Maniobras en el Banco de España – El oro a Moscú- La Banca privada El dinero de los mandamases rojos depositado en el extranjero – Nombres y detalles de los beneficiarios – La Guerra no fue una broma
Datos claros: «El Gobierno marxista atentó gravemente contra los intereses económicos de España, expoliando -por medio de apariencia legal unas veces y de franca violencia otras- una incalculable riqueza, cuya desaparición representó para la vida económica y el bienestar material de la Nación, durante mucho tiempo, un rudísimo quebranto…» El resto es obvio: «… del que se ha repuesto gracias al constante esfuerzo del Caudillo y de su Gobierno». A Dios lo que es Dios… Ya se que no faltará quien al leer esta parte del libro dirá con enfado que «ya está bien, que se ha repetido mil veces…», pero yo respondería si me lo preguntaran que como he dicho en otros pasajes anteriores «lo hecho, hecho está, y es inútil querer borrarlo, cơmo si no hubiese ocurrido nada».
<A los pocos días de iniciarse el Movimiento Nacional, el Gobierno rojo, a pretexto de intervención en los cambios, consiguió que el Banco de España hiciera una serie de remesas en libras esterlinas al Banco de Francia, ascendiendo lo remitido por este concepto, desde el mes de julio de 1936 al mes de enero inclusive de 1937, a la suma de 21.964.444 libras esterlinas». Realmente, es un buen dinero, entonces y ahora. Pero hay más: «Para apoderarse de las existencias metálicas existentes, el 13 de septiembre de 1936, siendo ministro de Hacienda Negrín, dictó el Gobierno rojo un decreto reservado, por el que, bajo pretextos relativos a la seguridad del oro, obligaba al Banco de España a que entregarse el oro que poseía, para llevarlo -según decía el decreto- a un lugar más seguro». Eso sí, la legalidad por delante, el decreto afirmaba: «El Gobierno dará cuenta en su día a las Cortes de este Decreto». Y se hizo «tal cual», como dice un moderno slogan publicitario.
El día 14 de septiembre de 1936, llegaron fuerzas de Carabineros y Milicias, enviadas por el Ministerio de Hacienda, previo acuerdo con los Comités políticos y sindicales, sobre todo el que funcionaba en el propio Banco de España. Era Director General del Tesoro Francisco Méndez Aspe, y a éste correspondió dirigir la maniobra. Se abrieron las cajas que guardaban el «tesoro», у durante varios días, porque había mucho, se estuvieron los encargados del expolio saca que te saса dinero y más dinero, oro y más oro… Si alguno vive deberá soñar cada noche con aquel inmenso caudal sólo para ser soñado, como las maravillas de las mil y una noches. Más de 2.184 millones de pesetas oro, que eran equivalentes a más de 5.199 millones y medio de pesetas efectivas… Colocado el oro en cajas adecuadas fue llevado a la Estación de Atocha, y de allí, a Cartagena, donde se guardó el tesoro en el polvorín de «La Algameca». Todo, cumpliendo órdenes de Negrín; parte del oro se llevó a Francia, y parte, al Extranjero en general. Si todavía anda por ahí alguno vivo de los tripulantes del «Tramontana» recordará las «mil novecientas treinta y ocho cajas» de oro transportadas por su barco a Marsella. Y acaso vivan los pilotos de los aeroplanos que llevaron oro a Toulouse…
El 25 de octubre de 1936 apareció en el polvorín, convertido en cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones, Méndez Aspe, que no era sino un «mandado» de Negrín, y pasó nada menos que siete mil ochocientas cajas de oro (de setenta y cinco kilos cada una, aproximadamente) a tres buques rusos: «Kine», «Neve» у «Volgoles». ¿Rumbo de los barcos?: Odessa. ¿Dónde está eso?: en Rusia. Cuando el oro ya marchaba a mar abierta, los secuestradores del oro regresaron al Banco de España y sacaron la plata, que también llevaron a Cartagena. ¿Mucha plata?: más de 344 millones de pesetas, que no es ninguna broma. Y entonces menos broma todavía. Cuando ya no quedaba nada que sacar del Banco de España, la mirada de los preocupados por la suerte de las reservas en oro y divisas de España se volvió a la Banca privada. Si en ella se guardaban dinero, divisas, valores y efectos privados de propiedad de particulares, ¿por qué dejarlo todo allí sin sacarle jugo? Una serie de decretos de octubre de 1936 hicieron factible que la Banca privada entregara en oro, amonedado o no, la cantidad de más de cinco millones de pesetas oro, y además gran cantidad de divisas. Las divisas fueron puestas a disposición del Gobierno, y los valores extranjeros, tres cuartos de lo mismo.
