Del hambre y la pobreza se pasó a la masificación de las universidades en una sociedad próspera y en constante crecimiento. Se olvidó el hambre y se dejó muy atrás la pobreza.
España, tras su aventura en la historia en defensa de la fe católica, en defensa de la unidad de la Cristiandad y en defensa de sí misma, llevaba siglos siendo un país agotado, pesimista. Una nación que se había quedado atrás. El Régimen de Franco supuso la vuelta de España a la ilusión y al progreso. Supuso nuestra entrada en la modernidad económica. España salió del agotamiento para volver a ponerse en marcha.
Infraestructuras, viviendas, industria, agricultura, ganadería, turismo, la seguridad social, sanidad y educación públicas, el constante aumento del poder adquisitivo de los españoles, una sociedad sin delincuencia significativa, sin drogas, futuro. Todo ello fue lo que Franco dejaba en pie el 20 de Noviembre de 1.975. El legado económico, social y material era netamente satisfactorio, inmenso.
Pero no es de este legado, por cuanto a lo largo de este libro con seguridad ha quedado claro, el que se quiere señalar ahora. Hay un legado de Franco, no reconocido, no valorado, no estudiado, al que no se ha dado importancia, que puede ser digno de empezar a ser analizado: el legado moral, ideológico, político de Franco, es decir, entender la ideología de Franco como una herencia política que valorar para la construcción de un modelo de convivencia colectiva eficaz y sano.
Aquel Régimen que, por necesidad se inició como Estado campamental, desplegó a lo largo de sus años un lento, o no tan lento, proceso de institucionalización a través de sus Leyes Fundamentales. Tras esas Leyes había una arquitectura política, un sistema político, ideológico, moral que parece no haber existido nunca. Franco hizo tanto que es como si no se apreciara bajo que principios lo hizo. Sin embargo, ese modelo, en constante evolución, cambio y perfeccionamiento, con la salvedad de unos principios inmutables, estuvo ahí y fue el que nos llevó a los españoles a la situación moral y material que a finales de 1.975 nos permitía haber dejado de ser una nación económicamente rezagada al tiempo que nos hacía ser una sociedad espiritualmente, moralmente, sana y esperanzada en un fututo cada vez mejor.
En definitiva, es importante e interesante observar las notas esenciales de aquel Estado, valorar sus principios, valorar su estructura política, su organización institucional, meditar sobre su posible evolución y mejora, su adaptación al paso del tiempo, y contemplar que Franco, además de un legado material, dejó un legado ideológico, un modelo político, que demostró, en la práctica, ser capaz de crear un Estado eficaz y una vida mejor para los ciudadanos del Estado español.
Esa ideología, a diferencia de casi cualquier otra, goza, además, de una enorme ventaja sobre otras: la ideología de Franco no se construye a priori, teorizando sobre un papel. La ideología de Franco se construye en la práctica de la dirección del Estado. La ideología de Franco es un manual de instrucciones creado casi sobre la marcha y sometido a prueba durante años, para la dirección del Estado y para conseguir que ese Estado sea eficaz y funcione.
Por razones que no se acaban de entender, el sistema político formado durante el Régimen de Franco tenía que morir, y de forma absoluta, con la muerte del Caudillo. La aseveración de que el franquismo sin Franco no tenía sentido se repitió hasta la extenuación por los propios franquistas y fueron los propios franquistas quienes se pusieron a la tarea de demoler todo el armazón político del Régimen para sustituirlo por otro distinto y distante en el que nada o muy poco quedaba en pie de lo anterior.
¿Franco creó una ideología? ¿Franco estructuró un modelo político? ¿Puede ser ese modelo un legado para los españoles?
EL MODELO MORAL, POLITICO, ECONOMICO Y SOCIAL DE FRANCO.
Con profusión se ha dicho que Franco era un hombre pragmático carente de ideología. No deja de ser chocante tal afirmación referida a un hombre que fue Jefe del Estado desde 1.936 a 1.975 y que mantuvo un sistema político, con evidentes valores y principios detrás, que no era precisamente cómodo de sostener en la coyuntura internacional de aquellos años.
Franco creía en el sistema que se fue institucionalizando a lo largo de sus años de Gobierno, no quería una situación pasajera como la de Primo de Rivera. Franco quería crear, buscaba crear, una estructura política moralmente correcta, válida para siempre, eficaz y elaborada, aunque desde principios universales, especialmente para España y para los españoles. Sus hechos y sus palabras acreditan que Franco creía en el franquismo. Quizá no supo hacer o no consiguió hacer que los franquistas creyeran en sí mismos. Quizá Franco no supo vender el franquismo como sistema político. La propaganda nunca ha sido una facultad de los españoles. Ahí están nuestras leyendas negras.
Catolicismo, Doctrina Social de la Iglesia, falangismo, tradicionalismo, fascismo, derecha conservadora más tradicional y social que liberal, todo ello conformó una ideología y su sistema político que sin ser de forma estricta nada de lo señalado si era un compendio de todo aquello enmarcado, limitado, sujetado, completado, salvaguardado por el respeto a la Doctrina Social de la Iglesia, al Catolicismo, reconocido como cosmovisión, como límite moral y ético, que necesariamente respetar. Eso, a diferencia de otras ideologías, permitió al Régimen de Franco evitar leyes inmorales e incurrir en conductas rechazables.
¿Hubo algo de fascismo en el Régimen de Franco? Sin duda. El 1.939 el fascismo era contemplado en Europa como una propuesta política moderna capaz de frenar el comunismo con éxito al tiempo que atendía a las razonables protestas de las clases sociales más humildes ciertamente explotadas y olvidadas por los sistemas capitalistas. Nacionalismo, justicia social, jerarquía, organicismo, corporativismo, antimarxismo. Todo ello estuvo en el Régimen de Franco de principio a fin.
