A veces los historiadores se olvidan de abordar en profundidad lo que Franco pensaba y transmitía a través de sus discursos y escritos, depurándolo claro está de la retórica y de la propaganda. Entendemos que es fundamental su revisión a la hora de valorar si sus propuestas y logros dependieron de la adaptación a los factores coyunturales o eran un programa político a cumplir como vamos a demostrar a lo largo de estas páginas. En sus discursos de guerra, que son los interesantes en este aspecto, porque es donde podemos encontrar sus proyectos de futuro en el tema que abordamos, reconocía la <<explotación ruin de las clases obreras>>, que era lo que las <<instigó a la desesperación y al crimen>>[1].
Cuando Franco se sublevó en Canarias lo hizo con un manifiesto por él preparado y que se difundió en las primeras horas del 18 de julio de 1936. En este documento Franco dedica algunas frases a la cuestión social, presentando la rebelión como defensora de la Justicia Social. Alcanzarla será un objetivo de los rebeldes, pero asumiendo que su implementación estará vinculada a la situación económica, o dicho a la inversa, solo el desarrollo económico puede traer la Justicia Social:
<<Trabajo para todos. Justicia social, llevada a cabo sin enconos ni violencias y una equitativa y progresiva distribución de la riqueza sin destruir ni poner en peligro la economía española […] Nuestro impulso no se determina por la defensa de unos intereses bastardos, ni por el deseo de retroceder en el camino de la Historia […] la pureza de nuestras intenciones nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en el mejoramiento político-social>>.
Unos días después, el 22 de julio, Franco lanza una proclama en la que insiste en la misma idea de conservación de las mejoras sociales alcanzadas, pero, al mismo tiempo ofrece seguridades de orden social concretas y anota cuáles serán los grupos sociales a proteger, las clases obreras y las clases medias:
<<No es un movimiento de defensa de determinadas personas, mira especialmente por el bienestar de las clases obreras y humildes, así como el de nuestra sacrificada clase media.
Hemos de hacer efectivo en España que en todos los hogares el fuego no se apague; hemos de llevar a la familia la seguridad en el salario, y en la fábrica y en el taller han de reinar la satisfacción y el trabajo.
Mienten quienes nos presentan ante el pueblo como enemigos de las clases modestas, pues de ellas salimos los oficiales y soldados; mienten quienes os digan que nuestros pasos no son justos; la justicia y la autoridad han sido siempre norma en los cuarteles.
Os engañan los que os inculcan que va a retrocederse en los avances sociales pues la confianza y creación de riqueza nacional en una nación fuertemente organizada, nos permitirá mejorar notablemente las condiciones de la vida del obrero>>[2].
Una nueva promesa social aparece en su discurso de octubre de 1936 al ser nombrado Jefe del Estado en el que precisa cuáles son sus objetivos: <<se implantará la seguridad del jornal, y en tanto no se dicten fórmulas relativas a salarios y a la participación de los obreros en los beneficios de la producción, serán respetadas cuantas conquistas impliquen mejoramiento del trabajo para la sociedad y la economía nacional […] En su aspecto tributario, el Estado organizará los impuestos de forma que recaigan especialmente sobre quien por su capacidad económica deba soportarlos>>. El obrerismo de Franco se hace palpable en las declaraciones a la prensa de los primeros meses de la guerra, incidiendo en su idea de cambiar el modelo social español con la intención clara de poner fin a la lucha de clases a través de la mejora de los niveles de vida que harán al proletariado renunciar a la revolución[3]:
<<Los que creen que estamos aquí para defender los privilegios del capitalismo, se equivocan. Combatimos por las clases medias y por los humildes. El Gobierno nacional trabaja ya en la resolución del problema social. El obrero pasará a tener un carnet en el que se dirá: <<Tú no eres esclavo del socialismo y cobrarás sueldos en la medida de las ganancias que produzcas. Será tuyo cuanto hoy has adquirido para elevar el nivel de tu vida, con tal de que no seas perjudicial a la vida económica del Estado. En cambio, quedarás sujeto a ciertos deberes y obligaciones>>.
