INTRODUCCIÓN
Santander, capital histórica del norte de España, ha experimentado profundas transformaciones en su espacio urbano a lo largo de las últimas décadas. Más allá de los cambios físicos derivados del crecimiento y la modernización, la ciudad ha sido escenario de una revisión constante de su memoria histórica, reflejada en la retirada de monumentos, la modificación del callejero y la reinterpretación de su pasado. Este proceso, vinculado a la aplicación de distintas leyes de memoria, ha generado un intenso debate sobre la conservación del patrimonio, la identidad local y el significado de los símbolos en el espacio público.
Santander, provincia y capital castellana convertida por arte de trile en comunidad autónoma, vivió momentos dramáticos a partir del verano de 1936 y durante algo más de un año con motivo de haber quedado del lado revolucionario tras el fallido Alzamiento del 18 de julio que se precipitó hacia una guerra civil que duraría casi tres años. La cobardía del coronel de la plaza que no sacó las tropas a la calle cuando debió hacerlo facilitó la labor a los frentepopulistas para hacerse con los resortes de poder en la provincia comenzando lo que tan bien definió José Joaquín Mazorra Septién en el título de su obra, 57 semanas de angustia. En esos 13 meses se desarrolló sin freno lo que Antonio Pérez de Olaguer tituló, a su vez, como El terror rojo en la Montaña. Y eso es lo que fue, un verdadero terror que se llevó por delante la vida de más de 1500 montañeses en una provincia donde no había habido alzamiento. Por supuesto, sacerdotes y religiosos, derechistas, falangistas, tradicionalistas y militares fueron la presa preferida de la horda roja que no dudó en revolcarse como jabalí en la sangre inocente del pueblo. Hechos que repugnan a la conciencia humana fueron llevados a cabo sin pudor y sin freno. Los 160 asesinados en el buque-prisión Alfonso Pérez por el revolucionario método de la bomba de mano al principio y el tiro en la nuca después, es una infamia que perseguirá a sus autores, pero, sobre todo, a sus defensores siempre. Ahogamientos en la bahía, asesinatos en los lugares de Jesús del Monte o Peñas Negras, así como centenares más por toda la geografía montañesa justifican la consideración del 26 de agosto de 1937 como una verdadera Liberación. Liberación que trajo aparejadas la venganza en principio y la justicia a continuación. Pero sobre todo trajo sosiego, y tranquilidad a una tierra regada de sangre que sólo quería curar sus heridas y trabajar en paz como españoles y no como los lacayos del mayor genocida de la historia que era el que realmente movía los hilos de los figurantes de esa tragicomedia que resultaron ser los figurantes del Frente Popular, que no republicanos, que habían usurpado el gobierno de la nación después de un vergonzoso pucherazo en las elecciones de febrero del 36.
La situación en los estertores de la guerra y primeros años de la posguerra fue realmente dura. El hecho de que los bandidos que se echaron al monte impidieran que la paz se asentase en toda la provincia enconó la convivencia durante años y a todo ello se añadió el pavoroso incendio que asoló la capital en febrero de 1941 provocado por un gran temporal de viento sur que encendió y avivó un enorme incendio nacido en una vivienda y que se propagó a buena parte de la urbe destruyendo calles enteras que cambiarían la fisionomía de la ciudad hasta convertirla en lo que ha sido hasta que recientemente los alcaldes del Partido Popular se han propuesto despersonalizarla completamente.
Por todo ello, liberación de la tiranía soviética y rápida y contundente intervención en aras a reconstruir lo devastado, Santander, haciendo gala del lema que reza en su escudo como ciudad noble y leal, dejó plasmado en sus calles el agradecimiento a las nuevas autoridades responsables de ambos hechos. Figuras y hechos del Alzamiento, la política, la milicia y la campaña se vieron reflejados y homenajeados a través de calles, plazas y monumentos conmemorativos. Y así llega Santander a la democracia, noble y leal, aunque no tardarían en aparecer las primeras voces, susurrantes al principio, que pedían “normalizar” el callejero y el espacio público en aras a olvidar la dictadura y entrar en el siglo XXI con el timbre de demócratas de toda la vida.
Llama la atención que en Santander capital siempre ha habido alcalde de derechas por tanto son ellos y es el Partido Popular los verdaderos y últimos responsables de la retirada de calles, menciones y monumentos de esta ya ni noble ni leal ciudad.
