciones porque el brazo principal de la tenaza republicana lo lanzaban dos cuerpos de ejército entre los ríos Perales y Guadarrama, punto de unión de los citados cuerpos nacionales y sector recientemente pasado de la dependencia del I° a la del VII°. Pues bien, nada más iniciarse la ofensiva enemiga, Saliquet encomendó el mando sobre todo el campo de batalla a Varela, incluida la margen izquierda del Guadarrama, correspondiente a la división 11, donde luego se desplegará la ‘división provisional Asensio’. En resumen: bajo la dependencia formal de Saliquet, jefe del ejército, y con la supervisión directa del propio generalísimo, fue Varela el encargado de dirigir la batalla en el bando nacional, disponiendo la contención y contraofensiva de cinco divisiones: las 13, 150, ‘provisional Asensio’ y IVª y Vª ‘brigadas’ de Navarra.
Cuando Franco organizó tres cuerpos de ejército con las fuerzas liberadas tras la eliminación del frente Norte, el cuerpo denominado de Castilla, a diferencia de Solchaga para el de Navarra y Aranda para el de Galicia, recibió un jefe desconocido anteriormente de sus tropas, que ni siquiera había combatido en el Norte: el generalísimo destinó para mandarlo a Varela, avalado por la ejecutoria de Toledo, Madrid, Jarama, La Granja y Brunete: quería tenerlo como jefe de un cuerpo de maniobra y no de línea. Inmediatamente, encomendó a Varela mandar una de las tres masas operativas (cuerpos provisionales) que se proyectó que descendieran por Guadalajara para envolver Madrid en el invierno de 1937.
Al necesitar convertir en una gran batalla de reconquista lo que se planteó primero como mero como socorro de Teruel, Varela fue el elegido para apoyar con un segundo cuerpo de ejército a Aranda[7].
Desde entonces, por la posición geográfica en que quedó el cuerpo de ejército de Castilla, en el extremo meridional del frente aragonés, no tuvo mayor ocasión de lucimiento. Su cuerpo no tomó parte en el avance general de la campaña de Aragón y no brilló especialmente en la de Levante, aunque teóricamente debiera conjugar su avance con el de Galicia.
Cuando por fin se pusieron en movimiento el cuerpo de ejército del Turia y el CTV (con el de Castilla en segundo escalón) descendiendo hacia Sagunto (13-VII), y ningún día pese a la resistencia encontrada dejara de avanzar, su avance fue detenido en seco (25-VII) por la orden superior de paralización, a fin de acudir al campo de batalla del gran meandro del Ebro. Varela quedó cubriendo aquel frente con 6 divisiones, en dos agrupaciones, para su cuerpo de ejército. Menos la del Ebro había librado las batallas más ‘feas’ (para los nacionales) de la contienda. [FP 13]
––– Alfredo Kindelán Duany (1879-1962), uno de los padres de la aviación española, abandonó el Ejército y aun España al advenimiento de la República. Retornó a Madrid después de la revolución socialista de 1934, y colaboró con la conspiración de Mola.
Desde que en VII-36 se presentó a Franco (que le hizo recoger por un hidroavión en Algeciras procedente de San Fernando) le acompañó en su Cuartel General, y luego, durante casi dos años, departió con él casi cotidianamente (la Aviación a sus órdenes era muy pequeña en principio y luego es arma que por su naturaleza se presta al mando centralizado a disposición directa del mando supremo). En esa proximidad recibió confidencias, efectuó análisis y ofreció consejo, aunque más adelante, diversos incidentes y discrepancias, y el alejamiento físico, condujeran a un distanciamiento y enfriamiento.
Por supuesto, a él se debe la organización de la que llegó a ser poderosa[8] Aviación Nacional partiendo casi de la nada. [FP 14]
––– Fidel Dávila Arrondo (1878-1962) resultó el subordinado más próximo a Franco en la guerra por más tiempo y en más puestos.
En un principio fue miembro de la Junta de Defensa desde su constitución, siendo el vocal que se mantuvo permanente al lado de Cabanellas en su labor burgalesa. Al asumir Franco el puesto de Generalísimo lo nombró inmediatamente jefe del Estado Mayor General, y cuatro días más tarde presidente de la Junta Técnica del Estado. Puestos singulares del máximo nivel.
Por otra parte, si bien se considera, los puestos desempeñados por Dávila, con toda su importancia fueron no operativos. Y, sin embargo, a la muerte de Mola en VI-1936, fue inmediatamente nombrado jefe del Ejército del Norte hasta el final de la guerra. Para ello fue relevado de la presidencia de la Junta Técnica por Gómez-Jordana, en tanto que el Estado Mayor General quedó vacante, porque al poco pasó Martín Moreno de segundo jefe del Estado Mayor del Generalísimo a titular de la jefatura de su Cuartel General.