¿Ya era bastante?: no. En octubre de 1936 son nombrados por el Gobierno una serie de Jueces especiales de Contrabando, para legalizar la apertura de cajas de alquiler en los establecimientos bancarios. El resultado fue un botín incalculable. Pero lo mejor tuvo lugar el 6 de noviembre, cuando el Gobierno había tomado la decisión irrevocable de abandonar Madrid y trasladarse a Valencia, porque los tiros de los nacionales podían oírse ya. Aquella noche aparecieron en el Banco de España, con el Director General, Méndez Aspe, el capitán Masegosa, y a sus órdenes nada menos que cincuenta o sesenta metalúrgicos y cerrajeros capaces de abrir lo que le pidieran. Abrieron, sin mayores trabajos, nada menos que 3.959 cajas, y se lo llevaron todo, claro: oro, valores, alhajas… Violentaron también los depósitos de joyas, y el resultado no pudo ser mejor: casi dieciséis millones de pesetas. Eso era lo declarado al depositario, pero el Banco calculaba que el valor real era diez veces mayor. Pongamos, ciento cincuenta millones.
Acabado el dinero, las joyas y el oro, ¿acabó también el expolio?: no. «Entre otras muchas cosas de inestimable valor, los asaltantes se apoderaron de dos depósitos de «radium», de la Facultad de Medicina, valorados en 400.000 pesetas; dos depósitos de lingotes de oro, de la Sociedad de Metales Preciosos, de un valor de 713.356’32 pesetas; el tesoro de la Catedral de Toledo; el del El Escorial; las joyas de S.A. la Infanta doña Eulalia de Borbón, heredera de la Reina doña Isabel II, consistentes en collares de perlas y brillantes, aderezos, pulseras y otras alhajas, mantillas, encаjes y una colección de abanicos, todo de un valor incalculable…» Y así por el estilo, lo que había en las cajas del marqués de Zahara, de la duquesa de Santa Elena, del vizconde de Eza, del marqués de Ciloeches, y varios propietarios no titulados… Cuando el comandante Angulo, por orden expresa de Méndez Aspe, preparaba el traslado a Valencia de todo el tesoro, y los Bancos protestaron tímidamente, alegando que no les parecía correcto autorizarlo sin conocimiento de sus clientes interesados, el comandante les advirtió que «no estaba dispuesto a aceptar dilaciones». En aquel tiempo, una advertencía así hacía sudar frío la palma de las manos de muchos que ahora presumen de valientes.
El texto de una famosa Orden del Ministerio de Hacienda es lo bastante explícita para no necesitar aclaraciones. La llevaba el comandante Ciriaco López cuando Méndez Aspe le ordenó incautarse de cuanto hubiera en las cajas y depósitos privados. La Orden tiene fecha de 23 de marzo de 1938, y dice así: «Con el fin de salvaguardar los intereses de los titulares de cajas y depósitos de toda la Banca acreditada en territorio leal al Gobierno de la República, procede que unos y otros pasen inmediatamente al Estado para que el Ministerio de Economía adopte las precauciones indispensables que garanticen en todo momento la integridad del contenido de dichas cajas y depósitos, disponiendo que en el plazo de cuarenta y ocho horas se proceda a entregar al Ministerio de Hacienda y Economía, a través de los Delegados especiales que se designarán, las cajas y depósitos de pertenencia de ciudadanos españoles». Lo increíble: casi cinco mil cajas violentadas, y de ellas alhajas, perlas, piedras preciosas de valor incalculable, alfileres, pendientes, sortijas, pulseras, cadenas, relojes… No se recuerda un robo colectivo mejor organizado desde los propios despachos de las autoridades oficiales. Aparte, por supuesto, de las requisas llevadas a cabo por patrullas que operaban por su cuenta riesgo.
