Dos años después de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, su figura continuaba ocupando un lugar central en la memoria política y simbólica de la España surgida de la Guerra Civil. Con motivo de aquel aniversario, Francisco Franco dirigió a los españoles un discurso en el que quiso recordar al fundador de Falange Española y presentar su muerte no como el final de su obra, sino como el comienzo de una nueva dimensión de su legado.
El discurso parte de una contraposición entre muerte y vida: «Murió José Antonio», proclamaban los pregones, mientras que «¡Vive José Antonio!» afirmaba la Falange. A partir de esta idea, Franco presenta al fundador como una figura cuya doctrina continuaba viva y cuya influencia debía proyectarse sobre la juventud, la Patria y el futuro de España.
En sus palabras aparecen también algunos de los elementos fundamentales con los que se construyó la memoria pública de José Antonio durante aquellos años: su formación, su carácter, su inteligencia, su cultura, su patriotismo y, de manera destacada, su fe religiosa y su espíritu cristiano. El discurso adquiere así una dimensión que va más allá del homenaje personal y se convierte en una interpretación política y simbólica de su figura.
Por la tarde, a las ocho, tuvo lugar la emisión especial de Radio Nacional, en la que pronunciaron palabras sobrias, llenas de íntimo abatimiento, los albaceas de José Antonio, camaradas Ramón Serrano Súñer, ministro del Interior, Prensa y Propaganda, y Raimundo Fernández Cuesta, Secretario General del Partido, y, como broche, la preclara gema que oímos de los labios del Caudillo como mística plegaria y como clarín que enardeció las conciencias de los españoles al servicio de la voluntad del ya perpetuamente Ausente. Con su broncínea voz, con diamantinos armónicos, dulce y viril la palabra, el Caudillo dijo:
«¡Españoles!
»Murió José Antonio, dicen los pregones.
»¡Vive José Antonio!, afirma la Falange.
»¿Qué es la muerte y qué es la vida…?
»Vida es la inmortalidad… La semilla que no se pierde, que un día tras otro se renueva con nuevo vigor y lozanía… Esta es la vida, hoy, de José Antonio.
»No murió el día que el plomo enemigo segó, en el patio de una cárcel, su juventud prometedora.
»Se desplomó la materia, pero vivió el espíritu, marchó su doctrina, con su inspirada canción, de boca en boca, y en los campos y en las ciudades, en los frentes como en la retaguardia, en los rincones de las celdas de las cárceles sombrías como en los tenebrosos calabozos de las checas rojas, suena, como un susurro, la canción de la Falange.
»Se hace popular el Himno de la camisa recién bordada, y es familiar la guardia perenne de los Caídos, sobre los luceros; y el yugo y las flechas, ennoblecidas por la sangre derramada, se convierten en emblema de los nuevos cruzados.
»Es el grito de los conjurados de ayer, el lema de la Nueva España. Resuena como impulso guerrero o como afirmación de Fe, rememora en la paz de los claustros la catolicidad de las Viejas Cruzadas, invade los talleres con sanas alegrías, recorre las ciudades y se alberga en los campos, salva los montes y discurre en los valles, cruza fronteras y atraviesa los mares.
»El ¡Arriba España! alcanza los honores de la universalidad. Esta es la nueva vida del Mártir… fruto de aquella otra, ejemplar y modelo constante para nuestras juventudes.
»Educado en la severa disciplina de un hogar castrense, templó su carácter en el culto a la Patria, alcanzando la serenidad y fortaleza del soldado. Su fuerte inteligencia y su sólida cultura dieron a su inspiración dimensión insospechada. Su fe religiosa y su hondo espíritu cristiano le abrieron los secretos de nuestra Historia, descubriéndole su verdadera magnitud. Soldado y poeta, sintió los nobles afanes de nuestra juventud, las santas inquietudes por la grandeza patria. Esa bendita impaciencia española de los siglos dorados, de los que José Antonio es espejo. Por ello vive entre nosotros, y nuestra juventud le reconoce como símbolo de sus inquietudes y precursor de nuestro Movimiento.
»Mas si la dimensión grandiosa de su pensamiento de unidad y de universalidad se perdiese en el egoísmo aldeano y limitado de grupo o de partido…; si el espíritu monástico y castrense que siempre predicó se cambiase en torpes egoísmos o en concupiscencias ambiciosas; si la idea de servicio se trocase por la ventaja; si la de disciplina y jerarquía se bastardease con reservas o con deslealtad; si a su estilo de lenguaje —claro, justo y clásico— sucediese el pedante, garrulo, tan opuesto a aquél, entonces habría muerto José Antonio, y con él enterraríamos el sano espíritu de nuestro Movimiento.
»Al rendir, hoy, homenaje en este aniversario a nuestro Caído, lo rendimos en él a todos los héroes y los mártires de nuestra Causa, de los que José Antonio quiso ser y fué su Adelantado.
»¡Dichosos los que, muriendo como él, viven para la Patria!
»Con su sangre gloriosa se han escrito los destinos de la Nueva España, que nada ni nadie logrará torcer.
»Así lo quieren los que por España mueren, y así lo sintió el Mártir que hoy honramos.
»José Antonio Primo de Rivera:
»¡Presente!
»¡Arriba España!
»¡Viva España!»
Las bandas de música de toda España liberada interpretaron la Marcha Nacional y los Himnos, mientras todos los españoles que se hallan en esta zona saludaban brazo en alto y cantaban el «Cara al Sol», terminando el acto con los vítores acostumbrados.