Que Franco mostró predilección por Dávila es evidente por cuanto que al mismo tiempo creó el ejército del Centro y se lo encomendó a Saliquet, que era más antiguo y al principio de la guerra era general de división y en activo –aunque disponible–, en tanto Dávila lo era de brigada y retirado. Podía haber actuado al revés. O promovido a Ponte, Varela u Orgaz (éste recién relevado de su mando) si no quería recurrir a los recentísimos Aranda o Moscardó. Se debe retener, por tanto, que para el mando del ejército que iba a realizar las operaciones resolutivas del resto de la guerra Franco le sacó de su destino político-administrativo. Debió considerarle más eficaz y menos problemático que ninguno de los otros citados; y no por ser más joven: Saliquet sólo le sacaba un año.
Que militarmente funcionó y conllevó bien la presencia inmediata del mando superior quedó de manifiesto a la formación del primer gobierno nacional: Dávila fue nombrado ministro de Defensa sin abandonar el mando del ejército del Norte hasta que éste fue disuelto, liberada ya Cataluña; su experiencia en la Junta Técnica le abonaba para el Gobierno y no había sido olvidada.
De modo que Dávila, como Franco, ocupó simultáneamente un mando militar y una responsabilidad política. Si se tiene en cuenta que el ejército del Norte se mantuvo activo sin interrupción desde 1937 a 1939, con presencia continua de Franco en su cuartel general, queda claro que la colaboración de Dávila con Franco fue la que éste recibió más estrecha y continuada, doblada por la participación de ambos en el Gobierno. [FP 15]
Junto a los anteriores, no debe olvidarse al vicealmirante Juan Cervera Valderrama (1870-1952), quien compartió inicialmente el palacio episcopal salmantino con Franco, al cual profesó una admiración rayana en idolatría. [FP 16] Sin embargo, aunque se conocían de antes y se apreciaban[9], no tuvo trato con el jefe de la Flota, Francisco Moreno Fernández (1883-1945), si no fue en un par de ocasiones muy tensas, de modo que después de la guerra cayó en desgracia y le otorgó el Ministerio de Marina a su hermano Salvador. [FP 17]
Por el contrario, el predecesor de Franco, Miguel Cabanellas Ferrer (1876-1938), no volvió a ser tenido en cuenta desde el nombramiento de generalísimo. Nombrado Inspector General del Ejército –cargo que desempeñó efectivamente con interés–, falleció de muerte natural en V-1938. [FP 18]
Gonzalo Queipo de Llano y Sierra (1875-1951), por el antagonismo de fondo existente y su situación excéntrica en el teatro de operaciones secundario del Sur no tuvo muchas ocasiones de coincidir con Franco como Generalísimo, excepto cuando acudía a Salamanca o Burgos con ocasión de solemnidades y actos protocolarios. Actuó con mucha libertad militar, en la retaguardia y en las ondas, hasta considerársele un ‘virrey de Andalucía’. Acabada la guerra, sus extemporáneas e imprudentes declaraciones le acarrearon una destitución fulminante y un ostracismo posterior. [FP 19]
El restante general jefe de Ejército, Andrés Saliquet Zumeta (1877-1959), no mantuvo especial contacto operativo con el generalísimo. Era general de división cuando se acogió al retiro de la ley Azaña. Inicialmente tomó el mando de la VIIª División (luego cuerpo de ejército) y fue miembro fundador de la Junta de Defensa Nacional. Promovido a mandar el ejército del Centro en VI-1937, en la guerra Franco sólo acudió a su jurisdicción con motivo de la batalla de Brunete, pero entonces, como hemos visto, prefirió que la directa conducción de ella reposara sobre Varela, y con éste fue con quién trató estrechamente esos veinte días. [FP 20]
Otros cinco generales, promovidos a tales durante la guerra operaron con frecuencia en estrecho contacto con Franco al mando de los principales cuerpos de ejército operativos:
Fueron Yagüe, Solchaga y Vigón; luego Aranda y García Valiño.
––– Juan Yagüe Blanco (1891-1952) pertenecía a la misma promoción de la Academia que Franco y era legionario y falangista. Teniente coronel jefe de la Legión occidental del Tercio en 1936 y hombre clave de la conspiración en Marruecos.
Es destacable que compatibilizó toda la guerra misiones de frente con otra organizativa propia de la retaguardia: desde fecha temprana fue nombrado Inspector (26-VII-36; confirmado en I-37) y luego Jefe (6-IX-36) de todo el Tercio, en destino de superior categoría. En él recayó la organización y administración de todas las banderas (que pasaron de 6 a 18), más los voluntarios italianos anteriores al CTV (por eso eran ‘legionarios’), una compañía de lanzallamas e incluso, por un tiempo, las fuerzas acorazadas españolas con material alemán y soviético capturado, que pasaron a denominarse Bandera Legionaria de Carros de Combate (1-III-38, reconfigurada como Agrupación seis meses más tarde). Pero ese paralelo mando legionario, no benefició por ello al cuerpo de Yagüe de un excepcional número de banderas legionarias[10].
