INTRODUCCIÓN
El 25 de abril de 1956, durante su visita a la provincia de Huelva, Franco se dirigió a los mineros y trabajadores de Ríotinto en una breve intervención centrada en cuestiones laborales y económicas. El discurso se inscribe en un momento de transición dentro del modelo económico del régimen, aún marcado por los límites de la autarquía pero ya consciente de la necesidad de aumentar la productividad y mejorar los niveles de vida.
Ante una población vinculada a una de las cuencas mineras más emblemáticas de España, el mensaje combinó apelaciones a la justicia social con advertencias sobre las restricciones impuestas por la economía nacional y los mercados internacionales. La mejora salarial y el bienestar obrero aparecían condicionados por la estabilidad productiva y la competitividad exterior.
25 de abril de 1956.
Mineros, obreros y población de Ríotinto:
Solamente unas palabras para saludaros, agradecer vuestro entusiasmo al recibirme y manifestaros que todos los problemas que se refieren al trabajo y a la producción son motivo de nuestra inquietud. Amamos la justicia como vosotros, y por amarla, deseamos verla realizada. En ese camino hacemos cuanto nos permite la situación general.
Jamás ha existido ni podrá existir en España un Régimen que tenga más interés en la elevación del nivel de vida de los españoles, en satisfacer sus anhelos y su hambre y sed de justicia; pero comprended que el camino no es franco, que el camino es duro y espinoso, que las naciones tienen una economía y de esa economía vive la Nación entera, sobre todo los pobres, los hombres que tienen que ganarse el jornal con su trabajo. Y que nosotros necesitamos lograr que ese aumento del nivel de vida, que esa satisfacción de las ansias y los anhelos del pueblo, se realice sin matar la economía, sin poner en peligro la producción, sujetos a aquellas reglas y a aquellos imperativos que la naturaleza nos impone.
Nuestros productos han de competir en el extranjero, tienen que trocarse por otras primeras materias indispensables, a través de los intercambios comerciales. Y todo este gran complejo económico nos impone una previsión y nos impone un orden. Hemos de lograr vuestra mejora sin que la carestía destruya lo alcanzado, sin provocar en los mercados el encarecimiento. Iremos marchando, marcharemos con paso firme y seguro, revisaremos las remuneraciones cuantas veces sea necesario, impulsaremos nuestra productividad, y de esos rendimientos yo os aseguro que tendréis en los beneficios la parte que os corresponda.
¡Arriba España!
CONCLUSIÓN
La intervención en Ríotinto refleja uno de los ejes centrales del discurso económico franquista de mediados de los años cincuenta: la relación entre productividad, salarios y estabilidad monetaria. El régimen defendía la necesidad de elevar el nivel de vida sin provocar desequilibrios que afectaran a la producción o a los precios.
En este planteamiento se aprecia una preocupación por la inserción internacional de la economía española, por la balanza comercial y por la necesidad de intercambios de materias primas. El discurso anticipa, en cierta medida, los debates que desembocarían pocos años después en el giro económico de 1959.
La visita a Ríotinto, por tanto, no fue solo un acto simbólico ante los trabajadores mineros, sino también una manifestación del intento del régimen de articular un discurso de justicia social dentro de un marco económico disciplinado y orientado al crecimiento productivo.
