Está asumido que Cataluña es la región española más moderna, más progresista, más europea en suma de España, característica que también la adornaba en aquella época. Y claro, no podía quedarse atrás en la consecución del cielo en la tierra. Hemos dicho antes que en los sucesos de Madrid participaron casi todos los integrantes del Frente Popular; en el caso de Cataluña el casi sobra porque estuvieron todos. Socialistas del PSOE, del PSUC, del PCE, del POUM, anarquistas de CNT-FAI y el que faltaba: el nazionalismo catalán. Lógica su incorporación a la importante tarea de modernizar la región y, por supuesto, a España. Lo acontecido allí, gracias a la conjunción de tantas fuerzas de progreso, es un claro ejemplo de cómo trabajaron todas juntas a fin de alcanzar un oasis de paz y concordia para toda la sociedad. Ahora lo ejemplifican nuevamente.
Sucedió que en aquellos años tampoco se llevaron bien del todo y eso tuvo consecuencias. Las ideologías más modernas, las que los tratadistas denominan religiones secularizadas, que habían sustituido al cristianismo se dieron cita en Cataluña. Ellas acogían a los gruesos batallones populares tantas veces citados, con el refuerzo del nazionalismo catalán que había declarado en su catecismo: “Tenemos por Dios a la patria”, o “Haced que sea el genio de Cataluña el Mesías esperado de las naciones”. Sí, allí, en la modernísima Cataluña había prendido el racismo predicado por uno de sus precursores en el siglo XIX, Chamberlain, que lo había sintetizado en una sencilla máxima: “Lo esencial es poseer la raza en la propia conciencia”. Esto se lo digo yo al huertano más rústico de mi tierra y llama a los loqueros. Sus discrepancias, a pesar de que por allí andaba el gran domador, se saldaron con un desastre total y absoluto; no solo asesinaron a los enemigos de clase y religión por miles, sino que entre ellos entablaron una auténtica guerra civil en 1937. El anarquismo tenía una fuerza enorme en la zona, y sus simpatías hacia los comunistas eran escasas; a su vez los comunistas del PCE y los del POUM se odiaban hasta el extremo de que los primeros asesinaron al líder de los segundos, Andrés Nin, despellejándolo vivo por orden del jefe moscovita mientras Negrín miraba para otro lado y, los demócratas del PCE, por su parte, desinformaban como ellos saben muy bien hacer en el sentido de que el despellejado era un agente de los nazis. Anarquistas contra comunistas y nazionalistas, comunistas contra comunistas y el presidente de la República, ni más ni menos, pidiendo socorro hasta el extremo de necesitar el desplazamiento de 12.000 guardias de asalto y unidades de la marina de guerra para salvarlo, como informamos en otro capítulo. Y además al mando de la Generalidad, para que la mezcla fuese perfecta, un personaje “locoide”: Luís Companys. Conste que semejante característica mental no es invento mío. Lean como lo definían algunos de los que le conocieron; por ejemplo Solé Pla, diputado de ERC durante la República, se refería a él en estos términos: “En el fondo es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta, arrebatada, seguidas de fobias de miedo, de persecución, de agobio extraordinario y a veces ridículas. ¡Cuántas veces el señor Maciá, con energía, regañándolo, excitándole el amor propio le había tenido que arrancar de ese aplanamiento en que gemía y lloraba como una mujer engañada!”. Otro, en este caso el militante del PSUC Serra Pamiés, decía de él que “le daban ataques, se tiraba de los pelos, arrojaba cosas, se quitaba la chaqueta, rasgaba la corbata, se abría la camisa. Este comportamiento era típico”. Su compañero de partido Puig Ferrer lo veía así: “era pequeño, voluble, caprichoso, inseguro y fluctuante, sin ningún pensamiento político, intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender… Su ignorancia enciclopédica y la poca profundidad del hombre no daban para más”. Por su parte el editorial de La Vanguardia saludó así su nombramiento como presidente de la Generalidad: “Es sin disputa el mejor de los que no debían serlo”. Y la salvajada que cuenta Carlos Rojas, en una breve biografía del personaje, resulta casi increíble: “En otro de sus bruscos cambios de criterio, se inclina a aceptar el catástrofico proyecto de volar Barcelona, casa por casa, que le manda un grupo de militares. Solo lo rechaza cuando le dicen que Negrín ya lo ha desechado”. O sea que la definición de “loco de atar” de Prieto que apuntamos en otro capítulo se queda corta. En la actualidad tiene hasta un estadio a su nombre, nada extraño teniendo en cuenta la de rufianes que le han heredado en la patria del esperpento. A la vista de la portada del libro de Rojas, un retrato de Companys, ha de reconocerse el mérito del pintor que ofrece la imagen de un caballero sereno, sienes plateadas, mirada franca, etc. Si quieren enterarse del porqué ha llegado a ser un icono del nazionalismo catalán, lean el libro de Barraycoa citado, del que he tomado las citas descriptivas del líder.