Su lealtad a Franco (desde antes del Alzamiento) no impidió repetidos choques entre ambos por disparidad de criterios. Aunque efectivamente padecía de achaques de salud, más de una vez se han interpretado sus ceses en el mando por este motivo como relevos encubiertos, motivados por ellos, aparte de un arresto público. En todo caso, Franco no dejó por ello de recurrir nuevamente a él una y otra vez al poco tiempo.
Se señalan en el historial de Yagüe varios relevos en el mando:
* El primero en 21-IX-36, oficialmente por exceso fatiga, aunque todos lo atribuyeron a su oposición a desviarse hacia Toledo. La verdad es que estuvo junto a Franco en Cáceres y le acompañó a Salamanca. El 12-X ya se incorporó de nuevo al frente las órdenes de Varela, mandando ya un conjunto de columnas en un flanco, ya otro en otro lugar. En esa misma fecha se publicó la concesión de su segunda medalla al mérito militar. Finalmente, la Agrupación de columnas a su mando directo (Asensio y Castejón, luego Bartoméu) fueron las que ocuparon la Casa de Campo.
* En la noche del 14 al 15-XI, justo antes del cruce del Manzanares, Yagüe se desplomó en su cuartel general en Cuatro Vientos, tras un fuerte encontronazo con Varela y hubo de ser hospitalizado[11]. Permaneció cuatro meses lejos de las líneas de combate, organizando las nuevas banderas de la Legión, incluidas las unidades mixtas con italianos, en Talavera, Cádiz, Sevilla o Ceuta. Y en XII-36 asciende a coronel por antigüedad.
El 12-III-37 Franco le confiere el mando de la brigada que cubre la línea de la Marañosa, pero al poco recibe el de la 4ª división del I cuerpo de ejército, o de Madrid (temporalmente 74 y definitivamente 14), que cubría todo el flanco oriental y del Tajo hasta Talavera, con cuartel general en Yuncos. En ese puesto resistió la ofensiva republicana sobre el Garabitas y su espíritu ofensivo le llevó a acometer una operación local en Toledo sin autorización superior, que pasó momentos difíciles y no alcanzó todos sus objetivos.
Al desencadenarse la batalla de Brunete acompañaba al mando de su división el accidental del cuerpo de ejército, cuyo titular ausente era Valdés Cavanilles.
Tras su decisiva actuación entonces recibió el ascenso a general por méritos de guerra (8-XI-36). Y al tiempo se le otorgó el mando del nuevo cuerpo de ejército Marroquí, que se organizaba en la retaguardia del valle del Ebro, con cuartel general en Daroca. Con él intervino brillantemente en el Alfambra y después más aún en la doble ruptura del frente de Aragón, al sur y al norte del Ebro.
* Conquistada Lérida por su cuerpo de ejército (4-IV), los demás cuerpos nacionales marchaban ligeramente retrasados con respecto a él y Yagüe, sintiéndose sin enemigo delante, insistía en proseguir su marcha hasta la misma Barcelona. Franco se opuso terminantemente, ante el riesgo de provocar a Francia, muy soliviantada tras el Anschlüss de Austria el mes anterior, pero esta perspectiva no llegaba a Yagüe que arreciaba sus críticas.
Pocos días después Yagüe tomó la palabra en un teatro de Burgos con motivo del primer aniversario de la Unificación (19-IV-38) con dos líneas argumentales principales: el perdón generoso y la exaltación del trabajo con censura de los aprovechados. Tal discurso coherentemente falangista y con vocero de tal categoría causó estupor en las estructuras que se estaban asentando en el Régimen. Y como repitiera un discurso semejante en La Coruña (V-38) sufrió una reprensión superior y relevo temporal del mando de tropas.
Estas últimas actividades fueron posibles porque Yagüe y su cuerpo quedaron a la defensiva sobre la línea del bajo Segre y del bajo Ebro hasta el mar, hasta que tres meses y medio después los republicanos cruzaron el río en la mayor de todas sus ofensivas, que Yagüe no había dejado de detectar y de alertar de ella, solicitando refuerzos.
Resumiendo: en el haber de Yagüe se anotan los avances en flecha más rápidos y profundos de la guerra:
* En primer lugar, el avance por Extremadura hasta las puertas de Toledo: contando que asumió el mando ante Mérida el 11-VIII y lo dejó en Maqueda el 21-IX, había avanzado en territorio hostil no menos de 157 kilómetros: 55 de Mérida a Badajoz en 4 jornadas (11/14-VIII) y 102 de Navalmoral de la Mata a Maqueda en 24 (28-VIII / 21-IX).
* Ya en el Alfambra sus divisiones fueron las que irrumpieron con más profundidad: más de 25 km hasta Perales de Alfambra, en sólo tres jornadas.