Discurso a discurso Franco insiste en cuál es su proyecto social al que va a ir incorporando parte del lenguaje falangista. En 1937, en una interesante entrevista concedida a La Prensa de Buenos Aires, lo resumía de este modo:
<<En nuestro campo no existe ya más que un programa. Se ha iniciado la nueva legislación que tiende a dignificar a aquellos que, como decía nuestro Jorge Manrique, VIVEN POR SUS MANOS; todo español tiene derecho a un mínimo de bienestar y un máximo de respeto; justicia igual para todos, idénticos derechos y deberes, amparo del desvalido. Nadie en la España Nacional carecerá de los medios precisos para desenvolver sus actividades; nadie se encontrará completamente aislado entre la indiferencia de la multitud que le rodea. Nuestro lema es: ni un hogar sin lumbre, ni una familia sin pan>>[4].
No eran solo palabras en una coyuntura de guerra que demandaba propaganda para quebrar el apoyo del proletariado al enemigo. Subrayemos que no suele ser usual que en momentos de crisis o en situaciones de guerra como las que atravesaba España el Estado, que como con certeza definió Serrano Suñer era <<campamental>>, dedicara especial atención a la adopción de medidas sociales. Franco muy pronto incorpora a sus discursos los párrafos destinados a <<rendir cuentas>>, a hacer balance de lo que se había hecho y ya figura en 1937 la relación de las primeras medidas adoptadas:
<<En la retaguardia […] leyes sociales justas y generosas son adelanto de la obra social a realizar. El auxilio obrero parado, en forma de socorro; la exención de los alquileres y del pago de agua y luz a los que se hallan sin trabajo; el mantenimiento de todas las conquistas de las clases trabajadoras; la organización de Cajas de Compensación para llegar a implantar el salario familiar; el auxilio a las familias de los combatientes pobres; la implantación del Día del Plato Único, en solidaridad con los combatientes y en provecho de los familiares y huérfanos de guerra; la organización de los Comedores de Invierno y la de orfelinatos y obras de beneficencia; la creación de la Fiscalía de la Vivienda, para la sanitaria vigilancia y mejora de la casa de las clases medias y humildes; el Patronato Antituberculoso, como medio de hacer desaparecer la población enferma y desamparada; la reserva para los combatientes de gran parte de los destinos civiles; la atención a los mutilados de guerra con auxilios generosos para el que sufre mutilaciones por la Patria; el concurso a los funcionarios pobres, en el noble afán por dar carrera a sus hijos; el estudio y preparación de un Fuero del Trabajo, en que vean todos un ordenamiento jurídico que asegure la producción y garantice las condiciones de vida de las clases obreras, al par de la normalidad en el desenvolvimiento de los establecimientos industriales. Esa es nuestra obra en medio de los azares de lucha>>[5].
En otro discurso de 1937 reiteraba la relación de lo realizado hasta el momento:
<<El auxilio a las familias de los combatientes pobres, en proporción a las necesidades familiares, cuesta al estado varios millones de pesetas al mes:
El plato único semanal, instituido como prueba de solidaridad con los combatientes, y a beneficio de las clases necesitadas.
La Fiscalía de la Vivienda, que evita los hogares sin sol y sin higiene.
La exención del pago de alquileres al obrero en paro forzoso o privado de medios.
Los auxilios bancarios para sufragar los gastos de enseñanza en los hijos de los funcionarios públicos.
El salario familiar por medio de la Caja de Compensaciones, implantado ya en alguna provincia.
El Patronato Antituberculoso, que evitará haya un solo enfermo sin cama. En ocho meses se han organizado ya 39 sanatorios.
El Auxilio Social, la gran obra del Movimiento, que hace llegar a los últimos lugares la ayuda al desvalido y convierte en realidad tangible las palabras auxilio y solidaridad española.
El establecimiento del Servicio Social de la Mujer, que eleva y estimula la aportación de la mujer española a la gran obra social.
La creación de la Delegación del Trigo, que ampara al cultivador contra los abusos de los especuladores>>.
