Ciertamente hay cosas que por mucho que quieran quiénes de quererlo hacen oficio no hay modo de negarlas: «El Frente Popular español -creado por la Internacional de Moscú, por cuyo encargo se ocupó el agitador Bela Kun, en abril de 1936, de explorar el ambiente político de España, y sobre todo, de Barcelona-, no dejó de estar al servicio de aquella en ningún momento, sin que el influjo soviético fuera debilitándose durante el curso de la lucha civil»… La verdad es que esa influencia soviética culminaría en los últimos meses de la guerra, cuando la obediencia comunista del Dr. Negrín provocara nada menos que un golpe de Estado en lo que todavía era España republicana, haciendo que el coronel Casado y sus seguidores se manifestaran anticomunistas, no con palabras, sino con pelotones de fusilamiento.
Con toda honestidad, sin animaversión para conducta alguna, con respeto para los errores ajenos y sentimiento por los propios, nadie puede negar ni ahora ni nunca que el Comunismo llegó a ser dueño y señor de la República española hasta llevarla a trance de agonía y de muerte. La Prensa y otros medios de comunicación, el Ejército popular, el Comisariado político… Y en el «Hotel Gaylord» aquella Misión Militar Soviética, que era llamada «Estado Mayor Amigo»… Y para redondear la moneda, aquel envío a Rusia de nuestras reservas de oro. Pero «la intrusión del comunismo soviético en la España republicana se advierte de un modo especial en la organización del terror y en las actividades de la Policía»…
Pruebas son amores. En el «Hotel Gaylord»> estaban instalados unos delegados de la «GPU» soviética. Se hacían llamar camaradas, Coto, Pancho y Leo. Como plana mayor, José Ocampo y varias mujeres intérpretes. Este equipo instruía у orientaba a la Policía española, la de Madrid sobre todo, en métodos y técnicas de investigación probadas ya en la propia Unión Soviética. ¿Un ejemplo de técnica refinada?: «… la peculiar táctica bolchevique de infiltración y provocación entre los elementos sospechosos, para hallar de éste modo pretexto para la aplicación de medidas represivas de la máxima dureza». Todas las policías, oficiales o paraoficiales, estaban en cierto modo sometidas a estos expertos, que acudían a las cárceles cuando lo consideraban necesario para dirigir personalmente determinados interrogatorios.
Hay en la «Causa general» muchas pruebas, que sería tremendo repetir aquí. El curioso lector, que vaya a buscarlas, que no le costará esfuerzo alguno encontrarlas. Pero hay algo que no puedo dejar en el aire, porque es una de las pruebas más claras de como actúa el Comunismo con mayúscula en las ocasiones que considera decisivas. Técnica y táctica que, dicho sea de paso, no ha cambiado absolutamente nada, y aún puede que se haya perfeccionado. La delegación en Madrid de la «GPU» se puso de acuerdo con los mandos superiores del Partido Comunista español, y con la colaboración de las autoridades del Frente Popular se tomó el trabajo, coronado por el éxito, de la destrucción del famoso «POUM», es decir, el «Partido Obrero de Unificación Marxista», disidente del Comunismo oficial. No le valió al POUM su colaboración y su entrega desde el inicio de la Guerra civil. Cuando el Partido Comunista le pareció llegado el momento de la dramática lección para otros posibles disidentes, le bastó con acusar al POUM de tratos con el enemigo. El POUM quedó disuelto, sus mandos encarcelados, sometidos a juicio por la alta traición, y su jefe, Andrés Nin, desparecido del mundo de los vivos y de los muertos, puesto que nunca más volvió a saberse de él.
Insisto, que si alguien tiene curiosidad por saber todo lo relacionado con Andrés Nin y el «POUM» no han de faltarle informaciones abundantes, desde las declaraciones en la «Causa general» de testigos directos del caso, hasta libros escritos por Comunistas y no comunistas, buscando cada cual la justifieación de conductas claras o no muy claras. Sobre todo, será interesante leerse, al cabo de tantos años, el informe presentado en su día por el abogado Gregorio Peces-Barba del Brio, que el Gobierno’rojo había nombrado Fiscal para el caso de la desaparición de Andrés Nin. Según Peces Barba, el procedimiento se instruyó por deseo del propio Ministro de Justicia, que era Irujo, preocupado por la campaña de Prensa sobre el caso; cuando el sumario había llegado a determinado nivel investigador, y testigos o actores del suceso, como Vázquez Baldominos, Valentí, Rosell, Uceda y otros, podían levantar el velo de lo que el Gobierno quería mantener tapado, se ordenó suspender la tramitación del Sumario; como el Partido Comunista español no es sino una Sección de la III International y de ella recibía órdenes ineludibles, Peces Barba creyó siempre «que Andrés Nin no fue ejecutado en España».
Este asunto negro trajo problemas. Los españoles, incluidos los comunistas, son rebeldes por naturaleza a las imposiciones del exterior. A nadie le extrañará que un «Comité Regional del Centro de las Juventudes Libertarias» distribuyera un «manifiesto» contra la acción comunista en el caso de Andrés Nin. Los libertarios no se andaban entonces por las ramas, y sus acusaciones fueron concretas. Según ellos, el Delegado de Orden Público de Madrid, José Cazorla, comunista de militancia o de afectos, al incautarse de la emisora y el periódico del POUM no había hecho sino obedecer órdenes del Partido Comunista… El «manifiesto» no tiene desperdicios: «… cientos de trabajadores honrados han sido apaleados y maltratados en las cárceles clandestinas… (que) controla el Partido Comunista para que el señorito Cazorla pueda satisfacer sus instintos dantescos… (y es) necesario que todo el pueblo de Madrid conozca que Cazorla es el asesino de los trabajadores y el que ha organizado la checa para impedir que los trabajadores honrados sean revolucionarios…» Insisto en que esto lo escribieron los muchachos del «Comité Regional del Centro de las Juventudes Libertarias». No son cosas mías.