No estará de más recordar aquí que el Gobierno marxista empezó a trabajar con la destitución de los Consejos de los Bancos; por un decreto de 30 de octubre de 1936, el propio Gobierno planeaba la sustitución de aquellos Consejos por un Comité directivo, integrado por elementos obreros pertenecientes a la UGT, que en unión de los Comités de Empresa eran de hecho la verdadera y suprema autoridad de los Bancos. Consta con pruebas suficientes que por uno u otro procedimiento, con una u otra justificación y pretexto, fueron extraídas de las cuentas particulares sin la firma del titular «enormes cantidades, ascendiendo lo cobrado por éste concepto en la Banca privada a la suma de 70.261.268 pesetas». ¿Quién firmaba esos talones que nunca firmaron sus titulares?: el Delegado del Consejo Superior Bancario, la Agencia ejecutiva, los ministerios, los tribunales populares, los juzgados, la Caja de reparaciones, los comités de control… ¿Qué más daba?
No vale la pena llenar la página de números para sumar todo lo expoliado. Quien sienta curiosidac por saberlo, en la «Causa general» lo encontrara todo con pelos y señales. Puede ser una lectura muy formativa para personas escrupulosas, que se sonro jan cuando conocen la más leve perturbación en la actividad de quienes tienen el deber de aplicar la leyes y hacerlas cumplir. Aparte del «Vita», usu fructo exclusivo de Indalecio Prieto y sus amigos que es un suceso perfectamente divulgado y conoci do, que todavía colea en nuestras relaciones con Méjico, «según informes dimanantes de la documentación y libros del Banco de España, de producto de la venta de libras esterlinas a los Bancos de Francia, en cantidad de 21.984.444 libras, aparecen fuertes cantidades de millones de francos situados en Bancos extranjeros a favor de personas identificadas con el Gobierno…» ¿Se saben los nombres? Ya lo creo, y el dinero asignado a cada uno. Alvaro de Albornoz, Araquistain, Gordón Ordás, Rafael Méndez, Daniel Fernández Shaw, Fernando de los Ríos, Juan Negrín… ¿Para qué seguir? En la «Causa general» están los nombres, los dineros y los Bancos en que cada uno pidió que le depositaran el suyo.
Hacer de una España semejante la décima potencia industrial del mundo ha sido una obra de gigantes. Y ahí está… Aquí no se dijo como entonces, «después de mi el diluvio». Aunque llueva a cántaros, no será porque no se ocuparon tres generaciones de arreglar los tejados; los mismos tejados que apedrean para romperlos aquellos que sólo tienen esas tejas para cobijarse. «España y yo somos así, señora», diría el personaje de «En Flandes se ha puesto el sol». Claro que si se puso es porque antes había amanecido. Verdad perogrullesca que no hay quién tire abajo. Y no sólo heredamos del Frente Popular marxista una España arruinada en lo económico, sino corrompida en las costumbres. La explosión de enfermedades venéreas que causaban más bajas que las balas en el frente, los casamientos con facilidades tales que apenas bastaba quererlo para estar casados, el «matrimonio por uso», increíble legalización a efectos de ser consideradas viudas las amancebadas con miliciano muerto en campaña, el aborto legalizado y propagado para general conocimiento de métodos y sistemas, relajación moral derivada de la persecución religiosa, y en definitiva, una tristeza general que costaría muchos años hacer que desapareciera.
No es propaganda adversa para las personas y entidades responsables del fracaso político, social y económico de la Zona roja, y de la pérdida de la Guerra, sino un recuerdo de hechos históricos que no ocurrieron hace siglos, sino apenas la mitad de uno. «Amamos a España porque no nos gusta», dijoquien sabía bien qué decía, y menos nos gustará una España, además de pobre corrompida, y además de inocente, maltratada… Hay quien gasta tiempo en convencernos de que digamos «Zona republicana», «Ejército republicano», «exiliados republicanos»… ¡No quieren que se diga «rojos»!, que fue un adjetivo que ellos mismos utilizaron inventaron. No hay fotografía en prensa y revista de aquel tiempo, en periódicos de Madrid, de Barcelona, de Valencia, que cualquiera puede encontrar en las hemerotecas, en las que no esté la hoz y el martillo con la estrella roja de cinc puntas, como emblema fundamental del acto all representado. Y con el emblema comunista fotos de indudable significación; en particular, con abundancia abrumadora, Stalin, Lenin… y otros jefe comunistas.