En abril de 1938, quizás como notas preparatorias para algún discurso, dado que parte de las mismas, con otra redacción, aparecen en uno de ellos, Franco, seguro de su victoria, anota cuáles iban a ser sus objetivos de gobierno en el área económica -un gobierno largo que en aquella época estimaba en unos 20 años- resolviendo los tres problemas que en ese momento estimaba como más urgentes: pagar la deuda de guerra, la reconstrucción y llevar a cabo la revolución nacional. Un programa que debía tener como objetivo proporcionar <<a nuestras clases medias y trabajadoras condiciones de vida más humanas y justas>>. Para ello traza una propuesta programática que, en forma de decálogo, haría posible la Revolución Nacional de la que se consideraba Jefe Nacional en el lenguaje de la época y que incorporaba algunas de las propuestas falangistas. En algunos aspectos se le podría tachar de visionario, como por ejemplo al hablar de la necesidad de explotar el turismo como uno de los objetivos del Nuevo Estado. Privado de las reservas metálicas, malvendidas por la República, el Caudillo estima que la financiación para llevar a cabo sus promesas solo puede salir de un sitio, de aquellos que tienen y no de los trabajadores, de las clases medias o a través de la inflación y plantea cómo establecer el sistema impositivo para cubrir un presupuesto extraordinario para poder llevar a cabo ese decálogo que considera esencial para el resurgimiento económico y social de España:
<<I.- Pago de la guerra
La guerra deben pagarla en principio primero los que han destruido a España y creado este estado de cosas y segundo los que poseyendo riqueza, ven esta multiplicada y asegurada.
No deben pagarla las clases trabajadoras españolas, los empleados y clases medias, ni con el encarecimiento general de la vida. La guerra no debe pesar, solamente sobre la generación actual que salva a España, sino legarse, en parte, a las generaciones futuras que van a disfrutar del bienestar, prosperidad y grandeza que hoy se crea.
Debe por tanto pagarse la guerra: primero, por los principales responsables con la totalidad de sus bienes; segundo, por los responsables en menor grado con una parte importante de sus capitales; terceo, por toda la riqueza nacional con un tanto por ciento de la misma; cuarto, por las generaciones futuras legándoles una parte de las deudas.
II.- Reconstrucción de España
La reconstrucción es un problema del Estado y debe pesar en parte sobre él y por solidaridad y justicia sobre la riqueza y propiedad nacionales. El restablecimiento del crédito destruido indispensable al restablecimiento de la vida económica debe ser también facilitado por el Estado y por los establecimientos bancarios Nacionales.
III.- Resurgimiento de la Revolución Nacional
El gobierno tiene el deber de impulsar el resurgimiento de España en todos los órdenes y de dar cima a los principios que entraña nuestra Revolución Nacional, la que entre otras grandes obras, comprende:
1.º Creación de un potente Ejército de tierra, mar y aire y de las industrias indispensables a la guerra.
2.º Realización de la gran obra social proporcionando a nuestras clases medias y obreras condiciones de vida más humanas y justas.
3.º Resolución de los graves y múltiples problemas de nuestra industria y de su resurgimiento, racionalización y crédito.
4.º Realización de la obra cultural española y mejoramiento moral, intelectual y físico de nuestras juventudes[6].
5.º Impulsar y realizar la gran obra nacional agrícola.
6.º Creación y restauración de nuestra Marina mercante y nuestra flota pesquera.
7.º Realización de nuestras grandes obras públicas nacionales.
8.º Redención y mejora de vivienda en nuestros burgos y realización de la obra sanitaria nacional.
9.º Restaurar nuestro prestigio en el mundo logrando la unión de nuestros españoles de ultramar y la conquista del imperio espiritual en América.
10.º Restablecer en el mundo la verdad histórica española y atraer hacia España las grandes corrientes de turismo.
Para realizar esta gran labor es indispensable una multiplicación grande de los recursos y una adecuada movilización del crédito.
Como se ve las tres grandes tareas de la España Nacional, exigen esfuerzos extraordinarios a nuestra política económica y crediticia.
Análisis económico
La primera característica que han de tener los créditos necesarios es la urgencia.
Ninguna de las tres grandes tareas permite aplazamiento.
Ni la defensa Nacional puede retrasarse, ni la reconstrucción de las ciudades y villas destruidas, ni la realización de la revolución y resurgimiento nacional.
Los medios ordinarios de que hasta hoy se disponía en presupuesto y los gastos que a su cargo se satisfacían sufrirán alteraciones que no podrán evaluarse apriorísticamente, mucho cabe esperar de una buena y recta administración, pero no puede calcularse aún el quebranto que nuestros impuestos sufrirán, los primeros años como consecuencia de la guerra.
Por todo ello, aunque se refuercen las fuentes de ingresos ordinarios con impuestos nuevos y justos que no encarezcan la vida de nuestras clases medias humildes, una elemental prudencia aconseja el no recargar los gastos de este Presupuesto ordinario hasta obtener una muestra real de su rendimiento futuro.
