INTRODUCCIÓN
Esteban de Bilbao y Eguía fue una de las figuras políticas e intelectuales más influyentes del primer franquismo y uno de los grandes arquitectos jurídicos del régimen. Procedente del tradicionalismo carlista, jurista de sólida formación académica y notable capacidad oratoria, su trayectoria política atravesó la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil, hasta convertirse en uno de los hombres fuertes del Estado surgido en 1939.
Ministro de Justicia durante los años decisivos de la posguerra y primer presidente de las Cortes Españolas, su influencia se dejó sentir tanto en la configuración institucional del régimen como en la elaboración de su armazón legal e ideológico.
Bilbao y Eguía, Esteban de. Marqués de Bilbao Eguía (I). Vizcaya, 1.I.1879 – Durango (Vizcaya), 23.IX.1970. Ministro de Justicia, presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, diputado y senador.
Hijo del médico de Guernica Hilario Bilbao y de Concepción Eguía, estudió el bachillerato en el Instituto provincial de Bilbao. Más tarde estudió Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Deusto. Se examinó en Salamanca y se doctoró por la Universidad Central de Madrid.
Gran orador, desde muy joven defendió las ideas tradicionalistas —se trataba, según Larraz, de “un tradicionalista balmesiano y posibilista”—; estaba afiliado al partido carlista desde los veintitrés años y se consideraba discípulo de Vázquez de Mella, a quien acompañó en sus giras propagandísticas por España, aunque criticó en más de una ocasión su radicalismo. Fue hombre de confianza de los pretendientes carlistas: conoció a Carlos VII y redactó manifiestos para Jaime III y Alfonso Carlos de Borbón, pero rompió con los carlistas cuando decidieron no aceptar la unificación y entró a formar parte de la Junta Política de la Falange Española Tradicionalista (FET) y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS).
En 1904 accedió a su primer cargo público: fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao y ocupó el cargo de teniente de alcalde. Durante 1910 y 1911 protagonizó una campaña pública contra la Ley de Asociaciones y Congregaciones religiosas que había aprobado el Gobierno de Canalejas, la llamada Ley “candado”. Fue por ello procesado en tres ocasiones.
Fue diputado del partido carlista por Tolosa de 1916 a 1918, al año siguiente fue senador y en 1921 fue elegido diputado por Estella (Navarra).
Durante la dictadura de Primo de Rivera, en 1926, desempeñó la presidencia de la Diputación de Vizcaya en contra del partido al que había representado hasta el momento, y un año más tarde fue elegido miembro de la Asamblea Consultiva Nacional que se reunía en sustitución del Congreso de los Diputados.
En 1933 fue elegido de nuevo diputado por Navarra. Se destacó en las Cortes por su defensa del tradicionalismo. Tras el levantamiento de julio de 1936, fue nombrado primer presidente de Acción Católica de Vizcaya pero se opuso al régimen republicano y fue desterrado a Navia de Suarna, en Lugo. Más tarde fue detenido en Córdoba y de nuevo procesado por su oposición a la disolución de la Compañía de Jesús.
Cuando estalló la Guerra Civil cayó prisionero. Franco gestionó canjearlo por el alcalde de Bilbao, el socialista Ercoreca, prisionero de las fuerzas «nacionales». El canje se produjo y Esteban de Bilbao comenzó a trabajar a las órdenes de Franco, se incorporó a los gobiernos franquistas y fue considerado como uno de los “hombres fuertes del Régimen”. Algunos biógrafos dicen que su influencia fue similar a la de Serrano Súñer, de hecho, promocionó a muchos personajes políticos, entre ellos a Antonio Iturmendi y a Joaquín Bau. Inventó el lema “Franco, caudillo de España por la gracia de Dios”.