* Y en la ofensiva de Aragón desempeñó por dos veces el papel de punta de lanza: en la primera ruptura en Aragón, embolsando al enemigo contra el Ebro (9/15-III; 85 km hasta Caspe en línea recta en 7 días) y, más aún, del paso del Ebro a Lérida (23-III / 4-IV; 96 km en 13 días pese al paso del Cinca y la desesperada defensa de Lérida). En ambos casos llevó en vanguardia una parte considerable de todos los carros nacionales y recibió la cooperación aérea de la Legión Cóndor, un verdadero anticipo de la Blitzkrieg de año y medio después[12].
Pero no sólo fue el general más brillante en la ofensiva, sino el que se señaló por su previsión e iniciativa en la defensiva.
* En Brunete, su sector (mandaba la 14 división, desde la carretera de Extremadura en el frente de Madrid hasta Puente del Arzobispo) no fue el atacado, salvo en la Cuesta de la Reina el día antes (5-VII-37) para distraer sus reservas. Pero en ese momento, Yagüe mandaba interinamente, además, todo el Primer Cuerpo de Ejército. Debe recordarse que el plan republicano consistía en un doble envolvimiento: dos cuerpos (V y XVIII) se infiltraban por Brunete y otro circunstancial (II bis o ‘de Vallecas’) debía romper desde Entrevías por Villaverde, para converger los dos en el triángulo Villaviciosa de Odón – Móstoles – Alcorcón.
Llegado el día “D” (6-VII-37), el mérito de Yagüe consistió en no distraer reservas hacia Seseña; en que su propia división, de tan amplísimo frente, resistiera con energía y heroísmo la tentativa de ruptura en el vértice Basurero, y, sobre todo, en reconocer el peligro general que suponía la infiltración producida en Brunete, amenazando Móstoles y Navalcarnero, y, aunque el sector atacado correspondía al VIIº Cuerpo de Ejército, enviar instantáneamente por propia iniciativa cuantas pequeñas unidades pudo, para cerrar la brecha o impedir que se ampliase, creando centros de resistencia sobre las líneas de avance enemigas.
* En el Ebro, una división bisoña (la 50) de su cuerpo de ejército Marroquí recibió el ataque en fuerza inicial de los dos cuerpos enemigos y se desfondó. Ahora bien, como el frente que se le encomendaba cubrir era desproporcionadamente largo, Yagüe había tenido la precaución de situar en segunda línea unidades independientes de cuerpo y las de la excelente 13 división, de manera que pudieron acudir a cerrar la brecha hasta la llegada de refuerzos de otros sectores: así, ni siquiera los objetivos propuestos para el mismo ‘día D’ pudieron ser alcanzados por el ejército republicano del Ebro, en particular Gandesa; luego, mantuvo uno de los dos sectores que terminaron reduciendo íntegramente la bolsa republicana creada.
De ese modo, aunque dos de las principales rupturas del frente nacional a manos de los republicanos se produjeron en líneas responsabilidad de Yagüe, no se le considera a éste batido en la batalla, sino clave en la reducción de la penetración y por ello en el desenlace favorable a los nacionales.
En la campaña catalana su cuerpo es el único que no tomó parte en los combates de ruptura, sólo en la explotación cuando la línea del Ebro comenzó a ser envuelta, pero por su situación geográfica le correspondió el avance costero hasta Badalona, y por ello cobrarse la entrada en Tortosa, Tarragona y la misma Barcelona (10/27-I-39; 160 km en 18 días). [FP 21]
––– José Solchaga Zala (1881-1953) era en VII-1936 coronel jefe del regimiento América nº 23, de guarnición en Pamplona (recién destituido). De esta condición derivó la jefatura sobre las diversas columnas salidas sobre Guipúzcoa y más adelante sobre las Brigadas Navarras a las que aquéllas dieron lugar. Durante la campaña del Norte, del Deva a Gijón, condujo las operaciones bajo la supervisión próxima de Franco, aunque mediara entre ambos la jefatura de ejército de Mola y luego de Dávila.
Convertidas las Brigadas Navarras en divisiones, Solchaga fue también promovido a jefe del cuerpo de ejército de Navarra (XI-37), que extendía su frente en la zona más próxima a ese reino, al sur de los Pirineos. Por eso su actuación fue marginal a continuación en las grandes operaciones y batallas de 1938, aparte de resistir la ofensiva enemiga hacia el Cinca en los sectores de Sort y cabeza de puente de Tremp (V-38) y de que su cuerpo de ejército desdoblara de sí el de Urgel, con las divisiones originales (61,62, 63), para la campaña catalana. En realidad, cuando se trata de ampliar la tenaza sobre el frente levantino, se crea un nuevo cuerpo de ejército provisional con el nombre de ‘Turia’ para ampliar el área de Teruel como base de partida. Y para mandarlo se recurre a Solchaga, cuyas cualidades están desaprovechadas cubriendo línea, pero, abandonada la maniobra sobre Levante, dicho cuerpo provisional no subsiste.