Aquí termina mi resumen del «informe» que hizc el Ministerio de Justicia de toda la «Causa general» Comprendo que a nadie le gusta que le recuerder sus pecados de juventud, y que muchos darían un mano por no haberlos cometido. Comprendo, ¡cómo no!, que hay quien tiene empeño en que S olvide todo, pero no lo del vecino, porque seguimo creyendo que sólo lo que hace el otro es pecamino so, y lo que hacemos nosotros, perdonable. Yo sól he querido reunir aquí una serie de datos y noticias informaciones concretas, para que cuando no amenacen, que ya empiezan algunos a hacerlo, co tremendos males y dolores si no aceptamos соn humildad nuestros errores, podamos, puedan cuantos quieran, recordarles a los flacos de que hubo un tiempo no lejano que es preciso tener presente cada día y cada noche, a la amanecida y al anochecer, para pedirle a Dios con el alma entera que nos libre de volver a las andadas. Si los españoles hemos de trabajar juntos y en paz, vayamos adelante, que el camino está trazado y parte de él perfectamente terminado y en uso. No hagamos como siempre, desde Indívil y Madonio, para no ir más lejos. No iniciemos la eterna discusión, de más eres tú y más lo era la tuya, tan castiza y tan enraizada con el corazón de la gente sencilla y las represiones de las letradas. Abramos la mano, y conste que la mía estuvo siempre abierta, y ha estrechado muchas que llegaban del otro lado de la trinchera, pero sin rencor y sobre todo sin espíritu de traición. La Guerra española fue una guerra con todas sus problemáticas y temáticas. No una broma, no un capricho, no una cuenta de regla de tres hecha con tiza en un encerado, al que puede dejar limpio una pasada de bayeta húmeda. Lo que he contado en este libro no hay quien lo borre. Dejésmole quieto, de acuerdo, pero todos, porque no es infrecuente que haciéndose el mudo, alguien hable por los codos, y simulando manquedad, alguien pegue de bofetadas al vecino. Circulando están los golfos del Patio de Monipodio, y aunque muchos no quieran creerlo, más de uno ha empezado a aplicar a la política las viejas y divertidas técnicas que aprendieron a la sombra del gran patriarca de la golfería cervantina.
Todas las guerras tienen un vencedor y un vencido. De muchas quedán vencedores y vencidos eternamente separados. Sigue siendo grave que todavía le acusen a uno en Francia de colaboracionista con los alemanes, o en Rusia por la misma razón, o en Alemania… Vigente están en los Estados Unidos de Norteamérica las viejas divisiones de sudistas y norteños… Y no digamos si las guerras son civiles, entre hermanos, porque el drama alcanza en semejante caso límites irrevisibles de dolor y de amargura. Cuarenta años hace que acabó nuestra Guerra. Sangre y dolor y destrucción, y exilio penoso para muchos, y cárcel y males de todo género para los españoles que la vieron, pero justo es reconocer que a estas alturas, y desde hace ya muchos años, quien ha querido con nobleza olvidar ha olvidado. Puedo hablar con toda libertad, porque jamás tuve privilegios, gané el pan de mis hijos exclusivamente con mi trabajo, que bien sabe Dios, a veces era superior a mis posibilidades humanas; sentí un profundo respeto por quienes fueron mis enemigos, entendí siempre que hubo entre ellos gente decente y honesta, héroesy mártires de sus ideales que pelearon y murieron pensando que lo hacían por una España mejor. Ni su sacrificio ni el de los nuestro ha sido estéril. La España de ahora es de todos, y de todos son los huesos que reposan juntos en el Valle de los Caídos. Allí está el símbolo de la unidad, en la Cruz que se alza en mitad de las tierras de España. Unidad, hermandad, paz para siempre, pero por el amor de Dios, no se diga que aquí no ha pasado nada, que borrón y cuenta nueva, y que hay que pedir responsabilidades a los contables de la victoria Porque esa victoria no fue de unos españoles contra otros, sino de España entera contra el Comunismo, con mayúscula. Y esto es lo que nadie quiere que se diga.
