INTRODUCCIÓN
Francisco de Asís Serrat y Bonastre fue un jurista y diplomático español de larga y compleja trayectoria internacional, formado en la Universidad Central de Madrid y especializado en derecho internacional. Su carrera se desarrolló en algunas de las principales capitales europeas y americanas del primer tercio del siglo XX, ocupando puestos de responsabilidad en embajadas, legaciones y en el propio Ministerio de Estado, donde fue considerado un funcionario meticuloso, inteligente y de alta competencia técnica.
Serrat y Bonastre, Francisco de Asís. Barcelona, 9.I.1871 – Madrid, 20.XII.1952. Embajador de España.
Hijo de José Serrat y Borrás y de María de la Concepción Bonastre, obtuvo los títulos de licenciado y doctor en Derecho por la Universidad Central de Madrid. En 1896 fue nombrado agregado diplomático a la Sección de Política del Ministerio de Estado y siguió ocupando el mismo puesto desde el año siguiente en la embajada en Roma y desde 1897 en la legación en Lisboa. En 1899 fue nombrado secretario de III clase en la legación en Washington, quedando el mismo año excedente por la supresión del puesto. Solicitó prestar servicios a título gratuito y se le nombró sin sueldo en la legación en Lisboa. En 1900 fue revelado de este servicio, tras pedir el cese a fin de atender personalmente la administración de sus bienes en España, de modo que permaneció en la situación de excedente. Desde 1902 fue secretario de III clase en el Ministerio y en 1905 ascendió a secretario de II clase. Desde el año siguiente sirvió en la embajada en Berlín. En 1910 pasó a prestar sus servicios como secretario de I clase en la embajada en San Petersburgo y desde 1911 como encargado de la Sección de Marruecos en el Ministerio.
En 1914 fue ascendido a ministro residente y nombrado enviado en Bucarest, Sofía y Belgrado, con la sede en esta primera capital. El mismo año fue nombrado jefe de la Sección de Marruecos del Ministerio, puesto que ocupó hasta 1915. Desde el año siguiente desempeñó el cargo de ministro residente y agente diplomático en la legación en Tánger, ascendiendo en 1919 a ministro plenipotenciario de II clase. Entre los años 1924 y 1925 fue ministro plenipotenciario de II clase en Belgrado. Al año siguiente fue ministro plenipotenciario de I clase en Viena y desde el mismo año jefe de la Sección de Política del Ministerio. Entre 1931 y 1933 fue embajador en La Habana, de donde fue destituido por el Gobierno republicano a causa de los malentendidos con la colonia española de la isla. En 1933 fue representante de España en la reunión de la Asamblea Extraordinaria de la Sociedad de las Naciones. Desde el mismo año fue ministro plenipotenciario de I clase en Varsovia. La legación de Polonia en Madrid informaba a su Ministerio de que Serrat fue un experto reconocido del derecho internacional, francófilo durante la Primera Guerra Mundial, considerado en las esferas gubernamentales españolas como un “funcionario celoso y hombre serio, dotado de alta inteligencia”.
El 5 de agosto de 1936 se puso a las órdenes de la Junta de Defensa Nacional en Burgos y el 7 de agosto fue separado de la carrera por el Gobierno izquierdista. Aparte de esto, gozaba en Varsovia de los privilegios diplomáticos; el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco le aseguró que la diplomacia polaca iba “tanto tiempo como será posible [a] no entrar en consideraciones legales sobre su situación y considerar sus credenciales como vigentes”. Serrat intervenía ante el Gobierno polaco para que cesasen las expediciones del armamento del puerto de la Ciudad Libre de Gdańsk con destino a los republicanos españoles. Desde octubre fue secretario de Relaciones Exteriores (de la Junta de Burgos) en Salamanca. Se fue de Polonia, dejando como encargado de negocios a su hijo, Juan Serrat y Valera, también diplomático. En abril de 1937 fue cesado por el general Franco, como aseguraba el mismo Serrat, fruto de varias intrigas. Se marchó —con permiso del jefe del Estado— al extranjero para facilitar desde Francia y Suiza la salida de su familia (su mujer, madre e hijo) de la zona “roja”, lo que produjo malentendidos con las autoridades “nacionales”, excitadas por las falsas acusaciones basadas en sus supuestas declaraciones a The Times londinense. Otro motivo de su permanencia en el extranjero fue la necesidad de administrar sus bienes y las trabas que encontró al querer mover los capitales a España.
En diciembre de 1940 fue separado del servicio y en enero de 1943 jubilado como ministro plenipotenciario de I clase. Vivía en Montreux (Suiza). Al final de su vida regresó a España. Fue enterrado en el cementerio madrileño de San Isidro. Desde 1904 estuvo casado con María del Carmen Valera y Delavat (1871-1940), hija de un conocido escritor, Juan Valera y Alcalá Galiano, de la cual se separó en los años veinte (durante la Guerra Civil se asiló en la legación de Noruega, sin que lograra evacuarse de Madrid; mantenía la comunicación con su familia gracias a la misión diplomática polaca). Tuvieron tres hijos: María de los Dolores Serrat y Valera (luego de Galbis), Luis Serrat y Valera, abogado, policía y miembro de la Falange (durante la Guerra Civil se asiló en la legación de Polonia en Madrid y fue evacuado en abril de 1937 a Polonia con un nombre supuesto) y Juan Serrat y Valera.
Fue galardonado con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, de la Corona (de Italia) y otras de España, Austria, Rusia, Grecia, Baviera, Sajonia, Francia, Prusia, Portugal e Italia.
CONCLUSIÓN
La vida profesional de Francisco de Asís Serrat y Bonastre refleja las tensiones y fracturas de la diplomacia española en un periodo marcado por la Primera Guerra Mundial, la inestabilidad europea de entreguerras y la Guerra Civil española. Reconocido como experto en derecho internacional y apreciado en los círculos diplomáticos extranjeros, su carrera quedó truncada por los acontecimientos políticos de 1936 y por posteriores conflictos administrativos y personales. Tras su separación del servicio activo y su jubilación como ministro plenipotenciario de primera clase, vivió en el extranjero antes de regresar a España al final de su vida. Su figura permanece vinculada a una etapa clave de la política exterior española y a una concepción profesional y rigurosa del servicio diplomático del Estado.