Mandando siempre con el nombre de Navarra otras divisiones selectas y también procedentes de aquellas brigadas (4ª, 5ª y 12), las fuerzas de Solchaga tomaron parte en la ruptura principal desde Serós y entraron en Tarragona, Barcelona, Gerona, Figueras y la frontera del Pertús y Port Bou, cosechando todos los lauros de aquella campaña. [FP 22]
––– El teniente coronel de Estado Mayor Juan Vigón Suero-Díaz (1880-1955), de marcada identidad monárquica, se había retirado acogiéndose a la ley Azaña y residía en Argentina en 1936. A los veinte días de empezada la guerra se presentó en España, uniéndose a la columna que marchaba sobre Guipúzcoa. Jefe del estado mayor de las brigadas navarras, se le considera ya el ‘super-jefe de Estado Mayor’ del ejército del Norte (puesto que luego ocupa realmente) y, por ende, de todas las operaciones emprendidas por Franco desde III-1937, con quien la colaboración fue continua. Por su participación en la campaña del Norte recibió la medalla militar y el ascenso a general.
Después de la guerra ascendió rápidamente a general de división y teniente general y ocupó el Ministerio del Aire, debiéndosele la fundación de la Academia General del Aire y el comienzo de la construcción del Ministerio estilo escurialense. En 1945 pasó a dirigir la Escuela Superior del Ejército y, a poco, la jefatura del Alto Estado Mayor. Su retiro, en 1948, no implicó falta de actividad, distinguiéndose en la dirección del INTA, y la negociación de los acuerdos militares con Estados Unidos de 1953. [FP 23]
No se le debe confundir con su hermano Jorge, también monárquico y militante de Acción Española. Éste era general retirado y escritor militar, estuvo entre los acompañantes del infante D. Juan en fugaz entrada en España el 1-VIII-36 y luego sería ministro de Obras Públicas entre 1957 y 1965.
––– El coronel Antonio Aranda Mata (1888-1979) pertenecía al entonces cuerpo de Estado Mayor, en el que destacaba. Cuando recibió el mando de la Comandancia exenta de Asturias se aplicó a estudiar la posible repetición de la revuelta socialista de 1934, durante la cual la guarnición militar ovetense se había comportado sin plan y muy flojamente, sosteniendo la defensa principalmente las fuerzas de Guardia Civil, Carabineros y Asalto con algunos voluntarios, mientras el Ejército casi se inhibía. Había preparado un plan muy elaborado para no volver a incurrir en las deficiencias observadas.
Con muchas dificultades y alguna artimaña, declaró el estado de guerra en Oviedo, como se había comprometido, el mismo día que Mola (19-VII), aunque que a última hora, y se dispuso a soportar cerco, sitio, asedio y asalto de una capital de provincia sin luz eléctrica y escasez de agua, con pocos efectivos relativamente –que padecieron 70% de bajas–, extendiendo su resistencia tres meses[13].
Laureado por su defensa inicial, tuvo que repetirla dos veces más (XI-36 y II-37) ante fortísimos intentos renovados de cortar el precario pasillo que comunicaba Oviedo con la retaguardia, para pasar luego a la ofensiva en los dos meses finales traspasando la divisoria entre León y Asturias.
En el invierno de 1937, Franco le entregó el mando del cuerpo de ejército de Galicia y fue al que encomendó en primera instancia el socorro de Teruel. Con el cuerpo de Varela a su derecha, y más tarde el de Yagüe a su izquierda, Aranda culminó la recuperación de Teruel tras ardua batalla.
En la batalla de Aragón efectuó el extremo meridional del avance, cabiéndole en suerte llegar el primero al Mediterráneo (victoria capital de partir en dos la zona enemiga). A continuación, su cometido consistió en avanzar por la costa hacia Valencia, camino el más arduo por ser necesariamente frontal y estar los republicanos apoyados en alineaciones montañosas transversales. Pese a ello, entró en Castellón antes de quedar detenido en Nules, frente a la sierra de Espadán, esperando su envolvimiento desde el interior, que no se produjo por la batalla del Ebro.
Aunque menos que los otros generales citados, fue compañero del itinerario de Franco en la campaña de Asturias y en la batalla de Teruel. [FP 24]
––– Rafael García-Valiño y Marcén (1898-1947) ostenta la carrera más brillante del ejército nacional: comandante moderno en 1936 (38 años), fue nombrado general de brigada efectivo por méritos de guerra el 28-II-39, con antigüedad de 16-XI-38.
Inicialmente en Zaráuz, consiguió pasarse a Pamplona y se le encomendó el mando del recién constituido tercio de Montejurra (1-VIII-36)[14], al frente del cual cayó herido en San Marcial (1-IX-36). Volvió a tiempo de completar la campaña de Guipúzcoa y durante el ‘Parón del Norte’ ascendió a teniente coronel y recibió el mando de la Iª brigada de Navarra. Al frente de ésta, en la campaña de Vizcaya participó en las acciones más señaladas: Sebigáin, envolvimiento de los Inchortas por Udala, entrada en Durango, disputa del Bizcargui, ruptura del ‘Cinturón de Hierro’ por Gastelumendi y envolvimiento de Bilbao al otro lado del Nervión por Pagasarri.
