«El día 7 (de marzo, 1939) por la mañana acudí al local donde solíamos reunirnos en París los camaradas de la dirección del Partido. Allí Giorla me llevó aparte y me comunicó dos noticias terribles: mi madre, a la que cuando salí dejé paralizada y sin habla en la cama, había fallecido semanas antes; y se había producido un golpe de Estado encabezado por Casado y Besteiro —como ya temíamos— pero lo más duro para mí, Wenceslao Carrillo, mi padre, era uno de los componentes del consejo entronizado por el golpe.
«¿Y qué pensarían de mí mis camaradas de la JSU y del partido que a esa hora estarían luchando con la junta en Madrid?…
«¿Cómo hacer saber a mis camaradas el fondo de mi pensamiento?…
«Me encerré en mi cuarto y me puse a escribir la carta abierta a mi padre que se hizo famosa. Yo era en esa época un personaje público en mi país y en el movimiento juvenil internacional de izquierda. No podía dirimir la cuestión en la intimidad familiar, tenía que hacerlo públicamente y con toda rotundidad.
«Si a aquella carta se le quitan frases grandilocuentes propias de la parafernalia terminológica comunista de la época, yo no tacharía hoy ni una coma, considerándola un documento emblemático de la tragedia nacional y de las múltiples tragedias personales de entonces. Cuando se la entregué a mis camaradas de la dirección del partido para que se publicase, a ninguno se le ocurrió hacerme comentarios. Pero a la vez sentí que se les quitaba un peso de encima. En cuanto concernía a mis relaciones con ellos, esa carta hacía que no cambiase nada».
No sin indicar que el documento anterior, que se debe a Carrillo, hubiera encajado tal vez mejor como falsedad. La carta no se escribió el 7 de marzo sino el 15 de mayo, como vamos a ver, dos meses largos después. Me parece repulsivo, por no emplear otra palabra, que Carrillo cite la muerte de su madre para dar más patetismo al relato; porque del contenido de la carta se deduce con toda claridad que fue enviada a Wenceslao a Londres, a donde no pudo llegar hasta abril, porque durante todo el mes de marzo estuvo en su puesto de Madrid. La carta da por terminada totalmente la guerra civil, lo que no sucede hasta el 1 de abril. Carrillo no escribió la carta a su padre a primeros de marzo; esa fecha encubre una falsedad redonda.
Según las fuentes citadas por Carlos Fernández, que son fidedignas, —insisto— la carta de Carrillo a su padre lleva la fecha de 15 de mayo y va dirigida a Londres; Claudín, que guarda copia en su archivo personal, confirma la fecha y la dirección. Desde el 7 de marzo que nos dice Carrillo en 1993 han pasado más de dos meses y la finalidad que apunta Carrillo —confortar a los combatientes comunistas de Madrid, cuya resistencia había cesado totalmente a mediados de marzo— es una de sus habituales falsedades. Además la carta del hijo responde a una carta del padre enviada desde Londres, lo que no pudo ocurrir, como he dicho, antes de abril. La falsedad de los pretextos de Carrillo se demuestra una vez más documentalmente. Pero vamos a la carta:
Carta de Santiago Carrillo a su padre, Wenceslao Carrillo
París, 15 de mayo de 1939
Sr. D. Wenceslao Carrillo
Londres
(No hay encabezamiento)
He recibido la carta que me enviaste desde Londres. No pensaba contestarte. Pero luego he creído útil escribirte para que conozcas las razones por las cuales he decidido romper toda relación contigo. La traición de Casado, Besteiro, Miaja, Mera, Wenceslao Carrillo y Cía ha establecido una separación profunda entre, de un lado, la masa del pueblo y las organizaciones y los hombres que le son fieles, y del otro los elementos que, en el transcurso de la guerra, preparaban la entrega a Franco, que ya nunca podrá haber nada de común entre unos y otros.
«Durante treinta y dos meses el pueblo español ha luchado con un heroísmo y coraje ejemplares. Los nombres de Guadarrama, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro, la defensa de Madrid, evocan entre los antifascistas del mundo entero el recuerdo de los grandiosos combates por un pueblo dotado de la voluntad firme de defender la democracia y la independencia nacional.