Se impone pues fijar las bases de un presupuesto extraordinario con aquel destino, habilitando los créditos correspondientes a su realización.
La cuantía de la gran obra a realizar se desconoce en los actuales momentos en que la guerra no está terminada; pero no por ello ha de dilatarse el señalamiento de la cuantía de los sacrificios a imponer a los contribuyentes, ya que el único límite que ha de tener el ritmo de la labor es más el que le imponga la capacidad de nuestra industria que el de los créditos.
Si analizamos la revalorización de la propiedad de todo orden, por el triunfo de la Causa Nacional y el término de la guerra, se puede asegurar que aquella se verá acrecentada en proporciones elevadísimas que rebasarán en mucho el 20 por 100 de su antiguo valor.
Si fijamos en un 15 a 20 por 100 el Capital, la aportación que el Estado exigiese a la riqueza patria no podrían considerarse injustamente recargados cuantos por poseer bienes, ven su propiedad restablecida, garantizada y revalorizada por el nuevo orden.
Calculada la riqueza Nacional entre 300.000 y 400.000 millones correspondería al Estado una cifra que podría evaluarse entre 45.000 a 60.000 millones.
No le interesa al Estado hacer efectiva tan elevada suma en los momentos actuales sino asegurar anualmente los ingresos que satisfagan los gastos extraordinarios que el Plan Nacional requiera.
Tampoco podrá realizarse la parte de bienes que había de satisfacerse al Estado sin causar una depreciación y quebranto a la riqueza y por estas razones conviene encontrar una forma que aplazando los pagos los armonice con la restauración de la normalidad económica e industrial.
Esto se conseguiría si el sacrificio impuesto se distribuyese en anualidades durante 15 a 20 años equivalentes al uno por ciento del capital y que aún en los dos primeros podría rebajarse al medio, dilatando un año más el pago total.
Esto representaría para la riqueza-tipo de 300.000 millones y un 15% de impuesto 45.000 millones en 16 años a razón de 1.500 los dos primeros años y 3.000 los demás, y para la de 300.000 y 20% 60.000 millones con el mismo ingreso durante 21 años.
Estas cifras de ingresos fijos permitirían el emitir empréstitos con arreglo a las necesidades periódicas y asegurar el pago y amortización de los mismos, aplazando y legando a las nuevas generaciones una parte importante de los gastos.
Una inyección en el presupuesto Nacional, equivalente a 3.000 millones anuales puede asegurarse que multiplicará en tal forma la riqueza y las fuentes de ingresos, que no es aventurado afirmar que aumentarían los correspondientes al Tesoro por lo menos en un 50% de la cifra anual gastada y una parte importante de los créditos que se destina a la creación y multiplicación de riqueza[7].
A la Administración corresponde el estudio para aplicar el impuesto a toda clase de riqueza, fijar los detalles de aplazamientos de cuotas y el interés a cobrar, cuando por falta de rendimiento o fuerza mayor, se viere imposibilitada de tributar, así como conveniencia de conceder dentro de las normas establecidas la redención del impuesto extraordinario que representaría tal gravamen mediante su pago anticipado con las bonificaciones permanentes.
Igualmente convendría estudiar y resolver en el impuesto la de alcanzar a los cientos de españoles que no tengan sus negocios en España para evitar su huida. La forma de obligar con tributos, por este impuesto, a los españoles poseedores de valores o propiedades en el extranjero>>[8].
En diciembre de 1938 Franco concede al periodista Manuel Aznar una larga entrevista en la que perfila el futuro y en el mismo su visión socioeconómica. No es una exposición, como es fácil comprender, estructurada, son más deseos de futuro que otra cosa, pero son párrafos, sin duda, altamente reveladores de cuáles eran sus objetivos sociales:
<<Yo quiero que mi política tenga el profundo carácter popular que ha tenido siempre en la Historia política de la gran España. Nuestra obra -la mía y la de mi gobierno- estará orientada hacia una constante preocupación por las clases populares, por esas que se han llamado “clases bajas”, así como por la vasta tristeza de las clases medias. La victoria tiene que abrir a todos los españoles una posibilidad de bienestar mayor y de satisfacción más verdadera. Estamos batiéndonos por el pueblo de España; esto no es solamente una frase, sino un propósito que llevo desde el primer día de lucha en el corazón. Quiero convencer, y convenceré. Ya tenemos en marcha una considerable obra de carácter social-popular; pero la que, en conjunto, acometeré el día de mañana, merece el calificativo de inmensa, por los límites que alcanza y por los deseos que contiene dentro de sí. En cumplirla íntegramente, y en acomodar mis actos a mis palabras pongo todo mi empeño y mi sentido de la responsabilidad.