En definitiva que coincidieron en Cataluña anarquistas, socialistas estalinistas, trostkistas y nazionalistas y al frente dos líderes máximos, Azaña a quien como ya saben Prieto definía de “marica cobarde actuando como una puta histérica” y un locoide al mando de la Generalidad. Teniendo en cuenta la siembra de odio inculcada en las masas por las religiones marxista, anarquista y nazionalista no es extraño que la escabechina efectuada entre todos alcanzara cotas tan altas. Ya apuntamos en el capítulo del genocidio religioso que más del 30% de éste se produjo en Cataluña, y el de clase, el que afectó a civiles no componentes de proletarios del mundo entero, o sea fascistas irredentos, tampoco fue escaso. Tal vez no alcanzó la cifra de asesinados en Madrid porque las posibles víctimas tenían la frontera francesa cerca.
Dada su condición de zona marítima e influencia nazionalista no podía faltar – por Dios- el mismo hecho diferencial de vascongadas: los barcos prisión o lo que es igual, checas flotantes. Relaciona Barraycoa los existentes en cada provincia arrojando un total de cuatro más el Club Náutico que operaba como centro de detención. De uno de ellos, de los 300 presos que llegó a alojar salieron para ser paseados 218 desde una fecha temprana, el 9 de agosto, si bien entre los días siguientes, del 25 al 28, se alcanzó el mayor éxtasis progresista al ejecutar a sesenta personas. Ahora bien, debido a las condiciones en que residían los fascistas embarcados, quien sabe si la decisión de fusilar a los presos no obedecía a estrictas razones de bondad. Por ejemplo en el barco Uruguay para cada 400 presos se les dotó de un solo retrete; imaginen las colas para acceder a él incrementadas por las enfermedades que el hacinamiento conllevaba. Aquellos vigilantes, aquellos hombres nuevos, altruistas ellos parieron una idea para acortar sufrimiento a los presos: suministraban en el rancho un poco de arsénico con el resultado de que antes del llegar a su final, debían acudir con más frecuencia al retrete, más colas, para vomitar. La muerte podía ser una liberación. Y para garantizar los derechos, cuenta Rojas, que sus autoridades, las del Uruguay,” libraron a varios militares al Tribunal Popular que fueron asesinados y más tarde, cínicamente, juzgados en rebeldía”.
Pero con ser detestable la cantidad de asesinatos, resulta más dura la calidad demostrada por el hombre nuevo en la más moderna de nuestras regiones. Los 130 soldados que se rindieron el 19 de julio del 36 al fracasar el alzamiento son asesinados y descuartizados sus cuerpos; además cortan con una sierra la cabeza de un capitán, la clavan en una bayoneta y la pasean por la Diagonal de Barcelona y, para que la justicia sea completa, sus restos junto con los de un comandante los llevan al zoo y los echan a los leones. Doce carmelitas que encontraron en su convento también fueron asesinados. Ciertamente resulta difícil de comprender, de asimilar tanta maldad, tanta crueldad, tanto sadismo, pero todo es cuestión de empezar y encontrar los seguidores adecuados. Durante siglos de impregnación de cristianismo en la sociedad europea, una religión que preconiza la bondad entre los hombres, se cometieron barbaridades pero nunca se alcanzó el nivel cuantitativo y cualitativo de las matanzas organizadas a lo largo del siglo XX, el siglo en el que imperaron las denominadas religiones seculares sustitutivas de aquel -nacionalismo, marxismo, anarquismo-, las revoluciones que pregonan la necesidad de la violencia para instaurar el cielo en la tierra. En definitiva, si vigente la doctrina que ordena ofrecer la otra mejilla ha habido crímenes, nada bueno puede esperarse si se adoctrina en la necesidad de la violencia. Lo resumió muy bien el pensador que hemos citado en otra ocasión que vivió la revolución rusa y se libró de milagro, a última hora, de la muerte, Sorokin: “Es un mal método para mejorar la situación material y espiritual de las masas. Si bien les promete con sus palabras la inmediata realización de los más altos valores humanos, en realidad les conduce luego con tanta frecuencia como seguridad, a los resultados justamente opuestos”. Tampoco parece buen método el contar en el gobierno actual con un miembro al que, según él, le gustaría azotar a una periodista hasta hacerla sangrar, y comprensivo con los revolucionarios socialistas miembros de la sección asesina del nazionalismo vasco.