En la campaña de Santander avanzó de Reinosa a Torrelavega y en la de Asturias volvió a actuar en los combates más señalados: el Mazuco y paso del Sella. En medio del avance le llegó el ascenso a coronel y en la pausa posterior al final del frente Norte la jefatura de la ahora 1ª División de Navarra y la Medalla al Mérito Militar por toda su campaña cantábrica.
En el frente de Teruel su unidad alcanza la Muela en el intento de socorro y luego participa en la ruptura del Alfambra y en la recuperación de dicha capital de provincia.
Después vienen los momentos de mayor gloria: en torno a su división se articula un destacamento de enlace que actúa en punta en las sucesivas rupturas del frente de Aragón y se infiltra hasta Gandesa. Y en la campaña de Levante la actuación de su Destacamento de Enlace resulta capital para forzar el avance, flanqueando alternativamente, de un frente atacado sin la conveniente superioridad de efectivos.
Planteada la batalla del Ebro, las fuerzas de García Valiño son elevadas a cuerpo de Ejército del Maestrazgo y primero operan en el lento ataque frontal hacia Camposines para realizar luego la resolutoria ruptura por Caballs.
Finalmente, su cuerpo de ejército avanza por Cataluña en la ruta que marcan las poblaciones de Artesa de Segre – Manresa – Vich – Olot y Besalú.
Testimonio de la reiterada actuación en punta de lanza de su división y de la agrupación en torno a la misma fue esta coplilla que le dedicaron sus soldados: “Aunque el general es joven / y tiene cara de niño, / hay que joderse, señores, / donde nos mete Valiño”. [FP 25]
En resumen: prácticamente todas las grandes batallas de la guerra cuentan con la participación destacada de alguno de estos cuatro generales: Yagüe, Varela, Solchaga y García Valiño; sólo en las acciones del valle del Guadiana no comparece ninguno de ellos. [Cuadro]
Si se observan los diferentes militares reseñados hasta aquí, Franco era más joven que casi todos ellos, y sólo le sobrevivieron Aranda y Medrano. Por otra parte, sobresale la disparidad de posturas políticas que, sin embargo, no obstaculizó la eficaz colaboración hasta alcanzar la victoria.
De dichos generales ninguno recibió puestos políticos, exceptuando el Ministerio del Ejército, que desempeñaron Dávila (dos veces, 1938-1939 y 1945-1951), Varela (1939-1942) y Barroso (1957-62). Y el nuevo Ministerio del Aire: Yagüe (1939) y Vigón (1940-1945). Aunque otros militares ocuparon puestos en la Administración, incluso de ministros, los grandes vencedores señalados no salieron nunca de la órbita militar.
Todos los que hemos citado como colaboradores próximos y señalados alcanzaron el empleo de teniente general y mandos en consonancia. El temprano fallecimiento de Martín Moreno no dio lugar para éste, y el joven capitán Medrano se retiró como general de División en 1968 (ascendió en 1961) por lo hinchado del escalafón, no sin haber sido Subsecretario del Ejército.
Además, a muchos de ellos –no a todos– les concedió títulos nobiliarios, a veces póstumamente.
Así a Mola (duque, 1948); marqueses a Dávila (1949), Varela (Varela de San Fernando, 1951), Yagüe (de San Leonardo de Yagüe, 1952), Vigón (1955), Kindelán (1961), Cervera (de Casa Cervera, 1961) y conde a Martín Moreno (1961)[15]. Llama la atención que estén ausentes los nombres de Orgaz, Aranda, Solchaga y García Valiño[16]; debe entenderse como la apreciación de su alto grado de oposición, puesto que otros compañeros suyos en actividades juanistas sí lo recibieron.
La mayoría hubiera preferido la laureada que por fin obtuvo Queipo (1944) a esos títulos sin arraigo ni sustancia.
Y casi todos mostraran –al menos en algún momento – posturas o veleidades de oposición a su Régimen, aunque sin romper nunca con él ni desdeñar sus prebendas. Era lógico, por otra parte, que los generales con ese grado en 1936 y méritos más que señalados en la guerra siguieran considerando a Franco en su fuero interno o su subconsciente como un primus inter pares, a diferencia de las promociones siguientes, para quienes Franco era indiscutible.