En primer lugar, fue desmontado el monumento a los caídos del Alfonso Pérez situado en el Muelle de Maliaño por unas obras y desde entonces sus restos, un basamento sobre escalinatas rematado con una columna con capitel y, sobre el fuste, una cruz y una corona de laurel, están arrumbados a la intemperie. Se inauguró en el cuarto aniversario de la matanza, lo sufragó el Ayuntamiento y lo retiró la dirección del puerto de Santander.
En el año 2000 se retiraría la columna truncada dedicada a la memoria de Matías Montero, oriundo de esta ciudad, con la excusa, luego habitual, de obras para hacer un parking. No sólo perdió Matías Montero su monumento al estudiante caído, sino que años después, ya en época memorialista, perdería su plaza, la misma donde radicaba su monumento, en nombre de la ley de Memoria histórica a pesar de que ésta contempla un período que arranca del 18 de julio de 1936 y el joven estudiante de medicina fuera asesinado por un militante del PSOE en febrero de 1934. Pero quién explica a los cabestros que formaban la correspondiente comisión, a los que solo faltaba relinchar, que escapaba cronológicamente al ámbito de la ley.
Después todo fue más fácil. A pesar de los informes en contra de Archivo, Policía y Estadística en cuanto al perjuicio que se causa a los ciudadanos y a los distintos servicios con los cambios de nombres en calles se pone en marcha la maquinaria. Con el apoyo de la Universidad, cómo no, en la figura del catedrático Carlos Dardé, se propuso y se concedió la retirada de un cañón Vickers de 10,52 y 50 calibres perteneciente al crucero Almirante Cervera del parque de Mesones, en pleno Sardinero. Las consabidas pamplinas de que si genera violencia entre los ciudadanos y paparruchas semejantes. Afortunadamente la pieza se libró del soplete ya que fue requerida desde el municipio de Limpias donde ahora se le puede admirar en el pequeño museo de la Armada que existe en dicho lugar. Era un elemento decorativo más en las calles de Santander donde la gente, sobre todos los jóvenes se citaban para quedar en aquellos tiempos donde el teléfono estaba sujeto a una pared o apoyado en una mesa. El Cervera había sido el responsable del bloqueo naval del puerto de Santander haciéndose el amo del Cantábrico. Durante el incendio prestaría impagables servicios a la ciudad en los trabajos extinción. Pero lo curioso, es que el historiador Artemio Mortera, especialista en armas de la guerra civil, en una visita al museo comprobó por los datos estampados en la culata del cañón que éste no podía ser del Cervera y que, en cambio sí lo fue del crucero republicano Cervantes, luego montado en costa, siendo a su vez sustituido por uno de los retirados del propio crucero tras su baja en 1965. Sobre este cañón se pusieron las placas del puente del Cervera aprovechando su montaje y eso es lo que teníamos en Santander, un cañón republicano talibanizado por los que se llaman a sí mismos defensores de la república. Karma lo llaman.
Lo siguiente eran ya las “piezas pesadas”. Y así pierden su nombre las dos plazas emblemáticas de la ciudad. La plaza del Generalísimo y la Plaza José Antonio. A partir de ahí es todo un goteo continuo de despropósitos, desvergüenzas y fechorías cometidas por el Partido Popular donde no faltó ni la nocturnidad ni la alevosía. La dedicada a Pilar Primo de Rivera dejó claro que no se trataba de machismo y que la conspiración de los roedores no se iba a detener ni ante las faldas.
En el Faro de Cabo Mayor se conserva un monumento a los Caídos situado en un lugar en el que se produjeron algunos crímenes infames. El monumento, en piedra porosa, fue inaugurado en 1941 y en ese lugar se celebraron varias misas en memoria de aquellos Caídos. Consiste en una cruz esculpida sobre la que hay una figura humana que intenta asirse a ella en la que se leía “Caídos por Dios y por la Patria” y en la parte baja el lema “PRESENTES” flanqueado por dos haces de flechas con su yugo. La dirección del puerto se encargó de erradicar ambas leyendas mediante chorro de arena. Quizá consideraron que la dinamita no era apropiada hasta que la probasen los talibanes en los Budas de Afganistán.