¿Hubo algo de falangismo en el Régimen de Franco? Sin duda. Mucho. Búsqueda de unos valores permanentes verdaderos y justos que inspiraran el Estado, patriotismo, justicia social como pilar básico de los objetivos del Estado, jerarquía, estructuración orgánica de la representación del pueblo y ausencia de partidos políticos, Hispanidad, incorporación de un sentido Católico al Estado, el trabajo entendido como derecho y como deber, la importancia del Ejército, la representación del pueblo a través de la familia, el municipio y el Sindicato… Todo ello estuvo en el Régimen de Franco de principio a fin.
¿Hubo algo de tradicionalismo en el Régimen de Franco? Sin duda. Catolicismo y Doctrina Social de la Iglesia como basamento de los principios del Estado, Estado Confesional, principio de unidad de poder y coordinación y división de funciones, Monarquía Católica, tradicional, social y representativa como proyecto de futuro… Todo ello estuvo en el Régimen de Franco de principio a fin.
¿Hubo algo de una derecha tradicional y conservadora en el Régimen de Franco? Sin duda. Otra vez catolicismo, patriotismo, respeto a la propiedad privada, una dosis amplia y justa de libre mercado…Todo ello estuvo en el Régimen de Franco de principio a fin.
¿El Régimen de Franco fue fascismo o falangismo o tradicionalismo o derecha conservadora no liberal? Ni existe el oro puro, ni existe el hombre perfecto, ni existe, posiblemente, la aplicación de doctrina política pura en Régimen alguno a lo largo de la historia. El Régimen de Franco, la ideología de Franco, fue un compendio de todo ello. Un compendio exitoso que, quizá, deba valorarse como superación y mejora de las distintas ideas que reunió por las que, con excepción quizá del fascismo, se reconocía la existencia de una verdad absoluta y objetiva, una sola, de forma que reunirlas, unificarlas, en esa única verdad tenía un evidente sentido práctico y, más importante, moral. Esa fue la unificación política de 1.937 de todos los sectores que se aglutinaban en la lucha contra el marxismo de la II República o de lo que quedaba de ella.
¿Qué no fue la ideología de Franco? Sin duda, no fue nacionalsocialismo. El paralelismo que la izquierda quiere llevar a cabo entre franquismo y nazismo no se sostiene. Ni ideológicamente, ni por los hechos del franquismo. Ideológicamente el franquismo no tuvo ni un retazo de racismo. Al contrario. Católico y defensor de la Hispanidad, el franquismo no era ideológicamente racista y, de hecho, no lo fue nunca en la práctica, ni siquiera, cuando serlo era una moda, ya no nazi, sino casi universal. En lo referente a los hechos que se imputan al nazismo, fundamentalmente el Holocausto, hay que señalar dos extremos: en primer lugar, bien puede decirse que en España, en nuestra Guerra Civil, los judíos fueron los Católicos y los nazis fueron los rojos buscando con ahínco el exterminio físico de los católicos españoles: clero y seglares. En segundo lugar, debe señalarse que el Régimen de Franco, no sólo no hizo entrega alguna de judíos al Régimen nazi, sino que, al contrario, salvó de la persecución nazi a buen número de hombres, mujeres y niños judíos, como salvó a los católicos de ser exterminados en España por el PCE, el PSOE, la CNT, ERC….
LOS PRINCIPIOS DEL REGIMEN DE FRANCO
Es curioso que cuando se habla del franquismo se le tiende a denostar como un sistema falto de ideología, a Franco, en el mismo sentido, como un simple militar conservador sin ideas. Sin embargo, es posiblemente el franquismo y el Régimen de Franco el sistema político, la ideología, en el que más claros están sus principios ya que estos aparecen recogidos de forma nítida y exhaustiva en la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1.958.
Lo habitual en cualquier forma de pensamiento es, por ejemplo, un Manifiesto, como el comunista de 1.848 y luego años, siglos ya, de divagaciones que generan infinitas interpretaciones sobre el marxismo, el comunismo o el socialismo, por lo visto posible, no marxista. Otras veces nos encontramos con una Declaración Programática más o menos difusa que mezcla principios y programa político y que con el transcurso del tiempo hace dogmas de ese programa al tiempo que ve opacados sus principios. Y en otras ocasiones aparecerán declaraciones, discursos y libros de uno o varios fundadores y luego diversos autores que, con frecuencia, ofrecen contradicciones y dan lugar a las más dispersas exégesis. Mientras eso es lo ordinario en la práctica totalidad de pensamientos políticos, Franco plasmó con claridad absoluta los principios de su ideología en una Ley de Principios.
En definitiva, saber la ideología de Franco y del franquismo, sus principios, es tan sencillo como atender a la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1.958. Esos principios, recogidos como legislación positiva del Estado, son, con toda probabilidad, el más importante, y menos apreciado, de los legados del Caudillo.
“España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.”
En este texto se concreta el primero de los principios del Régimen de Franco. Lo que podríamos definir como el culto a la Patria entendida esta como una unidad forjada por la historia para navegar en la historia y entre las demás naciones con valores propios y diferenciales que impulsar y defender. Esa patria, ese patriotismo, exige el deber a los españoles de servir a España para mantenerla unida y hacerla grande y libre en ese océano de la historia y del resto de pueblos del mundo.
A renglón seguido, la ideología de Franco establece Aquello a lo que sirve la nación española, lo único que está por encima de la nación española. “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.”
Esa unidad en la historia se somete a la Ley de Dios en los términos establecidos y fijados por la Iglesia Católica. De alguna manera, España se constituye en el ejército misionero de Dios y del mundo que Este quiere.
Este principio en la visión de Franco de España, esta afirmación, es de enorme trascendencia. Con él se recogen y se hacen propios siglos de búsqueda de los hombres, en el seno de la Iglesia Católica, de la verdad, de lo correcto, a través de la revelación y de la razón. De esta forma, la ideología de Franco queda respaldada por una cosmovisión Católica que completa cualquier posible laguna o vacío en el pensamiento de Franco, que empapa todos sus planteamientos, que ayuda a interpretarlos y que evita cualquier error moral ideológico o de hecho, de conducta.
En este punto, hay que señalar que hablamos de la Iglesia Católica que se reconocía a sí misma como poseedora de la verdad lo que dejó de suceder en el Concilio Vaticano II, momento en el que la Iglesia inició su camino de dos pasos adelante y uno hacia atrás en dirección al relativismo moral, punto en el que hoy se encuentra.