En la tabla siguiente anotamos las fechas de ascenso superior, puesto más relevante y muerte[17]:
| NOMBRE | Nacido | TTE. GRAL. | DESTINOS DESTACADOS | TÍTULO NOBILIARIO | MUERTE |
| F. Franco | 1892 | Generalísimo, 1936 | 1975 | ||
| F. Franco Salgado-Araújo | 1890 | 1953 | Vª Región, 1953
Jefe de la Casa Militar, 1954 |
––– | 1975 |
| F. Martín Moreno | 1879 | ––– | Jefe del Alto Estado Mayor, 1940 | Conde, 1961 | 1941 |
| A. Barroso | 1893 | 1955 | Jefe del Estado Mayor Central, 1949
Jefe de la Casa Militar, 1956 Ministro del Ejército, 1957 |
––– | 1982 |
| C. Medrano | ––– | Subsecretario del Ejército, 1964 | ––– | 1969 | |
| E. Mola | 1887 | 1941 | ––– Fallecido | Duque, 1948 | 1937 |
| Orgaz | 1881 | 1939 | Jefe de las fuerzas de Marruecos, 1942 | ––– | 1946 |
| Varela | 1891 | 1941 | Ministro del Ejército, 1942
Alto Comisario en Marruecos, 1945 |
Marqués, 1951 | 1951 |
| A. Kindelán | 1879 | 1940 | ––– Postergado | Marqués, 1961 | 1962 |
| F. Dávila | 1878 | 1939 | Ministro del Ejército, 1938 y 1945 | Marqués, 1949 | 1962 |
| G. Queipo de Llano | 1875 | 1939 | IIª Región ––– Postergado | Marqués, 1950 | 1951 |
| A. Saliquet | 1877 | 1939 | Iª Región | Marqués, 1950 | 1959 |
| J. Yagüe | 1891 | 1943 | Ministro del Aire, 1939
VIª Región |
Marqués, 1952 | 1952 |
| J. Solchaga | 1881 | 1943 | Regiones VIIª y IVª | ––– | 1953 |
| Juan Vigón | 1880 | 1943 | Jefe Alto Estado Mayor, 1939 y 1945
Ministro del Aire |
Marqués, 1955 | 1955 |
| A. Aranda | 1888 | 1976 | Escuela Superior del Ejército, 1940
––– Postergado |
––– | 1979 |
| R. García Valiño | 1898 | 1947 | Jefe Estado Mayor Central, 1940
Alto Comisario en Marruecos, 1951 |
––– | 1972 |
Hasta el capitán de la Guardia Civil que mandó su escolta alcanzó también el grado de general de división.
Los breves apuntes que acabamos de exponer muestran a un Franco capaz de relevar más de una vez a sus colaboradores cuando apreciaba que no cumplían satisfactoriamente, pero capaz también de retomarlos más adelante y de conservar relaciones personales. Nadie discute su trato frío y que sobrepusiera los intereses del servicio a otras consideraciones. Su ayudante y pariente, en sus críticas memorias, entiende que no lo era de fondo, sino de expresión muy contenida. En todo caso, su comportamiento en este aspecto parece que se mantuvo dentro del cálculo y que no fue pródigo en las recompensas.
Por último, podría olvidarse, y se debe dejar constancia, de una relevante ausencia: ningún consejero, asesor, agregado u oficial de enlace, alemán o italiano, formó parte de su séquito, menos aún de sus círculos de confianza, por mucho obsequio con que se los tratara. Sobran otras palabras para subrayar la cuestión.
Concluyamos: solamente el itinerario bélico de Franco refleja ya a un excepcional militar, que se ganó con su esfuerzo la Victoria en la guerra que entendió como Cruzada de Liberación Nacional.
[1] Como hemos visto más arriba, al menos en las jornadas de Salamanca a Burgos de 11/12-II-37 y 5/6-VI-37 ¿y hasta Vitoria y más allá?
[2] No podemos evitar que nos venga a la memoria la conclusión del Cantar de Mio Cid: “Ved cual honra crece al que en buena hora nació, / Cuando señoras son sus hijas de Navarra y Aragón. / Hoy los reyes de España sus parientes son; / A todos alcanza honra por el que en buena hora nació”.
[3] Vid. Eugenio Vegas Latapie, Los caminos del desengaño, p. 80. Vegas atribuye a Martínez Fuset la fama de haber sido masón.
[4] En 1940 aparecieron tanto Operaciones militares de la Guerra de España de Luis María de Lojendio (Barcelona, Montaner y Simón, 636 pp.), como la primera edición de la Historia militar de la Guerra de España (1936-1939), de Manuel Aznar, que se reeditó ese mismo año y en 1958 y 1967.
[5] Miguel Platón, El primer día de la guerra, p. 681.
[6] Jesús N. Núñez Calvo, General Varela. Diario de operaciones 1936-1939, p. 47.
[7] Y aún se añadiría otro (el de Yagüe) para envolver el Alfambra.
[8] En 1939 realmente lo era en número de aparatos y experiencia de combate. Su talón de Aquiles, en momento de acelerada sustitución de modelos, era la dependencia absoluta de las industrias alemana e italiana para la adquisición incluso de repuestos, por lo que inmediatamente se convirtió en una fuerza de nuevo anticuada y debilitada.
[9] En primera instancia Franco ofreció a Moreno el puesto de Jefe del Estado Mayor de la Armada a su lado. Fue Moreno quien prefirió el mando operativo a flote y propuso por razón de grado, antigüedad y trayectoria a Cervera.
