En el tomo II de la obra España y el mar, Luis Carrero Blanco dejó plasmada su interpretación sobre una de las decisiones más trascendentales del siglo XX español: la no entrada de España en la Segunda Guerra Mundial. Su reflexión combina argumentos morales y estratégicos, atribuyendo a Franco una concepción prudente del poder y de la responsabilidad de Estado.
Según Carrero, el jefe del Estado sostenía que el mayor crimen político era arrastrar a la nación a una guerra sin una razón de vida o muerte. A ese principio moral se sumaba una lectura estrictamente militar y naval de la realidad española: un país devastado tras la Guerra Civil, dependiente del tráfico marítimo para el abastecimiento de trigo y combustible, y vulnerable en sus archipiélagos y costas ante una potencia que dominaba los mares.
En el tomo II del libro que estaba preparando Luis Carrero Blanco, titulado España y el mar, dice lo siguiente:
“El Caudillo, ha manifestado en varias ocasiones que el mayor crimen que un Jefe del Estado puede cometer es el llevar a su nación a una guerra, si no es por una razón de vida o muerte. Ésta fue la razón moral, evidentemente de peso; pero había otra de tipo militar. El Caudillo vio el problema de aquellos momentos, pese a la impresionante victoria que acababa de lograr el III Reich, con serenidad y con la mentalidad naval de que carecían los mariscales alemanes. España acababa de salir de nuestra guerra, no teníamos nada y la vida de la nación estaba pendiente, en lo más fundamental, del tráfico marítimo con el Plata, que nos traía el pan de cada día, y de la línea con las Antillas, que nos proporcionaba el combustible indispensable para nuestros transportes. Al entrar en la guerra, estas dos líneas de tráfico vital quedarían cortadas. Y ¿podrán ser sustituidas -en la hipótesis de que Alemania nos suministrase el trigo y la gasolina necesarios- por los dos ferrocarriles del Pirineo? Indudablemente no. Por otra parte, las Canarias quedarían aisladas… ¿Qué suerte correrían las Baleares? Además, todo nuestro litoral quedaría en vanguardia del dispositivo alemán como frente de mar…
El Caudillo tuvo entonces presente que somos un inmenso archipiélago y que enfrentarse con un enemigo que dominaba el mar era arriesgar la destrucción de la nación sin existir una razón de vida o muerte que lo exigiera.”
CONCLUSIÓN
La interpretación de Carrero Blanco subraya que la neutralidad española no fue fruto exclusivo de afinidades ideológicas o coyunturas diplomáticas, sino también de un cálculo estratégico condicionado por la geografía, la debilidad económica y la dependencia marítima. España, concebida como “un inmenso archipiélago”, no podía —según esta tesis— arriesgar su supervivencia enfrentándose a una potencia naval superior sin una causa existencial que lo justificara.
Más allá de las valoraciones políticas que puedan hacerse sobre el régimen, el análisis de Carrero aporta una perspectiva relevante para comprender la política exterior española durante la contienda mundial: la prioridad absoluta fue evitar una destrucción adicional tras la Guerra Civil y preservar la integridad territorial y el abastecimiento básico del país.
