Conocer la infancia de Francisco Franco permite acercarse a los primeros años de una figura que posteriormente tendría un papel decisivo en la historia contemporánea de España. Su entorno familiar, la educación recibida, la influencia de sus padres y tutores y el ambiente social de El Ferrol forman parte de los recuerdos y testimonios utilizados para reconstruir esta etapa de su vida.
El texto que presentamos recoge principalmente testimonios procedentes de personas de su entorno familiar y de obras publicadas posteriormente sobre la familia Franco. En ellos aparecen referencias a sus padres, hermanos, tutores, educación, religiosidad y relaciones familiares, así como recuerdos relacionados con sus estudios y con la vida cotidiana durante aquellos primeros años.
Especial interés tienen las referencias a la influencia de su madre, a la educación religiosa y a la relación con sus hermanos. Estos testimonios ofrecen una visión personal y familiar de Francisco Franco durante su infancia y adolescencia, aunque deben interpretarse teniendo en cuenta su carácter memorialístico y el contexto en el que fueron escritos.
El siguiente texto reproduce estos testimonios como fuente documental para aproximarnos a la infancia y al entorno familiar de Francisco Franco.
De los primeros años de Francisco ha escrito su primo Francisco Salgado-Araújo en su obra Mi vida junto a Franco, Barcelona, 1977. De este libro son los párrafos siguientes:
«Mi padre nombró tutor de mis hijos menores a su sobrino carnal, el contador de navío de primera clase Don Nicolás Franco y Salgado-Araújo, al que ayudó maravillosamente en su misión su mujer, Doña Pilar Bahamonde Pardo, que fue una segunda madre para mí. Eran los padres del que llegaría a ser Generalísimo.
El bachillerato lo empezamos mi primo (Franco) y yo, al mismo tiempo. Vivían nuestros tíos y tutores muy cerca de nuestra casa y de esta forma su misión era fácil, estando muy unidos con ellos. Nuestra tía Pilar era una verdadera madre para nosotros y la queríamos entrañablemente. Sus consejos y enseñanzas y su arraigada religiosidad fueron de gran valor para nuestra educación.
No fue lo feliz que merecía ser por todos los conceptos, ni en su matrimonio ni tampoco con sus hijos, ya que para una madre tiene que ser muy doloroso tenerlos casi siempre en peligro, como le ocurría con Paco y con Ramón.
Mi tutor era un hombre de mucha inteligencia, pero excéntrico, como ocurre muchas veces con personas de este tipo. Tenía una gran personalidad propia que le llevaba a hacer lo que le parecía sin preocuparse del qué dirán. De carácter severísimo y muy austero, no gozaba de muchas simpatías entre sus compañeros…
Con las generalidades de Don Nicolás y con anécdotas de su vida hay como para escribir un libro que sería por cierto muy entretenido.
Nunca se envaneció con los méritos de sus hijos, ni tampoco daba demasiada importancia a sus éxitos, a pesar de que no le faltaran motivos para haberse sentido bien orgulloso de ellos en muchísimas ocasiones.
A nuestro tutor, que contaría por aquella época unos cuarenta y cinco años, le gustaba pasear con sus hijos por los alrededores del Ferrol; como es natural, también íbamos mi hermano menor y yo, aproximadamente de la misma edad de su hijo Nicolás y algo mayor que la de Paco.
En nuestros largos paseos por tierra, por las carreteras, caminos y montañas de la tierra ferrolana, fomentaba nuestra cultura y unión fraterna. Mi tutor, que era un hombre muy inteligente y ameno, hablaba constantemente, describía las diferentes clases de terrenos, árboles, pájaros, ganado, etc., todo cuanto consideraba de interés que supiésemos; lo mismo cuando se relacionaba con las comunicaciones telegráficas y telefónicas, electricidad, etc.
Si paseábamos por un camino en época de exámenes, se hospedaban en casa de una hermana del padre de Franco, soltera, que había sido madrina en el mismo bautismo. Se llamaba Hermenegilda, por eso le pusieron a Franco también el nombre de Hermenegildo. Familiarmente la llamaban Gilda. Era una mujer muy culta, muy relacionada con la buena sociedad coruñesa, pero bastante ahorradora; tanto, que parecía tacaña. Tenía una gracia especial para entretener a los chicos contándoles cuentos e historietas. Franco la quiso siempre mucho.
En estas ocasiones de los exámenes visitaban también a la Madre Mercedes, abadesa del convento de clarisas de Santa Bárbara, en la misma ciudad. Esas visitas eran casi a diario.
La hermana del Generalísimo, Doña Pilar Franco, también ha escrito un libro titulado Nosotros los Francos, Barcelona, 1980. En dos meses tuvo cuatro ediciones, con un total de 40.000 ejemplares. De él se reproducen los siguientes párrafos referentes a la infancia de Franco y a su ambiente familiar, pues creo que es lo más seguro que se ha publicado sobre este familiar, siempre de gran prestigio.
«Nuestra madre gozó siempre de gran prestigio y su ambiente era muy familiar. Cumplió a la perfección con las obligaciones propias de la esposa y los hijos la adoraban. Me acuerdo de mi madre con gran cariño. Era muy guapa, tenía los ojos castaños y un óvalo de cara perfecto. Casi siempre sonreía. La vida le proporcionó muchos disgustos que supo soportar con santa resignación.
La muerte de mi hermano Ramón, los peligros que supuso para él la vida aventurera de Ramón, los peligros de nuestra hermana Hermana Paquita, la vida aventurera de Ramón, los peligros que supuso cuanto consideraba de interés que supiésemos; lo mismo cuando se relacionaba con las comunicaciones telegráficas y telefónicas, electricidad, etc.»
«En su educación influyó más nuestra madre tal vez porque Paco estaba mucho más unido a ella. De todos los hermanos fue el que más encariñado estuvo con mamá. Influyó mucho. Comulgaba con gran devoción. Paco siempre la acompañaba a comulgar y a hacer otras devociones. Era el que más se apuraba para eso.
Su hermana dice a continuación que cuando se fue de casa se apagó algo su religiosidad. Pero esto lo niego. No se explica que al salir de la academia se inscribiese como adorador nocturno, con todo lo que eso significa y que luego continuase tan religioso como tendremos ocasión de mostrar, con una conducta moral intachable.
Dice su hermana que en su ancianidad volvió a resurgir muy fuerte en él el fervor religioso. Es cierto que en él lo religioso fue siempre en aumento, pero sin rupturas.
Con respecto a su Primera Comunión dice su hermana: «La religiosidad de Paco era ejemplar. Recuerdo el día de su Primera Comunión, mientras recibía, le caían las lágrimas de los ojos».
Y más adelante repite de nuevo: «Lo que sí recuerdo muy bien es que en el día de su Primera Comunión le caían de los ojos unas lágrimas muy grandes de emoción. Eso no suele suceder en los niños».
