No hay un solo atentado contra el general Franco que esté plenamente confirmado. El accidente de caza que sufrió en 1961 pudo ser para algunos un atentado, y esa posibilidad fue barajada por el ministro de la Gobernación, pero o no se investigó seriamente o la investigación no aportó luz alguna, porque el asunto fue desvalorizado y poco a poco olvidado. Sí se ha sostenido, sobre todo en medios anarquistas, que se prepararon varios atentados contra Franco, pero ninguno de ellos fue consumado ni puede decirse que esté completamente demostrado.
En 1976, el escritor y periodista Eliseo Bayo publicó un libro (Los atentados contra Franco) en que sostiene que Franco fue objeto de varios atentados frustrados preparados por anarquistas. Según él, las agrupaciones guerrilleras comunistas no tuvieron como objetivo atentar contra Franco, que sí fue un propósito de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y las Juventudes Libertarias (JJ. LL.).
Bayo sostiene que más de cien anarquistas, la mayoría de los cuales habían participado en proyectos de atentados contra el jefe del Estado, fueron fusilados o abatidos por la policía en la calle, y que en 1947 hubo al menos tres proyectos de atentar contra Franco, uno de ellos por un «comando suicida» del grupo anarquista Los Maños, que atacaría a Franco en Zaragoza y que no consumó el golpe porque las bombas de mano que tenía guardadas eran inservibles.
El otro atentado tendría lugar en Barcelona, pero los anarquistas Domingo Ibars y Pedro Adròver Font, situados junto al monumento a Colón, no se atrevieron a tirar las bombas por no organizar una carnicería entre la gente que recibía al Caudillo.
En 1948, dice también Bayo, otro atentado planeado por los anarquistas consistía en que un avión arrojara un buen cargamento de bombas sobre el Caudillo en San Sebastián, pero no lo hizo y no se sabe por qué.
La CNT sostuvo que dos anarquistas ejecutados por garrote vil en 1963, Joaquín Delgado y Francisco Granados, fueron detenidos cuando iban a colaborar en un atentado, pero fueron condenados bajo la acusación de colocar bombas en las sedes madrileñas de la Sección de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad y de la Delegación Nacional de Sindicatos, y en un avión de Iberia, el 29 de julio de 1963.
Un consejo de guerra los condenó a muerte el 13 de agosto y fueron ejecutados el 17. Pero el Consejo Ibérico de Liberación negó estos hechos y afirmó que el depósito de armas que los ejecutados tenían en su poder iba destinado a la realización de un atentado contra Franco, en el que ellos eran meros colaboradores.
La misma versión ofreció la periodista Elena de la Souchère en France-Observateur del 22 de agosto:
«Granados y Delgado formaban parte de otro equipo encargado de otra misión mucho más importante. Se trataba de matar al Caudillo. El atentado debía tener lugar en el viejo Palacio Real, donde Franco no reside pero adonde va a recibir, con gran aparato, las cartas credenciales de los nuevos embajadores. Era, pues, posible organizar este atentado con el mayor éxito. El papel de Delgado y Granados era modesto: debían limitarse a llevar el material y a reconocer los lugares.»
Pero no hay otra constancia de que realmente se tratara de la preparación de un atentado, ni los historiadores del franquismo dan verosimilitud a las distintas versiones sobre atentados contra Franco.
Posiblemente, se planearon muchos atentados contra Franco, pero no hay constancia de que uno solo se realizara. La organización terrorista ETA, cuando quiso atentar en la cúpula del régimen, lo hizo contra el almirante Carrero Blanco, que vivía en Madrid, en una casa de vecinos, y que todos los días realizaba el mismo trayecto a la misma hora, para acudir a misa primero, luego a su casa, donde desayunaba, y más tarde a su despacho. Franco era inalcanzable para una operación similar.
