INTRODUCCIÓN
En mayo de 1958, en pleno desarrollo del régimen franquista, Josemaría Escrivá de Balaguer dirigió una carta a Francisco Franco con motivo de la promulgación de los Principios Fundamentales del Movimiento. El documento, escrito desde Roma, es un testimonio revelador del clima ideológico de la época y de la estrecha relación que existía entre el poder político y el catolicismo institucional en la España de posguerra.
Más allá de la felicitación protocolaria, el contenido de la carta refleja una visión de España como nación confesional, vinculada de manera explícita a la tradición católica y a la identificación entre fe, patria y autoridad política. Como fuente histórica, este texto permite comprender mejor el marco doctrinal y simbólico en el que se desenvolvía el régimen, así como el papel que la Iglesia desempeñó en su legitimación moral.
Al Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español.
Excelencia,
No quiero dejar de unir a las muchas felicitaciones que habría recibido, con motivo de la promulgación de los Principios Fundamentales, la mía personal más sincera.
La obligada ausencia de la Patria en servicio de Dios y de las almas, lejos de debilitar mi amor a España, ha venido, si cabe, a acrecentarlo. Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo.
Aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español, de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que «la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación». En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituídas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional.
Pido a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada.
Reciba, Excelencia, el testimonio de mi consideración personal más distinguida con la seguridad de mis oraciones para toda su familia.
CONCLUSIÓN
La carta de Escrivá de Balaguer a Franco en 1958 ilustra con claridad el discurso del nacionalcatolicismo que impregnó buena parte de la vida pública durante el franquismo. La apelación a la “Ley de Dios” como fundamento del orden político y social muestra hasta qué punto la legitimidad del poder se articulaba en clave religiosa.
Leída hoy, la misiva no solo ayuda a contextualizar la relación entre Iglesia y Estado en la España de la dictadura, sino que también invita a reflexionar sobre los riesgos de la identificación entre fe religiosa y poder político. Como documento histórico, aporta una pieza más para entender el entramado ideológico del régimen y la función simbólica que determinadas figuras religiosas desempeñaron en su proyección pública.