Continuó la retirada de placas y escudos hasta llegar al jueves 18 de diciembre de 2008 donde se ejecuta la mayor felonía cometida por el peor alcalde de Santander de su historia, y no por este motivo precisamente. Iñigo de la Serna, con la excusa nuevamente de obras en un parking subterráneo retira la estatua que la ciudad de Santander dedicó al Jefe del Estado en 1964 con motivo, como rezaba su leyenda, de la actuación del gobierno para paliar los efectos del fuego del 41. A dicho monumento se le había añadido el testamento político de Franco tras su fallecimiento. La ciudad, que agasajara multitudinariamente a Francisco Franco en las varias ocasiones que visitó la capital montañesa, dejaba de ser noble y mucho menos leal por obra y gracia de un mequetrefe cuyo padre se revolvería en su tumba. Desde entonces la estatua, desmontada en dos partes, descansa bajo un plástico en un almacén municipal con el resto de elementos retirados de las calles de Santander.
Entre esos elementos destacamos el monumento al Alférez Provisional, una imponente figura de un soldado con la estrella de los provisionales en el pecho que sostiene con ambas manos un enorme ángulo que representaba la “V” de la victoria. Situado en los jardines de la universidad fue inaugurado en 1959, primero fue desplazado de su emplazamiento original y finalmente retirado.
Otro elemento retirado por De la Serna y su delfín de Urbanismo fue el monolito del Alto de Miranda que conmemoraba la liberación de la ciudad por las tropas del General Dávila. En sus placas de bronce se mostraba el escudo nacional y diversas leyendas alusivas al año de terror rojo y la liberación. De las ocho placas el ayuntamiento ha “perdido” una. Según el concejal de Urbanismo, César Díaz, el monumento carecía de valor artístico. Se retiró con total nocturnidad y fue sustituido por una suerte de rotonda elíptica con unos arbolitos raquíticos verdaderamente lamentables pero dignos, muy dignos de la bajeza moral de sus mentores.
Finalmente destacar la retirada de dos monumentos aprobada el seis de abril de 2016 y que se llevó a cabo en enero de 2017. El primero, el erigido a los Caídos de la IV División Navarra que liberó la plaza. Otro monumento igual a éste, erigido a los Caídos en la zona de las Brigadas navarras en Reinosa, ha sido también retirado, a pesar de resistir tiempo ya que se encontraba en terreno privado junto a la carretera. Pero los chantajes y amenazas de los demócratas no deben tomarse a la ligera. El otro, el situado en la Plaza de Italia del Sardinero, dedicado a las legiones italianas que lucharon en España contra el comunismo y que tuvieron un importante papel en la liberación de la provincia montañesa. En esta ocasión, la sucesora del ínclito De la Serna, Gema Igual, fue la encargada de la ignominia. Monumento erigido con la participación de la Iglesia en un emotivo acto religioso fue desmontado sin pena ni gloria más allá de las pintadas que aparecieron en los bajos del casino, junto al monumento, donde, en italiano, se pedía perdón en nombre de los santanderinos de bien por el deshonor. El monumento contaba con dos fasces flanqueando el escudo de la Casa de Saboya y una leyenda que decía “A las heroicas legiones italianas”. Más abajo tenía una placa ya mucho antes retirada que decía así: “Bajo el signo de Franco, el Caudillo, los heroicos legionarios de la hermana Italia lucharon y cayeron fraternalmente unidos con los soldados españoles por la sublime causa de la civilización cristiana – Santander recuerda agradecida el esfuerzo heroico de los hijos de Italia colaboradores de España en esta cruzada liberadora”.
Otro elemento desaparecido de su emplazamiento original en La Albericia, donde fue erigido junto al aeródromo que allí existió en tiempos de la guerra y posteriormente, fue una estela funeraria de las que se erigían a los combatientes alemanes de la Legión Cóndor caídos durante la guerra civil. Ésta en concreto estaba dedicada a los aviadores Hans Kemper y Friedrich Schwanengel fallecidos el 22 de septiembre de 1937 el primero y el 21 de octubre el segundo. Aprovechando unas obras en la zona, el PP aprovechó para no reponerlo, aunque se puede contemplar en un refugio antiaéreo de la guerra reconvertido en almacén variado de objetos de la época relacionados con los bombardeos situado en la Plaza del Príncipe.