En definitiva, Franco señala la Doctrina Social de la Iglesia, el Magisterio de la Iglesia, la doctrina tradicional de la Iglesia Católica como el magma de todo su pensamiento, como un marco limitador moral, como el manantial esencial y último al que acudir y del que beber.
“España, raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indiscutiblemente hermanada, aspira a la instauración de la justicia y de la paz entre las naciones.”
Este es el tercero de los principios de Franco. Y encierra tres ideas esenciales: una reivindicación del Imperio español, una búsqueda de hermandad con las naciones que formaron parte de aquel Imperio y la exigencia de unas relaciones internacionales basadas en la justicia que guarden la paz entre las naciones.
El Imperio español. Franco lo reivindica. Lo manifiesta como positivo. España, esa nación que acata la Ley de Dios, creó una enorme familia de pueblos, alrededor de esa Ley de Dios, a los que Franco propone cercanía, hermandad. Es la inclusión de la Hispanidad en el pensamiento político del Caudillo.
Y junto a ese proyecto de entendimiento entre todas las naciones que fueron parte del Imperio español hay una afirmación que parece carecer de importancia pero no es así en absoluto. Con brutal cinismo, cuando se trata de definir en qué términos debe desarrollarse la política internacional de un país, siempre se afirma, sin rubor alguna y como si se hablara de un principio indiscutible cargado de razón, que en esas relaciones, lo obligatorio y acertado, es velar por los intereses nacionales de cada cual y nada más.
Franco sienta un principio alternativo al de los intereses nacionales: en las relaciones internacionales debe instaurarse la justicia, dar a cada cual lo que merece, aún por encima de los intereses nacionales. Para Franco no deben primar los intereses particulares de las naciones, debe primar lo correcto, lo moral, lo justo. De alguna manera, Franco es fiel a aquel Imperio español que llegó a preguntarse por la justicia de su presencia y conducta en América.
“La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional. Los Ejércitos de España, garantía de su seguridad y expresión de las virtudes heroicas de nuestro pueblo, deberán poseer la fortaleza necesaria para el mejor servicio de la Patria.”
Otra vez el culto a la Patria y, en este caso, a su unidad y a su independencia. Franco le dará una importancia suprema a la unidad de España y la unidad espiritual de los españoles como bien moral: la unidad frente a la división. De ahí que se fomentara todo lo que a los españoles une y se opacara cuanto pudiera separarnos. Por fin, Franco establece la importancia del Ejército como garante final de esa unidad y de esa independencia de España en el marco internacional.
“La comunidad nacional se funda en el hombre como portador de valores eternos y en la familia, como base de la vida social; pero los intereses individuales y colectivos han de estar subordinados siempre al bien común de la Nación, constituida por las generaciones pasadas, presentes y futuras. La Ley ampara por igual el derecho de todos los españoles.”
El hombre, la familia, el bien común de la nación. La comunidad nacional, y su forma de organización, el Estado, deben velar por el respeto a cada español en sus derechos como persona, debe proteger a la familia como base de la sociedad pero, todo ello, sentando por encima el bien común de todos los españoles, de la Nación española. Equilibrar de forma justa, armonizar todos estos pilares, el respeto a cada español, la protección de la familia, la consecución del bien común, de forma que todos ellos se vean defendidos y garantizados en su justa medida, será tarea fundamental del Estado.
Los principios del pensamiento de Franco abundan aquí en una nueva nota para la concepción que tiene de la Patria. España es el fruto y está constituida por los españoles que fueron, que son y que serán. España es furto de la historia y ninguna generación de españoles es dueña de la nación sino que ésta es una herencia en entrega constante a las siguientes generaciónes.
Por fin, entre los principios de la ideología de Franco se asume el de la igualdad de los españoles ante la Ley. Una Ley que Franco, aunque exigente con los deberes de los españoles, contempla como amparo, como protección para los derechos de esos españoles.
“Las entidades naturales de la vida social: familia, municipio y sindicato, son estructuras básicas de la comunidad nacional. Las instituciones y corporaciones de otro carácter que satisfagan exigencias sociales de interés general deberán ser amparadas para que puedan participar eficazmente en el perfeccionamiento de los fines de la comunidad nacional.”
Otro de los principios de la ideología de Franco señalará: “El carácter representativo del orden político es principio básico de nuestras instituciones públicas. La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio y el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes. Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema representativo, será considerada ilegal.
Todos los españoles tendrán acceso a los cargos y funciones según su mérito y capacidad”
Todos los españoles pueden participar, contribuir con sus ideas, a la mejora de España. El Estado debe buscar que esa participación exista para que todas las aportaciones positivas puedan escucharse, tomarse en cuenta y hacerse realidad.
En la ideología de Franco, las vías para la participación del español en la vida política de la Nación no son los partidos políticos. Es cierto. Es así hasta el punto de afirmar su carácter de ilegales. Los cauces de representación o, mejor dicho, las entidades que representar no son sujetos aislados a través de partidos políticos sino que los españoles estarán representados en las tareas de decisión en la legislación del Estado en cuanto un hombre es parte de una familia, en cuanto un ciudadano es parte de un municipio y en cuanto un trabajador es parte de un Sindicato. Junto a estas entidades, los principios de la ideología de Franco entienden, además, que deben sumarse a esa tarea de participación en la legislación de los españoles aquellas otras entidades de la sociedad civil que puedan contribuir a la formación de los intereses generales: universidades, colegios profesionales, Iglesia, Ejército, Tribunales…
¿No es un Congreso integrado por ciudadanos españoles elegidos por los cauces que se establezcan para representar a las familias, a los municipios y a los sindicatos y a los que sumar aquellos que representen a entidades significativas de la sociedad civil, un Congreso representativo de la totalidad de los españoles a diferencia de un sistema de partidos? ¿No convierte el sistema de Franco a cada Diputado en un representante que decide de forma independiente y que lo es de todo el pueblo español, a diferencia de un sistema de partidos en el que bastaría un representante por cada partido al que asignar un número de votos en función de los resultados electorales?
