Vital Aza Fernández-Nespral fue una figura singular dentro de la medicina española del siglo XX y pasó a la historia por haber sido el médico que certificó la muerte de Francisco Franco en la madrugada del 20 de noviembre de 1975. Cardiólogo de prestigio y estrechamente vinculado durante décadas al entorno médico de El Pardo, Aza vivió desde primera línea los últimos meses del dictador y participó directamente en la atención sanitaria que intentó prolongar su vida.
Nacido en Madrid, aunque profundamente ligado a Asturias por raíces familiares y personales, desarrolló una extensa trayectoria profesional en el ámbito de la cardiología y de la cirugía cardiopulmonar. Su relación con la familia Franco comenzó a finales de los años cincuenta, cuando pasó a formar parte del equipo médico de Martínez Bordiú, convirtiéndose desde entonces en uno de los especialistas habituales requeridos en El Pardo.
Más allá de su relevancia histórica por su presencia durante la muerte de Franco, Vital Aza mantuvo siempre una imagen discreta y alejada del protagonismo público. Sus declaraciones años después sobre la agonía del jefe del Estado y sobre el retraso oficial en el anuncio del fallecimiento aportaron un valioso testimonio sobre uno de los episodios más trascendentales de la historia contemporánea española.
Vital Aza Fernández-Nespral, el cardiólogo de Franco, falleció en su residencia de Somió, La Martina, a los 88 años. El médico madrileño, hijo y nieto de asturianos, se había jubilado en 2013, a los 83 años, y desde entonces había ampliado sensiblemente sus estancias en Gijón, donde era conocida su afición a irse caminando cada mañana desde su casa, La Martina, a la playa de Estaño y regresar al domicilio familiar, de nuevo andando, pese a la edad, a la hora del almuerzo, tras un largo baño y unos buenos paseos por el arenal, donde le gustaba recoger orejitas (los opérculos de las conchas), de las que tenía una extraordinaria colección.
El 20 de noviembre de 1975, Vital Aza fue testigo excepcional, y único, de la muerte de Francisco Franco. Le tocaba a él la guardia en el Hospital de La Paz y, a las dos de la madrugada, fue quien certificó sin ningún otro testigo el fallecimiento de Franco. Según declaraba a EL COMERCIO en una extensa entrevista publicada en 2013, su parecer era que «se dijo que fue a las 5.25 por seguridad nacional», es decir, para dar tiempo a poner en marcha de forma ordenada los mecanismos de la Transición.
Sin embargo, este hecho excepcional en la trayectoria de Vital Aza como médico no fue sino el corolario a una larga relación con Franco y con su familia, a quienes conoció desde un punto de vista profesional a partir de entrar a formar parte del equipo de cirugía cardiopulmonar de Martínez Bordiú, el yerno de Franco. De hecho, comenzó a ser requerido en El Pardo de forma regular desde 1958. Fue precisamente Vital Aza quien comprobó cómo, tras la tromboflebitis que sufrió éste a principios del verano de 1975, su estado de salud cayó en picado y cómo, tras realizarle un electro en El Pardo, detectó que había sufrido un infarto. En sus declaraciones a EL COMERCIO, Aza se mostraba satisfecho del enorme trabajo de los médicos para prolongar su salud y concluía: «La agonía de Franco permitió tomar medidas para allanar el camino de la Transición».
CONCLUSIÓN
La vida de Vital Aza Fernández-Nespral quedó inevitablemente unida a uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX en España: la muerte de Francisco Franco y el inicio de la Transición. Como médico y testigo directo de aquellas horas decisivas, sus recuerdos y testimonios ayudaron a comprender mejor la complejidad política y humana que rodeó el final del franquismo.
Sin embargo, más allá de ese episodio histórico, Vital Aza fue también un reconocido cardiólogo que dedicó gran parte de su vida a la medicina y que, ya retirado, encontró en Asturias la tranquilidad y el anonimato que siempre pareció preferir. Su fallecimiento cerró la trayectoria de uno de los últimos protagonistas directos de aquella madrugada del 20 de noviembre de 1975.