[10] En el Alfambra, las divisiones 1ª, 4ª, y 82, sí contaron con las banderas IIIª, Vª y VIIª.
En la maniobra de Aragón, las divisiones componentes: 5, 13, 15 y 150 incluyeron a las banderas IVª, VIª, y XII, y llevaron afectadas las XIV y XVI.
Cuando cubrían la línea del Ebro, antes de que el enemigo lo cruzara, las divisiones 13, 40, 50 y 105 incluían las banderas IVª y VIª, además de las no divisionarias XVI, XVII y XVIII (estas dos incompletas).
Respecto del largo contrataque a la cabeza de puente republicana en el Ebro, resulta complicadísimo calcular las unidades legionarias que estuvieron en algún momento a las órdenes de Yagüe, puesto que sólo en divisiones se deben enumerar las 4, 13, 40, 50, 53, 82 y 152.
Y en la campaña de Cataluña las divisiones 13, 50 y 105 encuadraban sólo la IVª y VIª banderas.
Comparativamente, cuando dejó el mando de la Agrupación de Columnas de Vanguardia en Maqueda, ésta se componía de 4 banderas (Iª, IVª, Vª y VIª) y 8 tabores; entonces la Legión suponía un tercio de su fuerza y él dispuso a sus órdenes de los dos tercios de banderas en servicio.
[11] ¿Por qué no pudo suceder esto mismo simplemente en Maqueda?
[12] Evidentemente, el ‘golpe de hoz’ de mayo de 1940, desde Sedán al mar (más de 250 kilómetros en 10 días) es un éxito incomparablemente superior en todos los sentidos. Sólo que también en el de la capacidad de las fuerzas empleadas. Las fuerzas de Yagüe no eran Panzerdivisionen, sino de Infantería, que sólo en Aragón emplearon cierta motorización, y el carácter de ‘puño blindado’ de dos compañías de ‘negrillos’ Pz I y una de T-26 resultaba irrisorio dos años después.
[13] Si comparamos con el Alcázar de Toledo, la defensa de éste impresiona más por lo reducido del recinto asediado, sobre el cual se concentraba el bombardeo artillero y bajo el que se volaron dos importantes minas.
Sin embargo, si atendemos a las cifras, la defensa de Oviedo fue mucho más efectiva y sangrienta, aparte de prolongarse un 14% más de días:
– En el Alcázar, Moscardó contó con 1.200 combatientes para defender un perímetro inicial que no pasaba de 800 metros y la carga de unos 550 no combatientes; padecieron 90 muertos (7,5%) y 550 heridos (otro 46%). Para Oviedo, Aranda dispuso de 2.800 soldados y miembros de las fuerzas de orden público, 850 voluntarios iniciales y 700 posteriores: 4.350 combatientes, con el cargo de una población civil de unas 42.000 personas, muchas de ellas desafectas. El desarrollo de las líneas iniciales no bajaba de la docena de kilómetros; la línea final de repliegue todavía se extendía más de 6 km para los 500 defensores útiles y 100 heridos restantes. Las bajas totales (que no muertos) de los combatientes se cifran en 2.700 y 1.000 para los civiles. Es decir, en Oviedo la mayor guarnición no compensaba su muy superior empeño defensivo y las bajas proporcionales fueron también superiores.
– El Alcázar quedó oficialmente alzado contra el Gobierno el 21-VII y fue liberado el 27-IX-36: son 69 días. En Oviedo se declaró el estado de guerra el 19-VII y la ruptura del cerco tuvo lugar el 17-X: 91 días.
Las precarias condiciones de la defensa del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza quedan numéricamente fuera de toda comparación: 350 combatientes y 830 no combatientes; resistieron (15-IX-36 a 1-V-37) 229 días de hostilidades (y un mes previo de aislamiento); sólo el perímetro de las posiciones del Santuario se extendía unos 2 kilómetros y padecieron la muerte al menos 85 combatientes (de los 270 uniformados: más del 30%) y 65 civiles.
[14] Como curiosidad debe decirse que cuando llegó a mandar grandes unidades en todas ellas siempre formó dicho tercio de requetés.
[15] También ennobleció a los siguientes militares: duque, Carrero Blanco (1974); marqueses, a Queipo de Llano (1950), Saliquet (1950), Moreno (de Alborán, 1950), García Escámez (de Somosierra, 1952), y condes a Moscardó (1948) y García Morato (del Jarama, 1950).
[16] Éste fue uno de los 19 procuradores en Cortes que en 1969 votaron no al nombramiento de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco a título de rey, pero no por carlista, como podría suponerse por sus antecedentes familiares y ejecutoria bélica, sino por juanista.
[17] Sobre fondo gris en el caso de los honores póstumos; sobre trama de puntos los nacidos o fallecidos después que Franco. Sigue destacando entre casi todos estos militares por su juventud y longevidad.