“El pueblo español, unido en un Orden de Derecho, informado por los postulados de autoridad, libertad y servicio, constituye el Estado Nacional. Su forma política es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuanto determinan la Ley de Sucesión y demás Leyes Fundamentales, la Monarquía tradicional, católica, social y representativa.”
Franco, desde luego, no quería una tiranía. Su tiranía. No entendía que la voluntad de un Jefe o de una oligarquía o de un pueblo pudiera transformarse en Ley de forma arbitraria y caprichosa. La ideología de Franco contemplaba el Estado de Derecho, es decir, el sometimiento de todo el Estado y de todos los ciudadanos al derecho. Y no solo eso, y no menos importante: la ley tiene que respetar la ley previa para llegar a ser ley.
Autoridad, libertad, servicio: otra vez la búsqueda del equilibrio justo entre términos cuya dialéctica los confrontaría. Unir y hacer compatibles autoridad, libertad y servicio. Se trata de armonizar de forma justa estos tres aspectos. Armonizar la autoridad justa, con la libertad justa, con el servicio a los demás y a España: operación “matemática” difícil de establecer en una ecuación fija.
Se sienta, además, en este punto, otra idea esencial de Franco: hay, existen, principios inmutables por su naturaleza. Se trata de posiciones que están por encima de cualquier voluntad, de cualquier soberanía. Ni el Rey absoluto, ni una oligarquía, ni un partido, ni el pueblo, convertido en soberano absoluto, pueden cambiarlos.
Por último, Franco es partidario de instaurar una Monarquía tradicional, católica, social y representativa. Franco era partidario de un modelo monárquico para el Estado lo cual tiene una doble vertiente: el puesto de Jefe del Estado será, en principio, de carácter hereditario y hay, valga la redundancia, un Jefe del Estado que manda, que ejerce el mando, que gobierna.
“Todos los españoles tienen derecho a una justicia independiente, que será gratuita para aquellos que carezcan de medios económicos; a una educación general y profesional que nunca podrá dejar de recibirse por falta de medios materiales, a los beneficios de la asistencia y seguridad sociales, y a una equitativa distribución de la renta nacional y de las cargas fiscales. El ideal cristiano de la justicia social, reflejado en el Fuero del Trabajo, inspirará la política y las leyes.”
La ideología de Franco, si bien desde la unidad de poder y coordinación y división de funciones, contempla la necesaria independencia de la administración de justicia. Es otra vez la idea del Estado de Derecho garantizada por la independencia de una administración de justicia que aplica la legislación aprobada por el Estado sin presiones de éste o haciendo caso omiso a las mismas si las hubiera, actuando, en definitiva, de forma independiente.
Un nuevo aspecto en lo que son los pilares de la ideología de Franco descansa sobre la necesidad de construir un sistema de educación accesible para todos los españoles. En muchas ocasiones se ha hablado de la educación como del ascensor social. Sin duda, la ideología de Franco asumía tal posicionamiento y buscaba garantizar que todos los españoles, al margen de sus medios económicos, pudieran acceder a la educación. Y ello, por dos razones: para favorecer a cada español y para favorecer a todos los españoles impidiendo que se perdieran buenos talentos haciendo que éstos, aprovechados por la sociedad, se pusieran al servicio de los demás españoles y de España.
Franco incluye después, entre sus principios ideológicos, la necesidad de crear un sistema de coberturas para amparar a los españoles que atraveiesen situaciones económicas de dificultad. Será la Seguridad Social con sus numerosas coberturas la que deberá asumir esa función además de coadyuvar a una distribución de la riqueza y un bienestar que alcance a todos los españoles y servir también como mecanismo de reparto de las cargas fiscales en función de las posibilidades de cada cual.
Equitativa distribución de la riqueza y de las cargas fiscales que se busca no sólo a través de la construcción de la Seguridad Social sino como objetivo general. Es la finalidad de hacer que la riqueza que se genere llegue al pueblo y mejore el nivel de vida de todos los españoles como objetivo prioritario en la dirección de la economía desarrollada por el Estado.
Y aparece finalmente un principio básico en la ideología de Franco: la justicia social, entendida en clave cristiana, como pilar básico del Estado. La resumiremos como dar a cada cual cuanto merece. Poco que ver con la igualdad. Y eso sí, sin dejar de ayudar, apoyar y sostener al necesitado, al que no puede valerse por sí mismo, al más débil, no así al que no quiere trabajar pudiendo hacerlo.
“Se reconoce al trabajo como origen de jerarquía, deber y honor de los españoles y a la propiedad privada, en todas sus formas, como derecho condicionado a su función social. La iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada, encauzada y, en su caso, suplida por la acción del Estado.”
Para la ideología de Franco trabajar no es una opción. Es un deber. Al trabajador se le reconoce, por el cumplimiento de ese deber, un honor y una jerarquía en la sociedad. Es un trabajador que cumple con su deber como español al trabajar. De alguna manera, el trabajo se convierte así en una fuente de progreso para cada trabajador en particular pero también para la sociedad en general a la que ese trabajo ayuda a mejorar y crecer creando riqueza.
Junto a esa idea del trabajo, aparece la figura de la propiedad privada. La propiedad privada se reconoce como un derecho, si bien no absoluto, por cuanto éste, el derecho a la propiedad privada, se condiciona al cumplimiento de una función social. Función social que la propiedad privada conlleva en sí misma, la existencia de la propiedad privada en general es un bien social, si bien, en ocasiones extraordinarias para casos concretos puede ser justo, necesario, tocar, discutir, vulnerar, ese derecho a la propiedad privada en beneficio del bien común.
Y aparece, en la ideología de Franco, un aspecto muy importante en el que redundará más adelante: es lo que podríamos llamar el Estado rector o director. Esa propiedad, reconocida como derecho, deberá ser estimulada por el Estado, en cuanto su existencia es un beneficio social en sí misma, encauzada por el Estado, que siempre será más conocedor de las distintas variables generales que afectan a un determinado sector de la economía y a esta en general, y suplida por el Estado cuando la iniciativa privada no se ocupe, por poco rentables, de prestar servicios o producir bienes que, sin embargo, son socialmente necesarios.