Finalmente, resaltar la espectacular vidriera sobre el patio de operaciones del Banco de España con el águila de San Juan como motivo cuyo destino es incierto ahora que el banco, cerrado hace ya años, se está transformando para albergar el archivo Lafuente. La vidriera, sobre la que esta vez no podrán alegar falta de valor artístico dormirá el sueño de los justos en el mejor de los casos, ya que cualquier desgraciado accidente puede facilitarles las cosas a los aprovechados, por un lado, y a los acomplejados por otro, de la memoria. Hablando de vidrieras, también se suprimió una más modesta en el Instituto Santa Clara. Qué tiempos aquellos en las que las águilas estaban protegidas…
Y continuaron con las calles. A las primeras plazas se sumaron las calles.
El Director, Emilio Mola, fue uno de los primeros en descolgarse de los muros de la capital para ver como se renombraba su calle con el nombre del Director de Orquesta Ataúlfo Argenta. Argenta, castreño, ya daba nombre al conservatorio municipal de música, pero se ve que no era suficiente. Cabe destacar para los ignorantes de las comisiones de memoria y demás fruslerías que Argenta fue cabo en el ejército de Mola y, además, estudió en Alemania becado por Hitler. Otro ilustre apeado fue el que hasta ahora es el único montañés Presidente del Gobierno de España, Almirante Don Luis Carrero Blanco, natural del municipio de Santoña. Su calle le fue endosada al golfista Severiano Ballesteros.
Más curioso es el caso de la calle Falange Española. Aquí asoma de nuevo el siniestro Íñigo de la Serna. No contento con retirar el nombre, algo que era de esperar, le adjudica la nueva denominación de Eulalio Ferrer, publicista y “mecenas cultural” que tenía 16 años cuando empieza la guerra civil siendo dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas en Santander, o sea, el mismo cargo que Carrillo en Madrid, y a los 18 años ya era capitán, desconociéndose sus méritos de guerra. El caso es que con la derrota no se quedó a depurar responsabilidades y huyó a Méjico vía Francia. A este personaje le dedica Íñigo de la Serna, hijo de franquista, la calle Falange Española de Santander. Por supuesto el Partido Popular ya le había hecho hijo predilecto de la ciudad.
Otras calles han sufrido lo que se puede considerar como “tuneo”. Así Batalla del Ebro pasa a ser Río Ebro, Canarias pasa a ser Islas Canarias, Héroes del Baleares como Islas Baleares, Héroes de la Armada como Armada Española y algunas otras más. Aún quedan un determinado número de calles ya sentenciadas que irán cambiándose a medida que el PP tenga que hacerse perdonar por la izquierda de la ciudad contra el deseo de sus votantes que, no olvidemos, son mayoría.
Estas tropelías ejecutadas en Santander tienen reflejo por toda la geografía regional. En los distintos ayuntamientos de la región se han producido y se siguen produciendo cambios en el callejero, así como retirada de símbolos de todo tipo, sobre todo los relacionados con los Caídos en la guerra civil víctimas de las leyes infames aprobadas por los mismos partidos que las ejecutaron. Cruces, monolitos, leyendas han sido pasto de la sinrazón y del intento por destruir las pruebas de la maldad intrínseca de partidos como el PSOE o el PCE, así como el sindicato UGT, causantes de la mayoría de aquellas víctimas a las que ahora vuelven a asesinar intentando que, ocultadas las pruebas, queden impunes los asesinos y puedan escribir la historia a su antojo. Menciones que en muchos casos son retiradas por la propia Iglesia Católica por presión de las autoridades políticas que chantajean con no dar dinero público para el mantenimiento de templos si no se acomete la retirada de los nombres de esos verdaderos mártires de la fe. Y no parece que tengan que presionar mucho para que el Obispado consienta y ampare tamaña felonía.
Capítulo aparte merecen las placas acreditativas del Ministerio de la Vivienda que todavía adornan infinidad de fachadas y que bajo ningún concepto están sometidas a las leyes de memoria ya que son meras notificaciones administrativas que ni exaltan el Alzamiento ni a sus protagonistas pero que duelen tanto o más que éstos habida cuenta de que son la prueba palpable del fracaso de este régimen de partidos incapaz de crear vivienda de protección a precios populares. En el mismo rango están las placas pétreas de la Delegación Nacional de Sindicatos y sus construcciones de grupos de viviendas para los trabajadores. Torrelavega es un claro ejemplo de ciudad construida por el franquismo.