Volviendo a la región gobernada por el locoide, cita Barraycoa varias opiniones sobre el terror desatado allí bajo su mandato. Esto pensaba Ametlla: “Luis Companys y sus consejeros … todos juntos profesando la teoría perezosa de que la revolución es inevitable, que no hace falta dar importancia demasiada a asesinatos y devastaciones, hechos que no son más que episodios simples de esta realidad ineluctable que es la revolución”.
Para llevar adelante los calificados episodios simples contó la más moderna y avanzada de nuestras regiones con hombres nuevos categoría especial, como ya mencionamos en el capítulo del genocidio religioso, que no limitaron sus gestas al ajusticiamiento de tenebrosos oscurantistas religiosos, sino que las ampliaron a civiles. Estos son algunos de esos hombres nuevos relacionados por Barraycoa en su libro.
Pascual Fresquet, militante anarquista, según su propia expresión purificaba la retaguardia; es decir no combatía en el frente, ni él ni su muchachada a la que se conocía por el nombre de Brigada de la Muerte, que acabó con la vida de unas 247 personas en la provincia de Tarragona por donde se desplazaba en un autobús decorado con calaveras igual que sus uniformes. A pesar de la feroz represión franquista murió en 1957 en España, sin que nadie le recordara su pasado, de un cáncer y confortado por un sacerdote a los 50 años de edad. O sea que Fresquet tenía 21 cuando sus gestas.
Vicenç Coma i Cruells, apodado el cojo de la calle Gurb, también militante anarquista, y por supuesto antifascista radical, se ocupó de la limpieza de Vich. Desde muy pronto, el 20 de julio, ya perseguía a los novicios claretianos que intentaban salvarse escondiéndose por los bosques. Además de ensañarse con los religiosos tuvo tiempo para los civiles. Detenidos dos hermanos carlistas, tras pasar por el comité antifascista les dispararon por detrás en la nuca, y una vez muertos sus milicianos les dispararon quince veces más, al grito de “¡Es que no dejaremos ni un fascista! ¡Los mataremos a todos!”. Comenta Barraycoa que las fechas de estas gestas coincidían con las de los comunicados de la Generalidad del gran Companys afirmando que en Cataluña estaba todo controlado y que no habían asesinatos. Este Cojo es el que provocó la muerte de un campesino que no pudo soportar la visión de cómo le arrancaron los ojos en vivo a un sacerdote. Falleció a los 91 años, tranquilamente, en Chile.
Otro componente de esta colección, Joaquín Aubí Casals, El Gordo, proveniente del sector duro del anarquismo, es considerado responsable de buena parte del asesinato de 69 personas en Badalona, así como del asalto a la Cartuja de Montealegre, con la excusa de que estaba llena de armas; de los treinta religiosos que capturaron en el camino a Badalona mató a ocho. Dado que hubo denuncias por sus andanzas en un artículo titulado “¡Basta y Basta!”, nuestro Gordo, además de acciones intimidatorias, pasó también a la acción literaria en un alarde de lo que Barraycoa denomina irónicamente justicia revolucionaria publicando, a su vez, este que sigue con el nombre de Contestando a Basta y Basta: “Nosotros no queremos venganzas personales, pero sí esta justicia que quiere el pueblo; y los que gritan y nos insultan indirectamente, en doble sentido, si nos fastidian, diremos al pueblo quienes son y cuáles son sus intenciones de ave de rapiña”. Durante la guerra civil intestina que desarrollaron entre sí los integrantes del Frente Popular, en mayo de 1937 en Cataluña, denunció a sus compañeros anarquistas a los socialistas del PSUC. Volvió a Badalona en los años sesenta tras mil aventuras, ninguna buena, para marcharse nuevamente y morir en Miami.
Más de una docena de descontrolados relaciona Barraycoa, cuál de ellos más heroico, trabajando por la consecución de la patria del proletariado en la región, porque ellos deseaban defenderla del fascismo allí, de combatirlo en el frente que se encargaran otros, y al repasar sus apellidos es reseñable en muchos de estos descontrolados la apariencia catalana; igual que sucede con los de las aproximadamente 8.000 víctimas habidas en la retaguardia catalana relacionadas por nuestro autor en su libro con nombres y apellidos: Balcells, Batlle, Blanch, Castell, Huguet, Llach, Lladó, Solé, Solsona, Valls, Vidal, etc.
Las víctimas fueron de condiciones muy diversas según relaciona Barraycoa. Políticos de partidos fascistas casi 2.150 de los cuales más de la mitad, 1.199, carlistas, seguidos de miembros de la catalanista Lliga con 281, pocos teniendo en cuenta lo extendidos que estaban esa formación tal vez por la indicada filiación. La CEDA aportó 213 asesinados; pero no se libró ni una sola: Acción Popular, Sindicato Libre, Falange, Renovación Española, Unión Patriótica. Todos.