“La empresa, asociación de hombres y medios ordenados a la producción, constituye una comunidad de intereses y una unidad de propósitos. Las relaciones entre los elementos de aquella deben basarse en la justicia y en la recíproca lealtad, y los valores económicos estarán subordinados a los de orden humano y social.”
En la ideología de Franco, que por supuesto ampara y protege la propiedad privada empresarial, en concordancia con esa idea de la función social de la propiedad privada, se busca definir la empresa privada también como una entidad que dotar de una función social, de un deber social y a la que limitar en su libertad de empresa con unas exigencias morales que garanticen el cumplimiento de esa función y de ese deber social.
De esta forma, la empresa privada no se contempla simplemente como un ente económico destinado a la obtención de beneficios sino, además de ello, como un ente moral: una asociación de hombres con una comunidad de intereses que deben mantener, en la búsqueda de los propósitos empresariales, relaciones de justicia, volvemos a aquello de dar a cada cual lo que merece, anteponiendo valores humanos y sociales al simple objetivo de la obtención de beneficios empresariales, por otra parte por supuesto, admitidos y necesarios.
“El Estado procurará por todos los medios a su alcance perfeccionar la salud física y moral de los españoles y asegurarles las más dignas condiciones de trabajo; impulsar el progreso económico de la nación con la mejora de la agricultura, la multiplicación de las obras de regadío y la reforma social del campo; orientar el más justo empleo y distribución del crédito público; salvaguardar y fomentar la prospección y explotación de las riquezas mineras; intensificar el proceso de industrialización; patrocinar la investigación científica y favorecer las actividades marítimas, respondiendo a la extensión de nuestra población marinera y a nuestra ejecutoria naval.”
Vuelve Franco aquí a la defensa de la figura del Estado rector. No era Franco partidario de la mano invisible del mercado sino de un Estado que dirige, estimula, encauza la economía.
Franco, en sus principios, marca perfectamente las funciones que otorga al Estado y que obligan al Estado. La primera de ellas es velar por la salud física y moral de los españoles. Franco reconoce la existencia de una moral objetiva, la moral Católica, como aquella en la que fundamentar la salud moral de los españoles. Y Franco reconoce la obligación del Estado de disponer de los medios para garantizar la salud física de todos los españoles.
El Estado debe además vigilar que el trabajo se lleve a cabo en unas condiciones dignas. Se convierte así el Estado en garante de esas condiciones tanto en las empresas públicas del Estado como en las empresas privadas o mixtas.
Ese Estado director tiene que hacer. Tiene que ser un Estado hacedor de cosas. Es el Estado de obras del que hablará Gonzalo Fernández de la Mora en sus libros. Para Franco corresponde al Estado poner todos los medios para la mejora de la agricultura que fija en incrementar regadíos y en llevar a cabo la reforma social en el mundo agrario, es decir, mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los españoles que trabajan en el campo. También tiene que ser el Estado el que facilite la existencia de créditos de carácter público o el que se ocupe de que la riqueza minera española, vía empresa pública y/o privada, se explote. Tiene que ser el Estado el que promueva que España sea una nación industrializada con capacidades propias y tiene que ser el Estado el que impulse la actividad de España en todo lo que pueda estimarse como parte de un sector marítimo económico industrial y pesquero que hacer fuerte.
“Los principios contenidos en la presente promulgación, síntesis de los que inspiran la Leyes Fundamentales… son, en su propia naturaleza, permanentes e inalterables.”
“Será nulas las leyes y disposiciones de cualquier clase que vulneren o menoscaben los principios proclamados en la presente Ley Fundamental del Reino.”
Franco termina su ideología política, sus principios, señalando la inmutabilidad de estos. Su carácter permanente. Inalterable. Es la afirmación de la existencia de verdades permanentes, inmutables. De la verdad, el bien y la justicia como entidades permanentes de razón y, por ello no modificables, que respetar de forma obligatoria, necesaria. Es la negación del relativismo. Ninguna Ley, ningún acto del Estado, pueden contradecir, pueden ir contra esa verdad, contra ese bien, contra esa justicia, contra esos principios que se establecen en la ideología de Franco como intemporales, permanentes e inmutables.
Hasta aquí las ideas de Franco contenidas en la Ley de Principios del Movimiento Nacional. La batería de lo inmutable para Franco. Profundizar en esas ideas requerirá un estudio del resto de la Leyes Fundamentales, muy especialmente el Fuero del Trabajo, del Fuero de los Españoles y de la Ley Constitutiva de las Cortes. A éstes habría que añadir un análisi, no efectuado, de los discursos de Franco, de sus Obras Completas, que también sería muy interesante. Repetimos: Franco no hizo teoría política desde la contemplación. Franco hizo teoría política desde la práctica y la experiencia. Una práctica y una experiencia exitosas. Por eso, su pensamiento político tiene un valor extraordinario.
UN RESUMEN DE LA IDEOLOGIA DE FRANCO
Casi como a modo de panfleto, la ideología de Franco podría resumirse como sigue:
- Fundamentados en la Ley de Dios hay una serie de principios ciertos, permanentes y justos que nadie puede vulnerar y que deben impregnar la legislación del Estado.
- La unidad de España y de los españoles es un bien social que Estado y españoles deben asumir y defender.
- España debe proyectarse en el mundo recuperando la Hispanidad y buscando la paz y la justicia entre las naciones.
- La justicia social es pilar básico de los deberes del Estado y es entendida como dar a cada cual lo que merece y no abandonar al que no puede valerse por sí mismo.
- El Estado debe ser activo en la vida política y en la economía de la nación.
- El Estado debe proteger los derechos de los españoles, amparar la familia como base de la sociedad y todo ello en la búsqueda del bien común.
- Cada español participa en la vida política de la nación en cuanto es parte de una familia, ciudadano de un Municipio y miembro trabajador de la nación integrado en un Sindicato. Familia, Municipio y Sindicato son los entes que habrá que tomar en cuenta para estructurar la representación del pueblo en la actividad política.