Es difícil hacer un resumen cabal, porque la tarea llevada a cabo es muy amplia. Sin embargo, por vía de ejemplo, quiero citar lo que se ha logrado ya en materia de vivienda. Es una verdadera vergüenza que millares de familias españolas habiten en sitios sin condiciones, y ni siquiera elementales de salubridad. Hay que acabar con eso, y le aseguro que acabaremos. Ya se está estudiando el tipo o los tipos de casas que deben construirse, sobre todo en lo que se refiere a la vivienda rural. Van levantados ya unos cuantos millares de edificios, destinados a las clases más necesitadas. Mediante el pago de un alquiler extremadamente barato, podrán las familias humildes habitar viviendas nuevas, risueñas, bien ventiladas, en vez de seguir habitando en las actuales zahúrdas. El esfuerzo en esta dirección de la vivienda –cuya Fiscalía representa una organización que dará grandes frutos- llegará hasta donde sea necesario. Construiremos cien mil o doscientas mil casas en un plazo relativamente breve, y lo hacemos con nuestros propios medios, sin acudir a nadie, porque no necesitamos ayuda para ello. España tiene recursos sobrados para resolver autárquicamente el fundamental problema de la vivienda destinada a las clases medias y al proletariado. Igualmente me parece oportuno mencionar la organización, eficacísima, del subsidio familiar, que las familias de las clases trabajadoras comenzarán a cobrar inmediatamente. En cuanto al problema de la sanidad […]
Desde el primer día constituye hondísima preocupación para mí. La realidad dice elocuentemente que, lejos de descuidarlo, lo he impulsado en términos que me satisfacen, aunque todavía nos hallemos lejos del ideal. En plena guerra, el número de camas destinadas en los sanatorios a los españoles modestos se ha elevado de dos mil a ocho mil. Aspiro a que ese número de camas sea de treinta y cinco mil, con lo cual pasaremos a ser la nación más abundantemente dotada desde el punto de vista del auxilio a los tuberculosos y pretuberculosos que carecen de recursos. Estoy convencido de que dentro de poco tiempo los trabajadores de España no tendrán queja que formular en el orden sanitario. Haremos cuanto sea posible para regularizar y mejorar la alimentación del español pobre. Atacaremos, implacablemente, las causas de la mortalidad infantil. Desarrollaremos, con gran amplitud, las instituciones de Puericultura. La cifra de mortalidad infantil, cuyo descenso se ha iniciado ya, debe reducirse al mínimo, y vera usted, cómo lo conseguimos en plazo no muy largo. La acción de la Falange en este sentido, ha de ser sistemática, entusiasta y continuada. Así, en muy pocos años, habremos rescatado para la población general de España, las dolorosas bajas que inevitablemente produce la guerra.
Atenderemos al problema general de los salarios, a fin de que el trabajo se halle bien remunerado, con lo cual podremos exigir una productividad intensa, base de la prosperidad de las instituciones y de las empresas mercantiles. Aún podría hablarle de nuestros propósitos en orden al acceso a la cultura de los españoles necesitados a las posibilidades de la cultura…
La idea es esta. Es frecuentísimo el caso de las familias españolas que no pueden pagar a sus hijos una carrera, sencillamente porque carecen de medios económicos con que subvenir a los inevitables gastos. Esto da lugar a una verdadera injusticia social; pero, además, priva a la Patria de muchas capacidades que si hubiesen podido desenvolverse normalmente y entrar en la Universidad, se hubieran revelado con brillo y pujanza. Para que esa injusticia no subsista, me ha parecido útil y adecuado crear un sistema de “Créditos Bancarios”, de los que son beneficiarios los padres que no poseen recursos con destino a la educación de sus hijos. Estos “Créditos Bancarios” se irán retirando a medida que las Universidades y las Escuelas extiendan los documentos acreditativos de los estudios en curso. La garantía para los Bancos estará constituida por los ingresos del padre, y solidariamente por el trabajo del hijo o de los hijos que emplearon el dinero del crédito. En muchos países de Europa y América, la honradez de un hombre o de una familia es título suficiente para obtener dinero de un Banco, siempre que el destino de ese dinero sea lógico y legítimo; en España, la honradez, por sí sola, no tenía derecho a nada. Por de pronto, yo quiero que tenga el derecho a asegurar a los hijos la plena posibilidad de la “cultura”. Ya está creado el sistema para los funcionarios, y cabrá ampliarlo a otros órdenes a la sociedad. El interés de estos créditos será el mínimo, y la mecánica de la obtención del dinero quedará claramente fijada.
