El diálogo imaginario entre José Antonio y Franco tras la muerte del Caudillo
El emotivo diálogo imaginario entre José Antonio y Franco sobre España, la política, la Falange y el destino de la nación tras la muerte del Caudillo.
Cuando terminó todo yo estaba agotado física y espiritualmente. Pero no quise retirarme a descansar sin escribir en una cuartilla algo de lo que había pensado mientras se sepultaba al Caudillo bajo aquella impresionante losa de la basílica del Valle de los Caídos:
«Una fecha, 20 de noviembre, coincidente con el fusilamiento del Fundador de F.E. y la muerte del Generalísimo.
»Dedicatoria: A los falangistas fieles a José Antonio, a los 27 puntos de nuestra doctrina. Digo falangistas fieles y no a los perjuros que hicieron su medro personal “dispersándose” con la camisa azul que tantos y tantos camaradas honraron dando lo que tenían: el tesoro más preciado, su vida, que sólo sirvió de punto de apoyo para izar a sujetos sin honor a puestos de responsabilidad, presentando como credencial su disfraz, la camisa azul, y como curriculum su desfachatez. Esos que se postraron ante un crucifijo, poniendo su mano derecha sobre los Evangelios con cara de circunstancias, con caras lánguidas entre el “juro cumplir” al crucifijo y mirada vergonzante al suelo cuando el Caudillo les contestaba: “Si así lo hacéis Dios os lo premie y si no os lo demande.”
»A las seis de la mañana del 20 de noviembre estas dos almas tenían una cita en el más allá. Uno, el creador de una doctrina; otro, el Capitán vencedor. ¿Qué podrá decir José Antonio a Franco? ¿Y Franco a José Antonio?
»F.— Fuiste, José Antonio, el espejo de una juventud heroica que, gracias a la doctrina y ejemplo, fue levadura y solera que amalgamaron al gran pueblo español.
»J. A.— Y tú el gran vencedor de una difícil contienda. El patriotismo te condujo después de vencer a creer en los hombres por sus signos externos. Nunca te paraste a pensar que uno de los apóstoles traicionó a Jesucristo.
»F.— Siempre confié que después de casi tres años de heroísmo de nuestra juventud, la clase política fuera desprendida de personalismos fáciles en sacrificios, si comparamos el poder que da la mesa de despacho con la trinchera.
»J. A.— La clase o familia política, mi General, no tiene el concepto de la responsabilidad como la militar, educada desde su iniciación bajo una disciplina y mentalidad para que si fuera preciso dar la vida por la Patria. No puede compararse la formación de la Universidad con la de la Academia. La familia política siempre encuentra palabras para hacer creer a la familia militar que ésta no está formada para gobernar más que en casos extremos, pero creo que salvo raras excepciones prefiero un militar a un político en cargos de responsabilidad.
»F.— A pesar de todo fracaso en las personas, España se desarrolló en bien de sus clases humildes más que en toda su historia. ¿Cómo puedes explicármelo?
»J. A.— Ya conoces que el pueblo tiene un sexto sentido y conseguiste todo y más porque tenía fe en ti; pero no captaste lo que tantas veces estuvo en la boca de los españoles ante las injusticias de muchos políticos y la manera de gobernar sólo para bien propio y de amigos. El sexto sentido que te mencionaba les hacía decir: “Si Franco se enterase de esto.”
»F.— Te doy toda la razón, estaba engañado por el progreso (sociedad de consumo) general de toda España, pero engañado por los tecnócratas que si consentían en subir la renta per cápita del más necesitado, multiplicaban por muchos números las ganancias de los poderosos.
»J. A.— Arrese, Girón, Cavestany, que siempre quisieron ayudarte y, por tanto a España, haciendo justicia social —una finalidad de nuestra revolución— fueron eliminados, criticados y machacados por las clases capitalistas, que apoyando al marxismo, hicieron todo lo posible para que se representaran unos números de opereta para la galería, después del Frente de Juventudes, danzas de la Sección Femenina, etc., y con ello decir que se hacía revolución mientras con su Prensa minaban tu prestigio y también el espíritu de los hombres de la Cruzada. Y fíjate lo que pudiste hacer, que sólo con tu presencia física ninguno de estos “topos” afloró a la superficie, y después de tu muerte ya brotan a millares.
»F.— Tienes razón, José Antonio. Quise, porque no les temía, abrir las puertas a los que después de tantos años de dificultades, pero de progreso para nuestra Patria, continuasen por bien de todos la trayectoria trazada y una vez más demostraron que de imparciales no tienen nada, que son esbirros de las multinacionales, tanto capitalistas como marxistas, éstas primas hermanas de aquéllas. Otros resentidos, ya que se creían imprescindibles para ocupar cargos y que el tiempo me dio la razón para no dárselos, y otros que los ocuparon y se sirvieron de la política como palanca para beneficio propio y no para el servicio a su Patria. Reconozco mi equivocación al creer en ellos y considerarlos fieles servidores del pueblo cuando juraban ante el crucifijo.»
Han transcurrido cuatro años desde la muerte de Franco. Me asombra y me entristece el transformismo político; vuelven las dos Españas a debatirse en la arena; se desguaza con prisa una obra de cuatro décadas; se deteriora la moral, la familia, la religión católica, los ideales de la juventud; se incrementa el paro, el terrorismo, la inseguridad ciudadana, la pornografía, las drogodependencias. No puedo más. Pero sin embargo conservo la fe en la juventud que una vez más salvará los destinos de España.
Estoy enfermo y pido a Dios que no tarde en reunirme con aquellos que murieron cantando en Somosierra, el Alto de los Leones, el Ebro, el Alhambra, el Jarama, Belchite, Garabitas, Villanueva de la Serena, Monterrubio, Pozoblanco, Teruel, la Casa de Campo, Arganda, Brunete y tantos y tantos frentes, mientras era cierto que en España empezaba a amanecer.