- El Estado debe constituirse como Estado de Derecho. Los españoles son iguales ante la Ley.
- El trabajo es deber y derecho de los españoles.
- La administración de justicia debe ser independiente.
- Los españoles deben tener acceso a la educación sin que su situación económica pueda ser impedimento.
- Debe existir una cobertura social, la Seguridad Social, para aquellas situaciones difíciles que puedan sufrir los españoles.
- La propiedad privada debe protegerse y fomentarse al tiempo que debe cumplir una función social.
- La empresa debe regirse por criterios morales y por relaciones de justica antes que por criterios meramente económicos.
- Es responsabilidad del Estado la salud física y moral de los españoles, sus condiciones de trabajo, el progreso económico de la nación, el desarrollo de la agricultura, la existencia de un sistema de crédito público, la explotación de las riquezas mineras, la industrialización de España, el fomento de la investigación científica y el avance en el sector naval.
- La forma del Estado será la Monarquía tradicional, católica, social y representativa. La Monarquía que manda, que gobierna, desde el respeto a los valores y principios que están por encima de ella, de la voluntad del Estado o de la voluntad del pueblo.
FRANQUISMO EN EL SIGLO XXI
¿Puede defenderse el franquismo como una ideología, como una propuesta política válida y eficaz, en la actualidad?
Hay aspectos del franquismo que, incluso en esta sociedad moderna absolutamente modelada en sentido progresista, pueden ser asumidos, sin demasiados problemas, como una postura política homologable con el discurso imperante. Otros aspectos chocarán, más o menos o muy frontalmente, con los valores implantados en la sociedad española actual.
La parte del franquismo ideológico que la sociedad moderna puede aceptar muy fácilmente es toda aquella que pudiera ser entendida como de izquierdas y asimilada, al menos parcialmente, por el liberalismo. Igual, en sentido contrario, el franquismo defiende algunas posiciones que podrían entenderse como liberales que, al menos teóricamente, han entrado a formar parte del discurso de la izquierda. Decimos teóricamente, dado que la izquierda no hablará ni contra el Estado de Derecho, ni contra la independencia de la administración de justicia, ni contra la igualdad de los españoles ante la Ley pero pasará por encima de esas ideas en el momento que políticamente le convenga y mantenerlas le perjudique. En cualquier caso, se trata de extremos perfectamente defendibles en una sociedad moderna, a pesar del cambio de valores producido en España desde la muerte de Franco. A saber, de los puntos señalados en el resumen, los siguientes:
- El Estado debe ser activo en la vida política y en la economía de la nación.
- El Estado debe constituirse como Estado de Derecho. Los españoles son iguales ante la Ley.
- La administración de justicia debe ser independiente.
- Los españoles deben tener acceso a la educación sin que su situación económica pueda ser impedimento.
- Debe existir una cobertura social, la Seguridad Social, para aquellas situaciones difíciles que puedan sufrir los españoles.
- La propiedad privada debe protegerse y fomentarse al tiempo que debe cumplir una función social.
- La empresa debe regirse por criterios morales y por relaciones de justica antes que por criterios meramente económicos.
- Es responsabilidad del Estado la salud física y moral de los españoles, sus condiciones de trabajo, el progreso económico de la nación, el desarrollo de la agricultura, la existencia de un sistema de crédito público, la explotación de las riquezas mineras, la industrialización de España, el fomento de la investigación científica y el avance en el sector naval.
Todos los aspectos marcados pueden formar parte de una ideología homologable, casi sin problemas, con algunos matices quizá, en el tablero político de hoy en día. La discusión no estaría en esos principios sino mucho más en la aplicación práctica, el programa político derivado de los mismos.
Aunque la derecha y el liberalismo insisten en dejar en un papel residual al Estado, esta posición no puede ser sino un brindis al sol y a la hora de la verdad es inevitable la intervención del Estado en la economía. El debate puede estar en si éste debe limitarse a ser un impulsor de la empresa privada o debe ser titular de determinados servicios públicos generales, en cuanto afectan a la casi totalidad de los españoles, y de importantes sectores estratégicos. El franquismo se inclinará, a diferencia de la derecha liberal, por la segunda de las soluciones. La verdad es que buscar sentido a la privatización de las empresas estatales rentables levantadas durante el Régimen de Franco es bastante complicado. En cuanto a las no rentables se hace muy discutible si una mínima o nula rentabilidad económica no se veía compensada por su rentabilidad social y si no podría haberse trabajado en la mejora de su productividad y viabilidad económica en lugar de llamar reconversión a su cierre.
En el terreno del que estamos hablando, la discusión con la izquierda vendrá de la extraña decisión progresista de desmantelar, antaño por entrar en la CEE (hoy UE) y en la actualidad en obediencia a la Agenda 2030, toda la industria española, nuestra agricultura y nuestra ganadería. En la ideología de Franco está la necesidad nacional de una industria propia, de una ganadería propia, de una agricultura propia tan fuertes como sea posible.
La discusión con el liberalismo estará en la oposición que la ideología de Franco supone al globalismo económico de éste y a su teoría de que el abaratamiento de precios siempre es positivo, aunque se compre en el extranjero, sin entender que los costes sociales de ese abaratamiento son enormemente superiores a los beneficios que la reducción de precios puede producir. No es mejor pagar subsidios de desempleo y arruinar regiones enteras que pagar precios más caros por productos generados en España y por los españoles.
Sobre el papel, el Estado de Derecho, la igualdad de los españoles ante la Ley o la independencia de la justicia son valores aceptados por izquierda y derecha si bien el revolucionarismo izquierdista, de hecho, los ataca constantemente a través del democratismo: algo así como que la última votación electoral no tiene que respetar las legislaciones anteriores, la ley y puede con ella a su antojo.
El acceso a la educación de todos los españoles no es un valor discutible si bien el franquismo exigiría un compromiso, una contrapartida en forma de resultados, al alumnado becado mientras que la izquierda, partidaria del igualitarismo sin esfuerzo, no desea la existencia de tal contrapartida.
