Desde varios medios de la prensa le llamaron para entrevistarle. Respondió de forma negativa casi siempre, y pidió que se escribiera sobre la División y cuantos habían compartido con él el cautiverio. Hizo pocas excepciones, una con el diario Pueblo, que publicó el 12 de agosto de 1972 la entrevista realizada por Manuel F. Moles en Potes.
El periodista destacó el tono y el contenido mesurado de sus palabras, las catorce ediciones de su libro y sus partidas de tute y mus con Grijas.
Una parte de las preguntas y respuestas son las siguientes:
«- ¿Cómo es el recuerdo?
– (Responde) Tiene que ser forzosamente una pesadilla. Por los que cayeron.
– ¿Qué aguanta al hombre firme empeñado en dejarse la vida cuando la muerte se apodera de todo?
– El concepto del deber. Hay que hacerlo así y olvidarse de todo.
– ¿Y el miedo, no está en la batalla?
– Por supuesto que sí; pero hay que sobreponerse. Hay que permanecer en el sitio, aunque sea con miedo.
– Pero el hombre, a veces, flaquea, le tiemblan las piernas…
– Nunca se pierde la esperanza de la victoria y de salvar la vida. Aunque en esos momentos la vida no importa. Ahí gana el amor por la Patria. Aunque la procesión vaya por dentro.
– Recuerdo un «slogan» italiano que decía: La guerra es bella, pero incómoda. Tal vez fuera una ráfaga de humor latino…
– De bella no tiene nada. La guerra es siempre una bestialidad; pero aunque los pueblos tienen la obligación de rehuirla, hay que hacerla cuando las circunstancias lo imponen. De cualquier modo es brutal.
– ¿Ha vuelto usted al escenario de Krasnij-Bor, allí en donde murieron casi todos sus hombres, allí en donde solo tres quedaron sanos?
– Al regreso de los once años de prisión, pasé en el tren cerca de aquellos campos. Sentía dolor y satisfacción al mismo tiempo. Dolor por los soldados que allí quedaron. Satisfacción por el deber cumplido, por no haber retrocedido ni un palmo al ataque.
– ¿Ha soñado alguna vez con el trueno de los cañones, con el lamento de los heridos, con todo aquello?
– Sí; he tenido pesadillas. Es lógico.
– ¿Es usted un héroe?
– Yo me limité a ser un soldado.
– ¿Volvería ahora a Rusia?
– No tendría ningún inconveniente. Entonces fui a luchar contra el comunismo. A devolverles la visita. Ahora viajaría como un ciudadano más.
– ¿Le interesa la política hoy?
– No; aunque no me desentiendo de ella. Lo mío es el Ejército.
– ¿Cuáles son los nuevos embajadores en los nuevos infiernos de ahora?
– No sé; no vale comparar.
– ¿Cómo le llama la gente?
– La mayoría, fuera del servicio, todavía me dicen capitán. La familia y los amigos, Teo.»