Los periodistas tampoco quedaron fuera de la masacre, 54, la mayoría de apellidos catalanes, pagaron su militancia fascista o religiosa –varios eran sacerdotes–. Y como el ansia de justicia popular era incontenible casi todos cayeron asesinados en los meses de julio y agosto de 1936, si bien dado que la justicia debe ser ciega también en el tiempo, todavía en enero de 1939 mataron a dos periodistas más.
Por supuesto la nobleza no podía irse de rositas: 31 muertos con idénticas características; es decir apellidos catalanes y excepto 7, todos muertos en los primeros meses de la guerra, aunque a uno lo guardaron para el final, el 30 de enero de 1939.
El respeto que la cultura les imponía a tanto descontrolado quedó patente con la escabechina justiciera perpetrada con poetas, artistas y literatos catalanes: Dieciséis asesinados; algunos lo tenían bien merecido por dedicarse a inocular opio al pueblo por su condición de sacerdotes. Compositores de sardanas, músicos, poetas, historiadores, uno de ellos el inventor del bastón blanco de los ciegos. En fin una auténtica matanza de cuanto se moviera; miembros del Círculo Ecuestre más de 50, profesores depurados y asesinados…
Contrasta el relato de Barraycoa de lo sucedido en Cataluña con el que la mafia separatista viene destilando durante décadas. A saber, que los catalanes protagonizaron una guerra contra Franco, igual que han transformado la guerra de Sucesión de hace siglos en una de Secesión diseñada por la perversa España para arrebatar a Cataluña su independencia. La cruda realidad para la mafia separatista es otra; es la descrita por nuestro autor. Los descontrolados que asesinaron al por mayor a sus paisanos eran catalanes en su mayoría. Y el que estaba al mando de los controladísimos, firmando sentencias de muerte de sus vecinos, Companys, también.
Finaliza su libro Barraycoa con un capítulo titulado El amor triunfó sobre el Terror en el que incluye cartas de presos destinados a la muerte cuya lectura, cuando menos, humedecerá sus ojos. Cartas de religiosos, de padres, a esposas, a novias, a amigos… cuando sabían que les esperaba la muerte. Solo incluyo los párrafos de un par de ellas. Una, la de un carlista cuya cabeza fue cortada y clavada en una pica a modo de ejemplo, dirigida a su esposa:
“Te escribo en momentos de angustia, pero no imposibles. Por si acaso Dios se sirviera disponer de mi vida, yo ya le hice ofrecimiento de ella, pues suya es, y Él quiera que contribuya a la salvación de España. Solo por ti y por nuestro hijito temería perderla. Pero cúmplase su Santa Voluntad. En estos instantes de dura prueba, siento que mis ideales se hacen más fuertes y comprendo todavía mejor que solo ellos pueden salvar a nuestra amada Patria. Educa a nuestro hijito en mis ideas, especialmente forma y modela su alma en nuestras creencias religiosas. Reza y confía a Dios. Esta es la mejor y más valiosa herencia que le podemos dejar…”.
No contentos con asesinarlo le cortaron la cabeza. Los dos bandos merecieron perder dice Jabato Casado.
Otra, la de un chaval de 22 años a su novia que, cuenta Barrycoa, hizo llorar a Pío XI; si a usted le sucede algo similar en determinadas escenas cinematográficas no la lea:
“Querida Mariona: nuestras vidas se unieron y Dios ha querido separarlas. A Él le ofrezco, con toda intensidad posible, el amor que te profeso, mi amor intenso puro y sincero. Siento tu desgracia, no la mía. Siéntete orgullosa: dos hermanos y tu prometido. Me está sucediendo algo extraño, no puedo sentir pena alguna por mi suerte. Una alegría interna, intensa, fuerte, me invade por completo. Querría hacerte una carta triste de despedida, pero no puedo. Estoy todo envuelto de ideas alegres como un presentimiento de Gloria…Una cosa quiero decirte: si puedes cásate. Desde el cielo yo bendeciré tu unión y tus hijos. No quiero que llores, no quiero. Siéntete orgullosa de mí. Te quiero. No tengo tiempo para nada más. Francisco.”
Que sí, que sí, los dos bandos merecieron perder según el líder del Poncio Pilatos.
Una cuestión final. ¿Cree usted que la arenga matar, matar … y luego construir el socialismo confirma y ejemplifica la idea de Olivier Rey –daño y engaño del transhumanismo– de que “cada vez que un fin elevado justifica el recurso a medios muy sucios, puede uno preguntarse si no será el deseo de usar tales medios lo que hace que elija un fin propio para legitimarlos”? ¿Retrata Oliver Rey a tantos criminales disfrazados de liberadores de la humanidad?