«A lo largo de esos treinta y dos meses de resistencia, el pueblo español ha dado al mundo el ejemplo de que es posible hacer cara a los agresores fascistas con las armas en la mano. Cuando los elementos capituladores profascistas pregonaban en todo el mundo “antes la servidumbre que la muerte” el pueblo español ha levantado la bandera de la resistencia armada contra el fascismo y su ejemplo, unido al del admirable pueblo chino, ha puesto en movimiento, por todas partes, a millones de seres dispuestos a hacer frente a la piratería fascista.
«Pero vuestro golpe contrarrevolucionario, vuestra traición por la espalda ha entregado al heroico pueblo español, atado de pies y manos, a Franco y a los destacamentos de la OVRA y de la GESTAPO. Y esto ha sucedido precisamente en un momento en que la solidaridad internacional para nuestro pueblo aumentaba, en que la presión de las masas laboriosas apretaba, animada por nuestro ejemplo, y obligaban a los gobiernos reaccionarios de Francia e Inglaterra a inclinarse cada vez más por una política de resistencia a los asesinos fascistas, en que nuestra lucha encorajaba a los proletarios y demócratas de todos los países y hacía retroceder a los capituladores.
«Vuestro golpe contrarrevolucionario ha sido un gran servicio, no solamente a Franco, sino también a la reacción y al fascismo internacional; gracias a vosotros ha caído en sus manos uno de los principales centros de resistencia de la democracia. Con él en las manos, el fascismo se sintió inmediatamente mucho más fuerte, se dedicó a ocupar la Bohemia, Moravia, Albania, Memel y amenaza provocar una guerra general, de la que España será víctima. Para poder consumar vuestra traición habéis engañado al pueblo prometiéndole la paz; le habéis hecho creer que terminaríais la guerra, que no habría represalias, que quedarían a salvo la independencia nacional y las conquistas populares. Y en vez de esto, ¿qué habéis dado al pueblo?
«Ha terminado la guerra de trincheras para dar comienzo a una ola de persecuciones que causan en las filas de la clase obrera y del antifascismo, sin distinción de tendencias, muchas más bajas que si se hubiese continuado la resistencia; ha comenzado un período de represión en que falangistas, Guardia Civil, la OVRA y la GESTAPO organizan la caza de los antifascistas y
asesinan a millares de ellos en todo el país. No hay hogar antifascista donde no se lamente la pérdida o la prisión del hijo, del padre o el hermano, que a estas horas vivirían y serían libres al no haber mediado vuestra infame traición.
«Las conquistas sociales de los obreros han desaparecido bajo las medidas draconianas de las autoridades fascistas, fieles servidoras de la patronal; la tierra, que el Frente Popular había entregado a los campesinos, liberándoles así, ha vuelto a caer en manos de los terratenientes.
«Italianos, alemanes y moros campan por sus respetos sobre nuestro territorio que las potencias fascistas tratan de colonizar.
«Eso es lo que vosotros, el Consejo de la traición, habéis dado al pueblo español; eso es lo que se escondía bajo vuestras falsas promesas de paz. Centenares de miles de españoles comprueban ahora con horror cuánta falsedad y doblez se escondía en vuestras promesas y qué razón teníamos nosotros en alentarles contra vosotros.
«Toda vuestra cuadrilla sabía bien que, para realizar la entrega a Franco de un pueblo grande y heroico, como el pueblo español, era ante todo necesario desacreditar y desarmar a los comunistas, porque los comunistas, que siempre hemos dicho la verdad al pueblo, que somos carne de la clase obrera, no íbamos a permitir que se consumara la traición.
«Y todos a una, Casado, Besteiro, Miaja, Mera y tú y la prensa redactada por cobardes capituladores y fascistas, comenzasteis a lanzar cieno sobre mi Partido y sus jefes más queridos, injuriasteis a la Pasionaria, la mujer a quien todos los españoles consideraban como símbolo de la lucha por la libertad, la buscasteis como lobos para detenerla y entregarla a Franco; injuriasteis a Pepe Díaz, el jefe querido de los comunistas y de los obreros españoles que los ha dirigido a través de las luchas difíciles de los últimos años, les dirige hoy, bajo la dominación extranjera, y les llevará en definitiva a la victoria; perseguisteis a Jesús Hernández y a Modesto, a Líster que queríais también fusilar.