El anterior gobierno de la comunidad autónoma formado por el partido del que fuera falangista, Miguel Ángel Revilla, y por el PSOE dio una vuelta más de tuerca a las dos leyes aprobadas por los socialistas, con la colaboración e imposición de los grupos separatistas y filo terroristas para la totalidad del estado, y aprobaron una ley de memoria específica para la comunidad. Del cariz de este pastiche baste reseñar que el vicepresidente de dicho gobierno, Pablo Zuloaga, que entra por derecho propio y letras de oro en el olimpo de la infamia, creó una dirección general, donde colocó a una de esas chicas buenas para nada a las que el partido acostumbra a solucionar la vida, emplazando dicha dirección en la que fuera la cheka de Manuel Neila, policía santanderino perteneciente al PSOE, responsable máximo de las torturas y crímenes acaecidos en Santander durante la dominación roja. A ver quién lo supera.
En resumen, la provincia de Santander, hoy reconvertida en comunidad autónoma de Cantabria, ha sido un libro abierto en sus calles, plazas y campos donde poder leer nuestra historia reciente. Una historia de terror, heroísmo, esfuerzo, sangre, martirio y progreso. Esa historia es hoy atacada desde grupos de poder que quieren imponer una nueva lectura, falsa, grotesca y repugnante donde las víctimas se esconden para poder dar su papel a los victimarios. Para ello necesitan arrancar todas las hojas de ese libro para poder luego emborronar las cuartillas que queden en blanco a su conveniencia. Pero aquí quedamos algunos que recogemos esas hojas arrancadas y las guardamos en nuestra memoria y en nuevos libros que hagan la función de acta notarial de nuestro pasado verdadero al que no renunciaremos jamás. En este empeño estaremos solos. No esperemos nada de partidos que, prometan lo que prometan, están acostumbrados a no cumplir. Veamos un ejemplo. El 27 de enero de 2022 se publicaba en el BOE la llamada Ley de Memoria Histórica y Democrática de Cantabria, un pastiche infumable digno de su hermana mayor. En esa ley se consagran como víctimas a “Las personas que hubieron de exiliarse por causa del golpe militar y de la dictadura franquista.” O sea, víctima fue el chekista Neila, que no esperó a enfrentar un juicio sumarísimo; víctimas fueron los Eulalio Ferrer, los Bruno Alonso y un buen número de carniceros que dejaron sin vida a 1500 montañeses y que dejaron a otros el pago de sus responsabilidades. Víctimas son también “Las personas que murieron o sufrieron privación de libertad por su apoyo a la guerrilla antifranquista”. En Román Paladino, los chivatos, suministradores, acogedores y encubridores de terroristas que hicieron de la bomba, el asesinato, el robo, el atropello, el secuestro y el chantaje su modus operandi que hizo imposible la vida en paz de los montañeses durante muchos años.
Pues bien, en las últimas elecciones autonómicas el Partido popular ganó las elecciones con dos promesas directas, la primera, llevar al gobierno de Revilla a los tribunales. Durante la noche electoral quedó claro que iban a incumplir y han llegado a un acuerdo más o menos secreto de no agresión y quién sabe si de futura cooperación. La segunda promesa fue la de derogar la ley a la que nos referíamos más arriba. En este caso confirmaron dicha intención, pero ya con algunas puntualizaciones. Vamos camino de un año y no se ha hecho nada. Veremos que depara el futuro pero, conociendo la fama de “mal pagador” de este gobierno no quedan muchos motivos para la esperanza.