Un sistema de coberturas sociales y una Sanidad Pública fuertes no parecen discutibles. Otra cosa es la nula capacidad de gestión de la izquierda y de la derecha o el desastre demográfico y económico español que deja en el alambre el sistema de pensiones creado por Franco con una demografía y una economía sanas como punto de partida y marco necesario.
Un modelo de empresa ético, en el que valoraciones humanas estén por encima de la inevitable búsqueda de beneficios empresariales no es algo discutible hoy ni en la derecha, ni en la izquierda. En cuanto a la defensa de la propiedad privada y su función social es evidente que la izquierda tira al monte, la derecha al otro monte, y el franquismo se presenta como un equilibrio que garantiza la propiedad privada al tiempo que la exige cumplir un deber social. El fenómeno de la ocupación sería impensable en el franquismo como lo sería el afán privatizador del liberalismo.
Por fin, llegamos a los puntos de fricción del franquismo con los valores vigentes en la sociedad española moderna. Un primer bloque de fondo es el que sigue:
- Fundamentados en la Ley de Dios hay una serie de principios ciertos, permanentes y justos que nadie puede vulnerar.
- La unidad de España y de los españoles es un bien social que Estado y españoles deben asumir y defender.
- España debe proyectarse en el mundo recuperando la Hispanidad y buscando la paz y la justicia entre las naciones.
- La justicia social es pilar básico de los deberes del Estado y es entendida como dar a cada cual lo que merece y no abandonar al que no puede valerse por sí mismo.
- El Estado debe proteger los derechos de los españoles, amparar la familia como base de la sociedad y todo ello en la búsqueda del bien común.
- El trabajo es deber y derecho de los españoles.
Todo este bloque se resume en DIOS, PATRIA, HISPANIDAD, JUSTICIA SOCIAL, FAMILIA, BIEN COMUN, TRABAJO. No es poco. Sin duda, todos estos extremos de la ideología de Franco, no renunciables, chocan frontalmente con la visión ideológica mayoritaria en los españoles de hoy.
Sobre DIOS podemos decir que la intervención en política de valores emanados de la fe católica está descartado, con más o menos fuerza, hasta por la propia Iglesia Católica. Ello dificulta enormemente su adopción en política. Es tanto como defender un catolicismo político contra la dueña del catolicismo. En el franquismo DIOS es el poder soberano. No lo es ni el Jefe, ni el Rey, ni los Notables, ni el pueblo. Es llamativo que sea la Iglesia la que, en la actualidad, no durante casi 20 siglos, le niegue esa soberanía a Dios en el terreno político.
En cuanto a la PATRIA, se puede afirmar que los españoles han sido formados durante los últimos 50 años en el desprecio al patriotismo, como valor, e incluso en el desprecio concreto a España, como nación. No solo se desprecia la idea del patriotismo. Se odia a la propia España en cuanto tal. Desde la izquierda y desde el separatismo.
En lo referente a la HISPANIDAD, aunque existen hoy reductos que defienden la reunificación hispana, la dificultad de su defensa es inmensa tanto en Hispanoamérica como en España. En ambos continentes debido a la leyenda negra, asumida por hispanoamericanos y españoles, y en España, ya no solo en la izquierda, sino incluso en la derecha más patriota, por el rechazo a una inmigración hispanoamericana que, aunque en menor medida que otras, también causa problemas sociales en territorio español.
En cuanto a la JUSTICIA SOCIAL, nominalmente defendible, encontramos que la ideología de Franco la entiende como dar a cada cual lo que merece sin dejar de cubrir las necesidades de los que no pueden valerse por sí mismos, pero exigiendo TRABAJO a los españoles capacitados, casi todos, como deber individual y social. Por el contrario, la izquierda ha impuesto un concepto de justicia social, con minúsculas, que se resume en igualitarismo sin esfuerzo, concepto que la derecha del 78 es incapaz de combatir intelectualmente y que asume mansamente.
La idea de BIEN COMUN ha desaparecido y sería muy difícil ponerla en valor en una sociedad que es un combate de intereses, de colectivos o individuos, que se enfrentan hasta la extenuación para salirse con la suya.
En cuanto a la FAMILIA, el ataque a la misma, a través de la negación de la antropología humana real, sustituyendo la realidad humana, incluso científicamente acreditada, por ideologías como el feminismo o la ideología de género, es brutal. No obstante, la idea de FAMILIA se sostiene en la sociedad probablemente por su imbricación en la vida de todo ser humano. Con todo, incluso en quienes mantienen en su mente el valor de la FAMILIA, posturas inherentes a esta ya le resultarán difícilmente asimilables: la mujer como MADRE y ESPOSA, el hombre como PADRE y ESPOSO con roles y funciones diferentes o la importancia de la estabilidad del matrimonio o el modelo de familia tradicional o natural, de hombre y mujer, como único modelo válido para llevar tal nombre, son ya ideas que han quedado fuera del pensamiento político correcto.
El siguiente bloque, y último, de la ideología franquista también encuentra difícil acomodo en la sociedad moderna:
- Cada español participa en la vida política de la nación en cuanto es parte de una familia, ciudadano de un Municipio y miembro trabajador de la nación integrado en un Sindicato. Familia, Municipio y Sindicato son los entes que habrá que tomar en cuenta para estructurar la representación del pueblo en la actividad política.
- La forma del Estado será la Monarquía tradicional, católica, social y representativa. La Monarquía que manda, que gobierna, desde el respeto a los valores y principios que están por encima de ella, de la voluntad del Estado o de la voluntad del pueblo.
Sería complicadísimo hacer entender a la sociedad moderna un mundo sin partidos políticos, en el que no todas las ideas pudieran defenderse, ni sean respetables, y en el que valores inmutables y permanentes no puedan ser objeto de modificación por ninguna instancia del Estado: ni el Jefe del Estado, ni el pueblo a través de su representación. Enfrentarse al mundo del relativismo moral absoluto sería muy complicado.