El 25 de marzo de 1938, en un Consejo de Ministros celebrado en Burgos, Franco restauró la Comisión de Códigos de la que fue designado presidente; se trataba del más alto organismo asesor del Ministerio de Justicia. En 1939, cuando se formó el Gobierno de la Victoria, fue designado ministro de Justicia en sustitución del tradicionalista conde de Rodezno. Ocupó este cargo hasta 1943. Durante los años que permaneció a la cabeza del Ministerio tuvieron lugar algunas modificaciones del Código Civil: la creación de un Registro Central de Ausentes, para atender las numerosas situaciones de este tipo que se produjeron tras la contienda; la derogación de la Ley del divorcio de 1932; la regulación de la propiedad horizontal o la regulación de los bienes del Patrimonio Nacional. Se modificó también la Ley de arrendamientos rústicos, la regulación sobre la prenda sin desplazamiento y la regulación sobre los requisitos exigidos para el matrimonio civil. Se reformó la Dirección General de Prisiones. También en este tiempo se fueron concediendo indultos generales a los participantes en la guerra, que quedaban en situación de libertad condicional. Creó el Instituto de Estudios Políticos en 1939 y la Comisión de Legislación Extranjera en 1940. Su gestión fue criticada duramente por Indalecio Prieto.
En 1941, con ocasión de la entrevista de Franco con Mussolini, fue designado junto con Varela, ministro de Defensa, y Juan Vigón, ministro del Aire, miembro de la comisión que sustituirá al general en caso de que se produjera cualquier incidencia. Se trata del antecedente del Consejo de la Regencia.
En 1943 fue nombrado primer presidente de las Cortes Españolas. De este mismo año data su retrato obra de Julio Moisés que se encuentra en el Ministerio de Justicia. Durante su presidencia se llegaron a promulgar más de cuatro mil leyes. Cinco años más tarde fue nombrado también presidente del Consejo del Reino. Cesó en ambos cargos en 1965.
Fue académico de número de las Reales Academias de Jurisprudencia y Legislación y de Ciencias Morales y Políticas; presidió la primera de 1946 a 1963. Presidió también la Sociedad de Buenas Lecturas de Bilbao, la Sección de Ciencias Jurídicas de la Academia de Bilbao y fue profesor de Derecho de la Universidad Libre de Vizcaya. Redactó la Ley de Sucesión.
En 1949, junto con Eijo Garay y Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, formó parte de nuevo del Consejo de la Regencia por ausencia del jefe del Estado.
A pesar de su ruptura con el partido carlista, nunca abandonó su ideología (no dejó nunca de incidir en el mismo tema, en diversos escritos: Temas tradicionalistas, 1919; Conferencia tradicionalista, 1932; La idea del orden como fundamento de una filosofía política, singularmente en el pensamiento de Vázquez de Mella, 1945; Centenario de Vázquez de Mella, 1963…). Fue, junto con Iturmendi, uno de los ministros franquistas que apoyó la candidatura dinástica de Carlos de Habsburgo. Se le acusó de simpatizar con el eje Roma-Berlín.
Recibió la Cruz de la Legitimidad Proscripta, la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Gran Cruz de Carlos III, la Gran Cruz al Mérito Naval, la Gran Cruz de la Orden Imperial del Yugo y de las Flechas, la Cruz Meritísima de San Raimundo de Peñafort, la Gran Cruz de Santiago y de la Espada de Portugal, la Orden de la Medahuia Jalifiana, la Orden del Raf Idaim de Persia, la de la Santa Sede, la Gran Cruz de San Carlos Borromeo y la Medalla del Trabajo. Fue nombrado hijo predilecto de Bilbao e hijo benemérito de Vizcaya.
En 1961 Franco le concedió el marquesado de Bilbao Eguía.
CONCLUSIÓN
La figura de Esteban de Bilbao y Eguía representa la síntesis entre el tradicionalismo político español y el nuevo Estado franquista. Jurista meticuloso, ideólogo del orden y hombre de confianza de Franco, fue protagonista directo en la reconstrucción legislativa e institucional tras la Guerra Civil y uno de los principales sustentos doctrinales del régimen.
Su prolongada presencia en los más altos órganos del Estado —Ministerio de Justicia, Cortes Españolas y Consejo del Reino—, así como su decisiva participación en la redacción de leyes fundamentales y en la articulación del principio sucesorio, consolidaron su papel como uno de los pilares políticos del franquismo. Intelectual fiel a sus convicciones tradicionalistas hasta el final de su vida, su legado quedó ligado de forma inseparable a la historia del régimen y a la evolución del Estado español en el siglo XX.
