INTRODUCCIÓN
El 14 de septiembre de 1953, Francisco Franco inauguró el nuevo Ayuntamiento de El Ferrol y dirigió un discurso a la población ferrolana en un acto cargado de simbolismo político y local. En plena etapa de consolidación del régimen y de impulso a la industrialización estratégica, El Ferrol ocupaba un lugar destacado como enclave naval y motor económico ligado al Estado.
Las palabras del Caudillo ponen de relieve la estrecha relación histórica entre la ciudad y la Marina, así como la voluntad del régimen de proyectar una imagen de modernización urbana, expansión industrial y superación de las limitaciones heredadas de décadas anteriores.
14 de septiembre de 1953.
Queridos ferrolanos:
Solamente unas palabras para agradecer vuestro entusiasmo y las frases que el Alcalde me ha dirigido en el acto de inauguración del nuevo Ayuntamiento de El Ferrol, que constituye una obra más entre las muchas del resurgimiento de esta población.
Decía bien vuestro Alcalde al recordar que El Ferrol tiene unas características particulares. No nace de la iniciativa privada, ni de la acumulación de actividades agrícolas o industriales; nació por mano del Estado, para responder a su situación privilegiada en servicio de la Marina de guerra de la Nación. Desde entonces es el pueblo que nace por el Estado, que vive del Estado, padece con el Estado y con él sufre todas las vicisitudes, todas las pobrezas y todas las miserias de la mala política. Vuestros ancianos saben de la historia de El Ferrol, de sus ilusiones defraudadas, de la paralización de sus trabajos, de las peregrinaciones a Madrid a pedir quillas y trabajo, y de las horas amargas de las economías y de las renunciaciones. Por eso, cuando el nuevo Estado rompe sus cadenas, la España decadente se sumerge y la juventud alumbra una nueva esperanza. Se hace realidad lo qué fueron ilusiones de tantos años, y el trabajo se intensifica en los talleres y ya no es una pesadilla el vivir del calor, del impulso y del Gobierno central…
Esta es la realidad de nuestra ciudad: hemos vivido, podemos decir, detrás de las murallas de Carlos III durante cerca de dos siglos, y fué a impulsos del Movimiento Nacional cuando rompimos sus murallas y derramamos los arsenales fuera de sus muros; y el Movimiento miró al puerto, no como el puerto miserable y pequeño que dormitaba al costado de la Marina. No; nosotros le buscamos vida propia.
Aquel establecimiento industrial que desde hacía ciento y pico de años vegetaba con una reducida maestranza, es hoy una gran factoría; posee una Escuela de Aprendices perfecta, y en él hay una cantera inagotable de hombres trabajadores y especializados. No puede bastarnos ya vivir dentro de los muros de los arsenales, porque en un barco, que importa un número crecido de millones, el 60 por 100 de este buque no se trabaja en ellos, sino que tiene que venir de otras partes. Por eso necesita El Ferrol que surjan las industrias auxiliares y complementarias y que se vayan multiplicando las fuentes de trabajo, de lo que viene ya a ser una modesta muestra esa Exposición Industrial que estáis celebrando.
Es necesario que las poblaciones tengan vida propia, porque 80.000 almas son muchas para que puedas pretender vivir exclusivamente de los presupuestos del Estado. Se precisa del esfuerzo propio, es necesario que El Ferrol multiplique sus actividades y se expansione en la forma que hemos anunciado.
Tenéis la suerte de ser quizá la primera población de España en la que empezó a desaparecer el problema de los alojamientos, gracias a haber sido también vuestros Alcaldes de los primeros que, atendiendo a las iniciativas y estímulos del Estado -como hizo vuestro Alcalde Ballester-, se acogieron inmediatamente a las disposiciones del Gobierno respecto a viviendas, que crearon las mil que aquí se han construido.
Mas los esfuerzos de un Estado tienen un límite, y por eso uno de los problemas principales que encontramos en nuestro camino fué el de la ordenación industrial, al pretender dar impulso al país, no cabía este impulso industrial si careciéramos de materias primas, si nos faltaba la electricidad, todo aquello que era básico para la realización de nuestro programa. Y por eso visteis cómo se va, atendiendo a esa ordenación para que sean un día realidad esas aspiraciones que acaba de manifestar vuestro Alcalde, de que el ferrocarril de la costa sea pronto inaugurado, de esos mil prob1emas de las comunicaciones que importan centenares y centenares de millones y que imponen un orden de preferencia, una ordenación, porque sería un error gravísimo que nosotros gastásemos el tesoro del Estado, el que sale de vuestros bolsillos y de los demás españoles, en algo que no fuera útil, o propusiéramos necesidades más urgentes, vuestras o del resto de la Nación. A la realización de estos hechos que llevan a puerto seguro, que serán una realidad y que yo os aseguro que así lo veréis convertido en su momento oportuno.
¡Arriba España!
CONCLUSIÓN
El discurso de Franco en el Ayuntamiento de El Ferrol en 1953 refleja la narrativa del franquismo sobre el “resurgimiento” de la ciudad a través del impulso estatal, la industria naval y la diversificación económica. Más allá del tono triunfalista, el texto ilustra cómo el régimen utilizaba las inauguraciones de obras públicas y los proyectos industriales para reforzar su legitimidad política y su presencia en territorios estratégicos.
Hoy, este documento permite comprender mejor el papel que El Ferrol desempeñó dentro de la política industrial del franquismo y cómo se articuló el discurso oficial en torno al desarrollo urbano, la dependencia del Estado y la necesidad de crear tejido productivo propio.