Así, pues, “la paz”, “la sanidad”, “la satisfacción del trabajo”, “la productividad elevada al grado máximo”, “la cultual”, “la seguridad de la vida familiar” y otros muchos factores, nos pondrán en camino de desarrollar copiosamente toda clase de iniciativas y España emprenderá su ruta hacia la grandeza que merece.
España tiene capacidad económica sobrada para dar cumplimiento a ese programa de renacimiento y aún a otro más amplio. La experiencia de esta guerra es concluyente. Se ha vivido durante mucho tiempo bajo la influencia mística del oro… Nunca creí, y hoy creo menos que nunca en ello que la nación más rica sea la que más oro posea[9]. La riqueza y la independencia de una nación dependen de las materias primas con que cuenta…[10]>>.
La construcción de ese Estado Social que debía de ser el Estado Nuevo constituye para Franco un objetivo, aunque a veces esto se ignore o quede distorsionado en las explicaciones. Por ello era lógico, como veremos, que la edificación del Estado de las Leyes Fundamentales arrancara con una declaración de derechos sociales y laborales, con un ejemplo de constitucionalismo social. Lo social es para Franco la clave del tiempo político en que vive y estima que son las situaciones extremas, como la guerra, las que impulsan los avances y los cambios tal y como sucedió en la zona frentepopulista y su gobierno lo impulsó en la propia. Así lo veía en 1946: <<el motor de los grandes movimientos modernos: el anhelo por la justicia social de las clases más numerosas. Este proceso no hace más que activarse con las guerras o con las convulsiones. Lo social ha llegado a ser lo importante; lo demás, exclusivamente accesorio>>[11]. Poco variaría Franco en este concepto y en esta idea de la Justicia Social, pues, como anota con respecto a lo que denominamos franquismo social Licinio de la Fuente, <<desborda el ámbito de lo laboral para convertirse en principio inspirador de toda política>>, y en este sentido se expresaría el Caudillo a principios de los sesenta:
<<En relación a este problema fundamental de la Justicia Social, hay que reconocer que es preciso abandonar las formulaciones y consideraciones parciales del asunto para establecer vigorosa e inequívocamente nuestro objetivo. No se trata del salario justo, ni de la Seguridad Social, ni de la previsión aislada, ni de determinadas mejoras, ni de la ocupación permanente en el trabajo; se trata de todo eso a la vez en un solo problema general y básico que construye razón de ser y uno de los fines primarios y fundamentales del Estado>>[12].
Desde sus primeros discursos, a la hora de abordar el tema socioeconómico, Franco indica cuáles son sus bases ideológicas. Cuando asume e incorpora el término Justicia Social lo hace desde una perspectiva cristiana acorde con la Doctrina Social de la Iglesia y no desde el planteamiento del fascismo, aun cuando puedan ser concomitantes en algunos aspectos o entenderse como líneas paralelas. En 1938, por ejemplo, indicará: <<Nuestro Movimiento no es la resurrección de leyes injustas, de privilegios abolidos para siempre. ¡Lo que deseamos es el saneamiento material y moral de todo el pueblo español, en un espíritu de fraternidad humana que tiene su origen en los preceptos del Evangelio!>>. Lo que diferencia su propuesta de otras es <<la peculiaridad española de haber sabido fundir lo nacional con lo social bajo el imperio de lo espiritual>>[13]. Para Franco la Justicia Social es la que hace posible los principios que defiende la Iglesia Católica de dignidad y libertad humana, familia, propiedad, iniciativa privada y que solo esa Justicia Social puede hacerlos reales[14], ya que no es <<posible una auténtica justicia social fuera del Evangelio>>. No niega que esa Justicia pueda alcanzarse por otros caminos, pero para él <<si no se hace con un sentido cristiano, vendrá fatalmente con signo materialista>>[15]. Cuando el primer gobierno de Franco hace su declaración política en febrero de 1938 expresa cuáles van a ser sus objetivos y entre ellos está la promesa de realizar una <<auténtica política de justicia>> siempre condicionada a lo que se pueda llevar a cabo en cada momento[16]:
<<Yo no he de ofreceros lo que no puede cumplirse. La economía nacional tiene sus limitaciones y exigencias. Solo se puede repartir justamente lo que se produce; no se puede repartir lo que no existe, y cuando la producción es la misma y se pretende rebasar el nivel ordinario de vida no se puede hacer más que hipotecar lo que habría de repartirse en los años sucesivos. Para mejorar la vida de los trabajadores, para mejorar la vida de todas las clases españolas, es necesario aumentar la producción española, multiplicar los bienes producidos y crear nuevas fuentes de producción y de trabajo, lo que solo puede lograrse por el trabajo y la buena voluntad de los españoles, unidos en un mismo espíritu de justicia>>[17].