«Habéis dejado en la cárcel, para que Franco no tenga la molestia de buscarles, a valerosos revolucionarios como Girón, Cazorla y Mesón; habéis asesinado a Conesa y Barceló y a decenas de luchadores y revolucionarios probados.
«Todos los enemigos del pueblo os habéis conjurado para ir contra mi Partido y sus hombres. Oficiales de familia fascista, como Casado, agentes de la reacción internacional, como el profascista Besteiro, militares ambiciosos como Miaja, aventureros de la FAI, caballeristas-trotskistas. Y entre éstos tú, que a pesar de ser un obrero, no has vacilado en traicionar a tu clase de la manera más vil.
«¿Por qué os habéis unido todos vosotros contra mi Partido?. Porque el Partido Comunista lucha por la victoria del pueblo y en todo caso por una paz verdaderamente honorable que evitara el terror y la matanza de millares y millares de antifascistas y revolucionarios, porque el Partido Comunista hacía esfuerzos enormes por mantener la unidad sin la cual la paz era imposible, como se ha comprobado.
«A través de esta dolorosa experiencia, el pueblo español ha comprendido mejor que nunca, en su propia carne, que tras el lema de la lucha contra los comunistas se escondía la preparación de la dominación brutal del fascismo. El pueblo español ha podido ver quiénes son sus amigos defensores y sus enemigos disfrazados.
«Y los obreros socialistas que algún día creyeron en la sinceridad del sedicente izquierdismo del grupo Largo Caballero —tu jefe e inspirador principal— han comprendido que el izquierdismo-trotskismo de Largo Caballero, Araquistáin, Baraíbar, Zancajo y Cía, agentes del fascismo, lleva al mismo fin que el profascismo de Besteiro. Unos y otros jugáis el mismo papel triste de la traición al servicio de Hitler y de Mussolini. Unos y otros sentís el mismo odio al gran país del Socialismo, la Unión Soviética y al jefe de la clase obrera mundial, el gran Stalin, porque son la salvaguardia y el amigo fiel de todos los pueblos que luchan por la libertad; porque han ayudado constantemente al pueblo español y también porque han sabido barrer con mano de hierro a vuestros hermanos gemelos, los traidores trotskistas, zinovievistas y bujarinianos.
«Unos y otros, los caballeristas-trotskistas y los amigos de Besteiro, los faístas y demás comparsas, son enemigos de la unidad de la clase obrera y del Frente Popular. Durante los treinta y dos meses de lucha habéis hecho todos los esfuerzos posibles para escindir a la UGT y a la JSU, por romper la unidad popular y en el extranjero continuar entregados a la misma tarea y a la obra de descrédito del heroico pueblo español y de sus jefes más firmes.
«Pero no conseguiréis vuestros propósitos. A la luz de las últimas experiencias aparece más claro para todos los obreros socialistas, traicionados por vosotros, la necesidad de la unión con el Partido Comunista; todos los jóvenes, todos los obreros comprenden la necesidad de mantener a todo precio la unidad de la UGT y de la JSU.
«Y las masas del pueblo, que han visto que era necesario romper el Frente Popular para realizar la traición, se dan cuenta, ahora mejor que nunca, de que el Frente Popular, libre del lastre de los traidores que le saboteaban, es el arma que nos permitirá hacer una resistencia de masa que impida la consolidación del fascismo en España y que nos llevará a la victoria.
«La unidad popular sin traidores, para la lucha contra Franco y la invasión, es absolutamente necesaria, y el Partido Comunista, como siempre, lucha por ella a la cabeza del pueblo.