Del mismo modo, defender una Monarquía efectiva, que manda, que ejerce de Jefe de Estado, resultaría harto complicado por cuanto, en cierta forma como en lo referente a Dios y la Iglesia, habría que defender ese modelo monárquico incluso contra la propia Monarquía actual incapaz, ya no de defender intelectualmente una Monarquía efectiva y el concepto monárquico del poder, sino, en realidad, ni tan siquiera, la Monarquía ornamental que la Constitución del 78 sostiene en la actualidad.
¿Podría un franquismo ideológico superar todas las anteriores dificultades?
Encontrar la fórmula para defender que Dios impregne la legislación y las instituciones del Estado contra la opinión de la propia Iglesia Católica y una sociedad secularizada será difícil. Lo será también ser partidario de un concepto monárquico del poder contra la propia Monarquía. Ambos extremos exigirían un trabajo intelectual importante.
También complicado se presenta el modelo de representación política que propone el franquismo y la limitación de la soberanía de éste ante unos principios inmutables que respetar necesariamente. Sin embargo, es cierto que corrientes de pensamiento variadas empiezan a sostener que el modelo de partidos conduce a una partitocracia más que a una democracia y que esa partitocracia arroja numerosos defectos. Quizá un sistema de representación mixto entre la fórmula franquista y el sistema de partidos pudiera estudiarse si bien limitando el marco ideológico aceptable de los mismos sacando del espacio político legal a separatismo e izquierda. Es hoy la propia izquierda la que vive empeñada en limitar la libertad de los demás a base de los denominados delitos de odio y, por otro lado, de lo que llama bulos en los medios de comunicación. Si se acepta la idea de una libertad limitada, empieza a ser defendible limitarla, precisamente, a la izquierda y al separatismo.
HISPANIDAD, PATRIA, JUSTICIA SOCIAL, FAMILIA, BIEN COMUN, TRABAJO tal como los entiende el franquismo podrían ser intelectualmente defendidos y encontrar apoyo social a la vez que mucho rechazo o indiferencia. Por lo menos no hay un ente dueño de la idea en contra de la idea en sí.
La HISPANIDAD, no obstante, arrojará otra vez el problema de la ausencia del respaldo de la Iglesia Católica a una Hispanidad fundamentada históricamente en Dios y arrojará también la dificultad de hacer entender que ésta no puede ser una carta blanca a una inmigración masiva y descontrolada que llegue a España.
La defensa de la idea de PATRIA, la defensa de la unidad de España, se encontrará con la oposición de la izquierda y del separatismo así como con el silencio vergonzante de la derecha del 78. No obstante, se trata de un valor incrustado, a pesar de todo, en muchos españoles y que, en reacción a las consecuencias negativas de las políticas globalistas en nuestras sociedades y economías, está tomando cierta fuerza en forma de soberanismo. El globalismo, su política de inmigración, su ideología de género, su cambio climático, su feminismo, están ofreciendo unos resultados desastrosos para cada uno de los ciudadanos que los sufren. La alternativa empieza a ser un patriotismo soberanista.
La concepción de JUSTICIA SOCIAL franquista puede abrirse camino: la sociedad empieza a estar cansada del parasitismo social y del igualitarismo sin esfuerzo. Recompensar el trabajo duro y bien hecho se entendería y apoyaría.
La FAMILIA tradicional, la antropología humana real, también puede verse socialmente respaldada. La sociedad empieza a apreciar las nefastas consecuencias de la ideología de género. Sin embargo, habría que aceptar unos márgenes de tolerancia, a determinar, mayores que los que ofrecía el franquismo para otras realidades sociales alternativas: quizá premiar la familia tradicional, permitir y tolerar otras opciones.
La sustitución de la lucha de intereses contrapuestos por la idea del BIEN COMUN también parece un objetivo alcanzable. Simplemente, parece más razonable buscar la salida parcialmente buena para cada de uno los intereses en juego si es la mejor para el interés del conjunto de todos los españoles que mantener una inacabable batalla de esos intereses en la que la victoria de unos es la derrota de los otros.
Por último, impulsar una cultura del TRABAJO como deber, como exigible a todos los españoles, para el progreso individual y colectivo de éstos, además de como derecho, podría tener éxito al tiempo que se vence intelectualmente la idea izquierdista del igualitarismo sin esfuerzo y se procura y se vela por la fijación de buenas condiciones salariales y laborales.
El resto del franquismo, ya lo hemos indicado, puede considerarse homologable, con sus matices, a valores completamente actuales: un Estado activo y rector de la política y la economía, el Estado de Derecho, la igualdad de los españoles ante la Ley, la independencia de la administración de justicia, Sanidad y Educación públicas en colaboración con el sector privado, la cobertura de los riesgos y dificultades sociales por las que puede pasar un español y la protección de la propiedad privada, si bien ligada al bien común, son perfectamente defendibles.
El franquismo bebió de un fascismo original no racista, bebió del nacionalsindicalismo falangista, del tradicionalismo, de una derecha dura y social y lo impregnó todo de catolicismo. El tiempo y las circunstancias históricas mantuvieron los principios, más que comunes, compatibles que había en todos aquellos orígenes a la vez que afinaron la aplicación práctica de los mismos para convertirlos en un sistema eficaz, de buenos resultados. El tiempo y las circunstancias históricas fueron volcando aquellos principios en un programa político, en varios programas políticos, a lo largo de los años, útiles y que se mostraron eficaces.
El franquismo como posibilidad ideológica está ahí. También lo está como realidad histórica. Para el futuro de España, como ideología o, al menos, como pasado legitimador del presente, su defensa es esencial. O el actual sistema democrático reconoce, como además es cierto, que su origen está en la legitimidad del Régimen de Franco y marca un terreno de juego a la izquierda en el que se la permite, casi magnánimamente y a prueba, jugar, dados sus antecedentes, o la izquierda y el separatismo superarán la actual democracia para imponer lo que podríamos llamar un nuevo socialismo pseudodemocrático, en realidad, una tiranía socialista, con votaciones aparentes cada cierto tiempo, en la que la verdad estará prohibida y perseguidos sus defensores y la sociedad será una ruina económica, social y, también, moral que terminará, muy probablemente, con una España rota para siempre. El franquismo ideológico, como legado, está ahí. El reto está ahí.
