Soy caballero, soy poeta, soy fraile y soy guerrero.
No temo a nada ni a nadie. Quiero a la Gloria. Desprecio al dinero.
Amo a la Legión y a mi Bandera. ¡Sólo por una Ella feliz se muere!
La Virgen es mujer. ¡Mi Macarena!
Perdido en el mundo, herido en el alma, buscando aventuras, un clarín me canta:
¡Legionarios, a luchar,
Legionarios, a morir!
Y ahora es mi España en peligro quien me llama. ¿A morir? ¡Ya tengo Novia! ¡Soy un Novio de la Muerte! La arrullaré cantando:
Soy un Novio de la Muerte,
que va a unirse en lazo fuerte
con tan leal compañera!
—Legión: ¿me quieres?— la pregunté.
—Sí. Ven conmigo —me dijo, muy dulce y placentera—. Bésame en la boca.
Y adelantó la Bandera.
La besé.
—Soy tuyo en cuerpo y alma. Pídeme, ¡preciosa!, lo que quieras.
—Serás muy valiente. «Acomete ciego y feroz. Desdeña el cañón y el fusil, que tiran lejos. Para ti sólo hay granadas de mano y bayonetas. Acércate a abrazar, luchando, a tu enemigo. ¡Abraza para reñir! ¡Abraza para amar! ¡Abraza hasta lanzar el último suspiro!». «Acude al fuego. Combate sin descanso. Sin contar los días, los meses ni los años». «Sufre contento». Canta, canta siempre:
Soy valiente y leal Legionario…
No te quejes de dolor, de hambre, de sed, de fatiga ni de sueño. ¡Sueña despierto, sueña con el Honor y sueña con la Gloria!
Serás ya siempre pobre. ¡En la Legión ninguno se hizo rico de dineros!
Te llamarán con ansia a la hora del peligro. Acudirás cantando tus cantares:
Mi divisa no conoce el miedo,
mi destino tan sólo es sufrir…
No te ofrecí —¡pues con ello te hubiera deshonrado!— ganancias ni riquezas, palacios ni festines. Te llamé diciendo solamente:
¡Legionarios, a luchar!
¡Legionarios, a morir!
Te ofrecí:
Si en la guerra hallas la muerte,
tendrás siempre por sudario,
Legionario,
la Bandera Nacional.
A ella besas al entrar. Ella te besará eternamente cuando mueras. ¡Tú Bandera!
Mas si oyes el grito de: «¡A mí, la Legión!» «Sea en donde sea, acudirás al Hermano Legionario, con razón o sin ella». ¡Que la Legión es la más grande hermandad del mundo! ¡Todo para ti! Patria, Legión y Hermano Legionario. ¡Nada para mí!
Tu cuerpo ya no es tuyo, ni tu sangre, que son míos. Entregarás tu cuerpo, a trozos o de un golpe. Y verterás tu sangre generosa para fecundar los campos ideales. ¡Que en el surco de oro, en los trigales, ponga tu sangre las dos franjas rojas a la Bandera de España! ¡Roja como la sangre y rubia como el trigo!
¡Canta, Legionario, canta! Que tu Himno heroico contigo lo cantaron los españoles el glorioso 18 de Julio del Primer Año Triunfal. Él lanzó el reto de guerra al marxista traidor y al asesino. Falange y Oriamendi, unánimes, se unieron en cántico de amor y de venganza. Hoy España en tu honor lo entona, entre vítores a Franco, el elegido de Dios para salvarla.
Y cuando suene el clarín: «¡Alto la lucha!» saludarás a Franco y su Bandera. Y volverás a Riffien. A rezar, primero, para dar gracias a Dios, y para luego hablar directamente a nuestros muertos Legionarios.
¡Presentes por España y para siempre!
Y después, a esperar nueva llamada de Franco y de la Patria. Cantando siempre:
Soy valiente y leal Legionario,
soy Soldado de brava Legión;
pesa en mi alma doliente calvario,
que en el fuego busca redención.
Mi divisa no conoce el miedo,
mi destino tan sólo es sufrir…