El 23 de mayo de 2022, la Comisión de Cultura del consistorio santanderino solicitó modificar los siguientes nombres de calles, aludiendo al necesario cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica vigente: Alto de los Leones por Benito Madariaga (cronista oficial de Santander y escritor), Belchite por José Luis Casado Soto (historiador), Brunete por Carmen y Joaquín González Echegaray (historiadores), Capitán Cortés por Miguel Ángel García Guinea (arqueólogo), General Moscardó por Bernardo de Miera y Pacheco (explorador y cartógrafo), Alféreces Provisionales por Fray Silvestre Vélez de Escalante (explorador), General Díaz de Villegas por José de Bustamante y Guerra (marino), Carlos Haya por Antonio de Tova y Arredondo (marino), García Morato por Juan Antonio Gutiérrez de la Conca (marino), Ruiz de Alda por Juan de Santander (marino), Zancajo Osorio por Leonor de la Vega, Sargentos Provisionales por Leonor de Plantagenet (reina), Montejurra por Valentín Lavín (arquitecto), Camilo Alonso Vega por José Hierro (poeta) y General Dávila por Paseo de Altamira. Por el momento, no se ha oficializado el cambio de nombre de ninguna de las calles
- El consistorio santanderino, presidido por el popular Íñigo de la Serna, modificó la denominación de la avenida dedicada al santoñés Luis Carrero Blanco, militar y presidente del Gobierno asesinado por la CIA/ETA, por el del golfista de Pedreña Severiano Ballesteros.
- El consistorio santanderino modificó la denominación de la calle Alcázar de Toledo por la de Las Ánimas. Sin embargo, a día de hoy, no se han modificado los letreros (sigue apareciendo la denominación original), se mantiene en Correos el nombre original para la correspondencia e, incluso, la asociación de vecinos sigue llamándose Asociación de Vecinos Alcázar de Toledo.
- El pleno municipal acordó por unanimidad modificar el nombre de la calle Canarias (en alusión al Crucero Canarias que tomó parte en la Cruzada) por el de Islas Canarias.
- El consistorio santanderino modificó la denominación de la calle dedicada a la División Azul por el de La Secada.
- El pleno municipal acordó por unanimidad modificar el nombre de Calle Ebro por el de Río Ebro para eliminar su «connotación franquista».
- El consistorio santanderino aprobó modificar el nombre de la céntrica calle Falange Española por el del intelectual y soldado republicano Eulalio Ferrer que, tras el fin de la contienda, se exilió en México.
- El consistorio santanderino aprobó modificar el nombre de la calle dedicada al General Mola, uno de los principales organizadores del Alzamiento del 18 de julio, por el de Ataúlfo Argenta, un músico cántabro.
- El pleno municipal acordó por unanimidad modificar el nombre de la calle Héroes de la Armada por el de Armada Española.
- El pleno municipal acordó por unanimidad modificar el nombre de la calle Héroes del Baleares (en alusión a la tripulación del Crucero Baleares que tomó parte en la Cruzada) por el de Islas Baleares.
- El consistorio santanderino modificó la denominación de la calle Sagardía por Las Rederas. Antonio Sagardía fue un destacado militar del bando nacional que, en el Frente Norte, participó muy activamente en la liberación de Guipúzcoa y Vizcaya. En Cantabria, comandó la llamada «Columna Sagardía» que tomó parte en la Batalla de Santander que terminó con la liberación de esta ciudad.
- El pleno municipal acordó por unanimidad modificar el nombre de la calle Simancas (en alusión al Cuartel de Simancas de Gijón, cuyo Regimiento de Infantería de Montaña Simancas n.º 40 resistió el sitio republicano durante un mes) por el de Archivo de Simancas, uno de los fondos documentales más importantes a nivel nacional y que se encuentra en la homónima localidad vallisoletana.
- El pleno municipal acordó por unanimidad añadir al nombre de Plaza del Alzamiento (en alusión al 18 de julio) el «de 1808» para «eliminar» su referencia «franquista».
- El consistorio santanderino aprobó modificar el nombre de la Plaza del Generalísimo por el de Plaza del Ayuntamiento.
- El consistorio santanderino aprobó modificar el nombre de la Plaza José Antonio Primo de Rivera, dedicada al fundador de Falange Española, asesinado por la Segunda República en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936, por el de Pombo.
CONCLUSIÓN
El caso de Santander pone de manifiesto la complejidad de gestionar el legado histórico en el ámbito urbano. La transformación de calles, plazas y monumentos evidencia una tensión constante entre memoria, historia e identidad colectiva. Mientras algunos defienden estos cambios como una adaptación necesaria a los valores actuales, otros los interpretan como una pérdida de referencias históricas. En cualquier caso, el debate sigue abierto y refleja una cuestión de fondo: cómo una sociedad decide recordar —o reinterpretar— su propio pasado.
