INTRODUCCIÓN
El 2 de mayo de 1956, en el marco de su recorrido por la provincia de Almería, Franco visitó las instalaciones mineras de Rodalquilar para inaugurar una nueva planta de tratamiento. La intervención se centró en la dimensión social y laboral del proyecto, subrayando la importancia del empleo y la producción por encima del valor simbólico del oro extraído.
Rodalquilar, enclave histórico de la minería aurífera española, representaba en aquel momento un ejemplo del impulso estatal a sectores considerados estratégicos, en muchos casos bajo la órbita del Instituto Nacional de Industria. Más que la rentabilidad inmediata, el discurso puso el acento en la creación de jornales y en la fijación de población en zonas tradicionalmente afectadas por la escasez de oportunidades.
02 de mayo de 1956.
Solamente unas palabras para saludaros y agradecer vuestro entusiasmo y las canciones que vuestros niños me han brindado con ecos de Galicia en esta tierra andaluza.
Venimos a inaugurar la planta nueva de Rodalquilar, esa planta nueva con la que se venía soñando hace cerca de veinte años. Para nosotros, Rodalquilar no es el oro que pueda producir, que, gracias a Dios, no lo necesitamos, porque el mejor oro de una nación es su producción, el fruto de su trabajo. Lo que aquí se saque es una cantidad pequeña, relativamente, comparándola con el trabajo de España entera, con la producción; pero nosotros sólo queremos buscar jornales para los almerienses, crear una fuente de producción y de trabajo, y que sea verdad aquello que campea en nuestro ideario de que no haya un hogar sin lumbre ni una familia sin pan.
Esta es la obra en que estamos empeñados. No nos gustaba España, decía José Antonio, porque queríamos una España mejor. Esa España la hemos de crear todos los españoles con nuestra buena voluntad y nuestro trabajo, cada uno en el papel que la vida le asignó; con estos equipos de técnicos y de gobernantes que, dando forma a aquel pensamiento, crean y levantan estas Empresas, y con vosotros, que cooperáis con vuestro trabajo al engrandecimiento de la Patria.
La Patria es tan vuestra como nuestra; la Patria no es una entelequia ni un invento de las gentes ricas o de los imperialistas; la Patria es nuestra sociedad, es nuestra tierra, nuestros hogares, nuestras fuentes de trabajo, nos comprende a nosotros mismos, es nuestra fe y todo aquello que vive en nosotros, que nos agrada y que nos estimula. Y esa Patria necesita, para ser grande, del esfuerzo de todos, del sacrificio de todos. Y no se ama bien a la Patria mientras no se le sacrifica algo, y para que marche y resplandezca necesita de nuestra disciplina, nos pide nuestra unidad, nos obliga a la fraternidad entre los hombres y las clases de España. Fraternidad como ésta de que os vienen dando ejemplo los ingenieros de esta factoría.
Hoy, al venir a visitaros, hemos venido a trabajar por vosotros, hemos creado una planta para vosotros, para que no os faltase el trabajo, para haceros más hombres, más honrados y mejores y asegurar el porvenir para vuestros hijos.
¡Arriba España!
CONCLUSIÓN
La inauguración de la planta de Rodalquilar refleja la narrativa económica del régimen en la segunda mitad de los años cincuenta: el trabajo como eje central del progreso nacional y la producción como fundamento de la riqueza. El oro, en este planteamiento, era menos relevante que la generación de empleo y la dinamización de la economía local.
El mensaje insistía en la idea de esfuerzo colectivo, disciplina y unidad como condiciones necesarias para el desarrollo. En un contexto de transición hacia políticas económicas más orientadas a la modernización técnica, este tipo de actos reforzaba la legitimación social del proyecto industrial del Estado.
La visita a Rodalquilar se integra así en la estrategia de promoción de infraestructuras productivas y de presencia institucional en las provincias, combinando simbolismo político y objetivos económicos en una etapa previa al giro desarrollista de finales de la década.
