Retrato en blanco y negro de Rafael Cabello de Alba y Gracia, ministro de Hacienda durante los últimos años del franquismo, con traje oscuro, corbata y gafas, en una imagen oficial de carácter institucional.
INTRODUCCIÓN
Rafael Cabello de Alba y Gracia fue una de las figuras más destacadas del llamado tecnocratismo franquista en su fase final. Abogado del Estado de brillante expediente académico, desarrolló una intensa carrera administrativa y política que le llevó a ocupar responsabilidades clave en la Diputación de Córdoba, la Dirección General de Previsión y, finalmente, el Ministerio de Hacienda. Su trayectoria refleja la evolución del aparato estatal español desde el desarrollismo de los años sesenta hasta los estertores del régimen franquista y el inicio de la Transición.
Cabello de Alba y Gracia, Rafael. Montilla (Córdoba), 31.VIII.1925 – Madrid, 4.V.2010. Político, abogado y empresario.
Miembro de una familia montillana de clase media profesional, su padre era farmacéutico. Estudió bachillerato en la Academia Politécnica de Montilla y en el Colegio de San Estanislao de Kostka de la Compañía de Jesús en Málaga (1935-1942), a continuación, cursó la licenciatura de Derecho en la Universidad de Granada (1942-1945), estudios que concluyó con tan sólo diecinueve años de edad con las máximas calificaciones, obteniendo Premio Extraordinario con el número uno de su promoción.
En 1950 aprobó las oposiciones de abogado del Estado (ejerció en Cádiz, Córdoba y Madrid), iniciando una meteórica carrera administrativa en el marco del franquismo. Su paso por la presidencia de la Diputación Provincial de Córdoba entre 1957 y 1962 sentó las bases de la cooperación con los municipios (especialmente en materia de construcciones escolares, agua, caminos, mercados, mataderos y educación de sordomudos); durante esta época, también desempeñó el cargo de presidente de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba. Designado director general de Previsión (1962-1966), desarrolló una compleja labor de reestructuración y saneamiento (fue el período en que se promulgaron la Ley de Bases de la Seguridad Social y la Ley de Seguridad Social Agraria, y se inauguraron la clínica Puerta de Hierro y las residencias sanitarias de La Paz y Valle Hebrón), al tiempo que ejerció diversos puestos institucionales y en empresas (consejero del Banco de Crédito a la Construcción, miembro de la Comisión de Sanidad y Asistencia Social del Plan de Desarrollo, vicepresidente del Consejo Técnico de Universidades Laborales, jefe del Servicio de Mutualidades Laborales, vocal del Consejo de Administración de la Caja Postal de Ahorro, etc.).
En 1966 y por unos pocos años abandonó la Administración del Estado para incorporarse a la actividad privada, ocupando la vicepresidencia ejecutiva de Seat durante sus años de expansión.
En 1974 alcanzó el cénit de su carrera político-administrativa, cuando Arias Navarro, quien reemplazó como presidente del Gobierno a Carrero Blanco tras su asesinato por ETA, lo nombró ministro de Hacienda y vicepresidente segundo (del 30 de octubre de 1974 al 12 de diciembre de 1975) en sustitución de Antonio Barrera de Irimo, quien dimitió por solidaridad con el también ministro Pío Cabanillas, obligado a dimitir por sus posturas aperturistas en el marco de la pugna entre los reformistas y los involucionistas del régimen franquista dentro del propio Ejecutivo. Considerado como un tecnócrata, durante su paso por este ministerio, debió hacer frente a los desajustes económicos provocados por la crisis del petróleo (1973) y reorganizó la gestión y la legislación básica de Hacienda Pública; tareas de gobierno que coincidieron con los estertores de la dictadura, asistiendo en primera fila a la muerte de Franco y la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España a fines de noviembre de 1975. Pocos días después, se formó el primer gobierno de la Monarquía, en el que por deseo del Rey para facilitar el camino hacia la democracia se reestructuró el gabinete anterior casi por completo con nombres nuevos, quedando Cabello de Alba excluido.
Tras abandonar la política, volvió a la empresa privada como director de un gabinete de abogados y economistas que él mismo fundó, tarea que compaginó con la presidencia de varias compañías (caso de Fiseat y Motovespa).
Además, Cabello de Alba fue procurador en Cortes (1957-1975) y consejero nacional.
CONCLUSIÓN
La figura de Rafael Cabello de Alba y Gracia simboliza el perfil del alto funcionario tecnócrata que, desde dentro del sistema franquista, gestionó áreas estratégicas del Estado en un contexto de profundas transformaciones económicas y políticas. Su paso por el Ministerio de Hacienda coincidió con una coyuntura especialmente compleja, marcada por la crisis del petróleo, la agonía del régimen y la muerte de Franco. Alejado de la política tras la llegada de la Monarquía, su posterior dedicación a la empresa privada cerró una trayectoria caracterizada por la gestión técnica, el rigor administrativo y una presencia discreta pero relevante en los momentos finales del franquismo.
