El 15 de diciembre de 1937, la XI División del Ejército del Frente Popular, al mando de Enrique Líster, iniciaba una formidable ofensiva sobre Teruel, en un invierno que conocería más de los 20 grados bajo cero. Por el bando gubernamental intervinieron cerca de 100.000 hombres, apuntándose un éxito inmediato al que ayudó, no poco, lo inesperado del asalto y la rapidez con que se llevó a cabo la maniobra. El objetivo principal era el de cercar la ciudad. Al darse cuenta de las intenciones del enemigo, el jefe nacional del sector, el coronel Domingo Rey D’Harcourt, hizo replegar inmediatamente sus fuerzas, alrededor de 6.000 hombres, concentrándolas en el mismo Teruel.
A los pocos días, Franco le envía desde su cuartel móvil -en las proximidades del frente-, la siguiente orden:
«El Generalísimo saluda a los defensores de Teruel. Nuestro Ejército prepara sus fuerzas para el inmediato aplastamiento de los atacantes. El enemigo está muy castigado. Teruel será rápidamente liberado. Las fuerzas de esa guarnición se bastan ampliamente para prolongar la defensa, sin peligro para la plaza. Deben defenderse a toda costa las posiciones, economizando municiones y víveres. La niebla, la nieve y el hielo son elementos importantes. Hay en la plaza antiguos pozos, restos de canalizaciones, vino y otros artículos que deben ser cuidadosamente racionados. La guerra de calles es favorable a la defensa. Los tanques enemigos son impotentes dentro de la ciudad, porque no pueden disparar hacia arriba. Se les puede destruir por medio de gasolina y granadas de mano. La guarnición debe defenderse en conjunto y en cada uno de los sectores. La caída de un centro de resistencia no debe desalentar a los demás ni justifica su desfallecimiento. Si algún mando desmayara, debe ser sustituido inmediatamente por el más capaz de sus inferiores inmediatos o por cualquiera de ellos, en el caso de que esto fuera necesario para prolongar la defensa. Desde ahora queda usted nombrado comandante de la plaza con toda autoridad. La conducta heroica de Villarreal, Oviedo, Belchite, servirá de ejemplo para esa gloriosa guarnición. Tened confianza en España, como España confía en vosotros.
¡Arriba España! ¡Viva España!»
Los días pasan y el cerco se estrecha cada vez más y el socorro prometido no llega. El frío y la nieve, en uno de los inviernos más inclementes en los últimos cuarenta años, hacen que tanto el ataque como la defensa, sean sumamente duros. El 31 de diciembre de 1937, las fuerzas nacionales de la 1ª División Navarra, llegan a los arrabales de la ciudad, pero debido a las dificultades creadas por el temporal y una falta de coordinación entre los mandos, no se produce el contacto con los sitiados. El 7 de enero de 1938, al considerar Rey D’Harcourt que ya no es posible sostener la resistencia, se rinde a sus enemigos, firmando el correspondiente documento, el que suscriben la mayoría de los jefes y oficiales. Desde entonces, sin ninguna razón, el nombre de Rey D’Harcourt se convierte en sinónimo de traidor. Fue hecho prisionero por los rojos, padeciendo más de un año de cautiverio, hasta ser asesinado al final de la guerra, el 7 de febrero de 1939, cuando el ejército rojo se retiraba hacia Francia, en el barranco llamado Can Tretze, entre Pont de Molins y Les Escaules, junto a 39 presos políticos, entre ellos el obispo de Teruel-Albarracín, fray Anselmo Polanco Fontecha. Fueron ametrallados por el comandante comunista Pedro Díaz -jefe de una columna de las tropas de Líster-, prendiendo luego fuego a los cuerpos, tras rociarlos con gasolina.
El 5 de febrero de 1938, se inició la contraofensiva nacional con el Cuerpo de Ejército de Galicia, mandado por el general Antonio Aranda Mata y el Cuerpo de Ejército Marroquí, a las órdenes de Juan Yagüe Blanco, y el 7 de febrero un fuerte contingente de la división de Caballería dirigida por el general José Monasterio Ituarte, consiguió cruzar el río Alfambra por tres sitios distintos, obligando a las tropas republicanas a retirarse precipitadamente en toda la línea. Este hecho se consideró como la carga de caballería más espectacular de toda la guerra civil española y dicha operación bélica se conoció como la Batalla de Alfambra.
El 22 de enero, Teruel prácticamente destruido en su totalidad, vuelve a manos de los nacionales.
Ante la derrota, Enrique Líster y Valentín González “el Campesino”, se acusaron mutuamente de lenidad.
Resumen
Teruel y Alfambra. Iniciativa republicana.
Finalidad: Atraer a Teruel las fuerzas nacionales de maniobra desplegadas para una nueva ofensiva en Guadalajara, donde los rojos encontraban dificultades para enviar refuerzos.
Objetivo: Ocupar Teruel ofreciendo al mundo una prueba de su capacidad para conquistar una capital.
Plan: Estrangular el saliente que ofrecía el frente nacional en el sector de Teruel.
Características: Dureza de la lucha y del ambiente. Grandes masas de tropas y material. El 5 de febrero se inicia la contraofensiva nacional llamada “batalla de Alfambra”, en la que una división de Caballería desarrolla una acción básica en las riberas del río. Es la última acción importante de Caballería en una batalla. En Teruel se estrenan los carros rusos BT-5, antecesores muy semejantes del T-34 de la II Guerra Mundial, modelo excelente y con poca diferencia del T-54, que fue el mejor carro de aquellos tiempos, con propulsión especial de grandes ruedas y cadena, que no se detenía aún rota ésta.
Duración: Del 15 de diciembre de 1937 al 23 de febrero de 1938 (dos meses y nueve días).
Resultados: Los rojos consiguen su finalidad y su objetivo. Pero los nacionales, mediante su contraofensiva, no sólo recuperan Teruel el 22 de febrero de 1938, sino que conquistan una amplia zona de terreno enemigo.