«Yo soy un militante del Partido Comunista de España y de la gloriosa Internacional Comunista. Quiero recordarte y decirte que cada día me siento más orgulloso de mi Partido que ha sabido dar el ejemplo de abnegación y de heroísmo en la lucha contra los invasores, el Partido que en las difíciles horas de la ilegalidad no arriará su bandera y por el contrario, mantiene la batalla contra el fascismo con decisión y coraje, el Partido sobre el que todos los españoles cuentan, y con razón, para su liberación de las garras fascistas.
«Cada día me siento más orgulloso de ser un soldado en las filas de la gran Internacional Comunista que tú y tus compañeros odiáis tanto y que ha sabido mantener en todo el mundo la bandera de la solidaridad con el pueblo español, mientras que tus amigos del extranjero, los dirigentes de la II Internacional, hacían cuanto podían para acogotarnos, trabajaban y siguen trabajando contra la unidad, contra la URSS, utilizando el mismo lema que Hitler y Mussolini: «La lucha contra el comunismo».
«Cada día es mayor mi amor a la Unión Soviética y al gran Stalin, a los que vosotros odiáis y calumniáis precisamente porque han ayudado a España de una manera constante a través de toda nuestra lucha.
«El odio de vuestra cuadrilla caballerista-trotskista al Partido Comunista de España, a la Unión Soviética y al gran Stalin es una prueba más del formidable papel jugado por éstos en la lucha del pueblo español por su libertad.
«Cuando pides ponerte en comunicación conmigo olvidas que yo soy un comunista y tú un hombre que ha traicionado a su clase, que ha vendido a su pueblo. Entre un comunista y un traidor no puede haber relaciones de ningún género. Tú has quedado ya del otro lado de las trincheras.
«No, Wenceslao Carrillo, entre tú y yo no puede haber relaciones, porque ya no tenemos nada en común, y yo me esforzaré toda mi vida, con la fidelidad a mi Partido, a mi clase y a la causa del socialismo, en demostrar que entre tú y yo, a pesar de llevar el mismo apellido, no hay nada en común.
«Por vuestra traición la República española ha sido batida, pero la lucha no ha terminado. Por el esfuerzo del pueblo Franco caerá, los obreros y
campesinos, unidos a todos los demócratas, con el Partido Comunista a la cabeza, restaurarán de nuevo la República popular, pero jamás ni bajo la dominación fascista ni después de nuestra victoria olvidarán vuestra infame traición.
Santiago Carrillo.»
Renuncio a enumerar y rebatir los innumerables disparates históricos que contiene esta carta, tan absurdos como sus profecías finales de las que no se ha cumplido ni una. Lo importante es que tal carta fuera escrita y publicada en la primavera de 1939.
No es verdad que todos los dirigentes comunistas aceptaran sin críticas a Carrillo la carta a su padre. Por el contrario, a todo el mundo le sentó muy mal.
«Entre Carrillo y yo —recuerda Manuel Tagüeña, que había hecho de verdad la guerra de España en el frente— nunca hubo confianza ni menos amistad. Siempre le había considerado dispuesto a subordinarlo todo a sus ambiciones políticas. En aquel momento acababa de renegar públicamente de su padre, Wenceslao Carrillo, colaborador del Consejo de Defensa. Por mucho aire espartano que se quisiera dar al gesto, nadie dudaba que lo había hecho para presentarse ante la dirección del Partido Comunista de España como militar íntegro, capaz de sacrificar a su familia en beneficio de la causa.»
Por su parte Fernando Claudín nos revela algo realmente inaudito. Cuando leyó la carta aberrante de su hijo, Wenceslao Carrillo no pudo creer que quien llevaba su sangre fuera el autor de semejante engendro y tuvo la ocurrencia de escribir a quien creía culpable, el «señor Stalin». El viejo socialista respiraba por la herida y se permitió echar a Stalin una bronca monumental con fecha 2 de julio de 1939. Atribuye el dictado de la carta, en nombre de Stalin, a la Pasionaria o a Jesús Hernández. Claudín confirma la autenticidad; Carrillo había salido de la guerra civil como staliniano perfecto y sus escritos se acomodaban de tal forma al pensamiento de Stalin que podían pasar por emanados del gran criminal soviético.
Ricardo de la Cierva