[1] FRANCO: Discurso al entrar el II año triunfal (18-7-1937).
[2] Menos precisa es la Junta Suprema Militar que en su proclama se limita a decir que se mantendrán <<las conquistas intangibles de la clase trabajadora>>. Poco después el denominado <<nuevo gobierno provisional de España>> lanza un manifiesto, fechado el 24 de julio de 1936, insistiendo en que ninguna conquista o progreso del proletariado <<serán suprimidos, regateados o negados>> y que ejercerán el poder entre otras cosas para <<redimir a los humildes>>.
[3] Declaraciones de Franco a la agencia Havas. EMILIO DÍEZ, José: Colección de proclamas y arengas del Excelentísimo señor General don Francisco Franco, Jefe del Estado y Generalísimo del ejército salvador de España. Sevilla, 1937, p. 84.
[4] El conocido lema, reproducido durante la guerra en carteles y consignas en los periódicos, fue obra de la escritora falangista, en aquella época Secretaria de la Dirección General de Propaganda, Carmen de Icaza. Franco le concedería el título de baronesa de Claret. Su nieto, Méndez de Vigo será un notorio político del Partido Popular que llegará a Ministro con el gobierno de Mariano Rajoy.
[5] FRANCO, Francisco: Discurso pronunciado en el primer aniversario del 18 de Julio (18-7-1937).
[6] En el discurso Franco dirá: <<ordenación de la obra de cultura, con el mejoramiento intelectual, moral y físico de nuestras juventudes>>. FRANCO: Habla el Caudillo, p. 23.
[7] En enero de 1939 se establecerá el Impuesto de Beneficios Extraordinarios que como anota aquí en su promesa Franco era para sufragar la reconstrucción y como anota Velarde Fuertes para contribuir a la <<reconversión de una economía de guerra en una economía de paz>>. Desde los sectores falangistas se criticó su escasa recaudación y por tanto su relativa ineficacia.
[8] Documentos inéditos para la Historia del Generalísimo Franco, vol. I. AZOR. Colección de Estudios Contemporáneos. Fundación Nacional Francisco Franco; Madrid, 1992, pp. 186-190.
[9] En esto, pese a lo que opinen algunos economistas, Franco tenía sobradas razones para creer que ello era posible. De hecho, había y estaba financiando la guerra sin tener ningún tipo de divisa y obteniendo los créditos necesarios.
[10] Tanto es así que durante la guerra Franco realiza una inteligente política de cara a la recuperación de este patrimonio usualmente en manos del capital extranjero y poder negociar con él. Así, en 1938, en Zaragoza, explicará que se ha <<realizado una enérgica y eficaz campaña para la defensa del patrimonio mineral nacional>>.
[11] FRANCO: Discurso en la Escuela Superior del Ejército (16-10-1945).
[12] Cfr. FUENTE, Licinio de la: <<La Justicia Social>> en El legado de Franco, vol. II. Fundación Nacional Francisco Franco; Madrid, 2000, p. 331.
[13] FRANCO: Discurso en la clausura del III Consejo Sindical (24-1-1945).
[14] FRANCO: Discurso a los Asesores Morales de Auxilio Social (16-6-1945).
[15] FRANCO: Discurso en Cogullada (16-12-1946).
[16] ABC, (3-2-1938).
[17] FRANCO: <<Discurso en el II Congreso Nacional de Trabajadores (11-3-1951)>>. Discursos y mensajes del Jefe del Estado 1951-1954. Publicaciones españolas; Madrid, 1955, p. 44.
