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El 15 de noviembre de 1957, en el marco de una visita oficial de alto nivel, Francisco Franco presidió en España una comida de Gala en honor al Presidente de la República Islámica Federal de Pakistán. El acto simbolizaba la consolidación de las relaciones diplomáticas entre ambos países en un contexto internacional marcado por la Guerra Fría y la redefinición de equilibrios geopolíticos.
En su intervención, el Jefe del Estado español subrayó los vínculos históricos entre el mundo hispánico y el islámico, evocando el pasado compartido desde la expansión cultural del Islam hasta la herencia de Al-Andalus. El discurso incidía en la cooperación política, cultural y comercial, así como en la coincidencia de posiciones en foros internacionales en defensa de la paz y la soberanía nacional.
15 de noviembre de 1957.
Vuestra presencia entre nosotros me brinda hoy, señor Presidente, la honrosa ocasión de saludar en vuestra persona y la de vuestra esposa a la más alta representación de la República Islámica Federal de Pakistán.
Es para mí motivo de íntima satisfacción el daros; en nombre del Gobierno y del pueblo de España, la más cordial de las bienvenidas, al mismo tiempo que os expreso el deseo de una grata estancia en este país, donde habréis de encontrar tantos y tan gloriosos vestigios de una civilización que nos unió hace siglos.
En efecto, cuando los Ejércitos del Califato de Damasco irrumpieron en la península indostánica, llevando a aquellas fabulosas tierras la cultura del Islam, nuestra Córdoba y vuestro Lahore delimitaban los confines de un mundo regido por una ilustración común.
Nuestros países después hubieron de orientar sus afanes por rutas que raramente habrían de entrecruzarse; pero en el más íntimo substrato de nuestros pueblos permaneció, como recuerdo de aquella página de nuestra común Historia, el rescoldo de la comprensión, de la simpatía y de la amistad.
El camino quedó siempre abierto. Por eso Pakistán y España han podido reanudar ahora fácilmente el diálogo cordial que se iniciara hace varias centurias. Y nuestro encuentro de hoy, altamente simbolizado en esta visita con que nos honráis, ofrece felices perspectivas de mutuo entendimiento, base la más sólida para una cooperación que auguro florecientes
Vuestro país, aportando el bagaje de una experiencia milenaria que tan útil ha de ser a la causa de la convivencia internacional, se ha incorporado a la gran familia de las naciones soberanas. Está aún cercano el día en que España saludó con gozo este acontecimiento, y muchos son ya los valiosos resultados derivados de los contactos que inmediatamente se establecieron entre nuestros Gobiernos.
Si en el seno de las organizaciones internacionales la voz y los anhelos de Pakistán y España han coincidido siempre para defender con firmeza y dignidad la paz mundial, en la diaria comunicación entre nuestros dos países, manifestada a lo largo de un vasto campo de intercambios culturales, comerciales y políticos, se han asentado, en este último lustro, los sólidos cimientos de una colaboración que ha de ser cada vez más fecunda y estrecha.
Nuestras consultas en el plano político se han multiplicado. Nuestro comercio de importación y exportación, modesto aún en su cifra global, es ya, sin embargo, índice precursor de más ambiciosos resultados. Y como España no olvida jamás las cosas del espíritu, ha querido fundar en la Universidad de Karachi un foco de su cultura, a la par que abría cordialmente las aulas de sus centros docentes a los núcleos selectos de estudiantes y profesionales pakistaníes, que -siguiendo el mismo peregrinar que en su día cumpliera vuestro gran poeta nacional Mohamed Iqbal- rehacen el antiguo camino que, empezando en las maravillosas costas del Océano Indico, terminaba en esos jardines de Al-Andalus que ahora esperan también vuestra visita.
Esta mutua corriente espiritual que nuestros países mantienen en forma tan natural y espontánea, encuentra su clave en el hecho de que mi Patria se siente ahora, como antaño, depositaria de valores que nos son comunes. Nación occidental y cristiana, España ha sabido siempre, con sólo volverse sobre sí misma, comprender los justos anhelos y esperanzas de ese grupo de pueblos que, como el vuestro, enraízan su pasado en la fecunda cultura que tanto esplendor alcanzó en el solar ibérico.
Brindo, señor Presidente, por la prosperidad de la gran República del Pakistán; hago votos por vuestro personal bienestar y por el fortalecimiento de la amistad entre nuestros dos países, que tanto pueden contribuir a la paz y a la leal convivencia internacional.
CONCLUSIÓN
La comida de Gala ofrecida al Presidente de Pakistán en noviembre de 1957 representó un paso más en la estrategia exterior española de apertura y fortalecimiento de relaciones con países de Asia y del mundo islámico. Más allá del ceremonial diplomático, el encuentro reflejaba la voluntad de proyectar una imagen de entendimiento intercultural y colaboración internacional.
El discurso pronunciado en aquella ocasión puso el acento en la historia compartida, el respeto mutuo y el desarrollo de intercambios académicos, culturales y comerciales. En un escenario mundial tensionado por bloques ideológicos, España y Pakistán escenificaban así su disposición a mantener un diálogo estable y una cooperación basada en intereses comunes y en la afirmación de su identidad nacional.
