Ya hemos visto, para escándalo probable de algunos, que la flor y nata de la intelectualidad española apoyó al bando nacional en la Guerra . Lo más llamativo sin duda la llamada Tercera España, que horrorizada por la deriva ultraizquierdista de la república se sumó, aunque fuera como mal menor a Franco
Los tres fundadores de la agrupación al servicio de la república, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala mostraron su adhesión a los nacionales en cuyo ejército además combatieron los hijos de los tres grandes. Y ya hemos visto a siempre genial e independiente Unamuno firmando el manifiesto de rectores de universidades a favor de Franco.
Claudio Sánchez Albornoz fue desposeído de sus cátedras por el Frente Popular, como Américo Castro y Ortega, en lo que él llamó «la barrida de los republicanos liberales». También lo desposeyó Franco. Fue un sincero liberal que se mantuvo alejado tanto del fascismo como del comunismo. Volvió a España en 1976 y declaró a la periodista Carmen Sarmiento que no pudo estar con los rebeldes por ser liberal, ni con los republicanos porque ya no lo eran: eran revolucionarios.
Uno de los representantes de esa Tercera España liberal fue Salvador de Madariaga, ex ministro de la República y autor del curioso ensayo Anarquía o jerarquía , admirado por Franco y que sirvió para que Gonzalo Fernández de la Mora lo incluyese en su libro : Teóricos izquierdistas de la democracia orgánica. A pesar de que Madariaga, liberal-centrista, jamás fuese de izquierdas. Su manifestación de que la izquierda no tenía autoridad moral para condenar a Franco, por haberse levantado ella antes en Asturias, tuvo gran repercusión.
Andrés Trapiello en Las armas y las letras desmonta la creencia falsa de una mayoría de intelectuales a favor de la República . Según el testimonio de Marañón, una gran parte de estos exiliados eran republicanos, entre ellos un jefe de Estado, tres jefes de Gobierno y 14 ministros, y más del 80% del profesorado universitario de Madrid, Valencia y Barcelona, lo que da una idea de la verdadera deriva revolucionaria del régimen.
Otra de esas figuras republicanas fue Clara Campoamor, cuyo libro La revolución española vista por una republicana fue silenciado durante más de 70 años por ambos bandos: la izquierda no le perdonó que sacara adelante el voto de la mujer porque consideraba que eso le perjudicaba electoralmente, y la derecha no le perdonó que promoviera el divorcio.
Sobre ella mi artículo:
https://fernandoalonsobarahona.com/la-verdadera-historia-de-clara-campoamor-2/
Por último, Chaves Nogales: como muchos de los anteriores, fue silenciado primero por el franquismo y luego por la izquierda cultural molesta porque un republicano sincero hubiera contado los horrores vividos en su impresionante y A sangre y fuego.
La lista de apoyos velados, explícitos , parciales o totales es impresionante : Menendez Pidal, Pio Baroja, Ramiro de Maeztu, Pedro Muñoz Seca, Eugenio D,Ors, Manuel Falla, Ramón Gómez de la Serna, por supuesto toda la corte literaria de Jose Antonio ,Concha Espina, Salvador Dalí, Azorín, Torrente Ballester, Camilo Jose Cela, Panero, Manuel García Morente , Jose María Peman, Jardiel Poncela, Jacinto Benavente, Ricardo León, Pancho Cossio , Miguel Fleta, Manuel Machado , y el gran Wenceslao Fernandez Florez que publicó varios artículos ( recopilados después en libro ) sobre el terror rojo que él vivió en sus carnes . Ridruejo, Pedro Laín, Antonio Tovar, Maravall Vivanco y Conde, entre otros, en las filas del falangismo; Elías de Tejada en el tradicionalismo; y progresivamente, Calvo Serer, Pérez Embid, Bermudez Cañete y tantos otros entre los continuadores de Acción Española así como Víctor Pradera, asesinado en 1936 y autor de El Estado nuevo e ilustre discípulo de Vázquez de Mella . Pradera era miembro del Tribunal de Garantías Constitucionales pese a lo cual fue detenido en San Sebastián en el mes de Agosto. El 6 de septiembre fue fusilado junto a su compañero de aula en Deusto, José María Urquijo, fundador del periódico católico La Gaceta del norte, en el cementerio de Polloe
Y en apretada conjunción, jóvenes y veteranos: Pemartín, Uría , Eduardo Marquina, Julio Camba, Josep Pla , Rafael García Serrano, Armando Palacio Valdés , Serafín Álvarez Quintero.
El primer intelectual asesinado y hoy desconocido y olvidado por la amnesia histórica fue Joaquín de Hinojosa conservador, poeta de corte surrealista, amigo de los grandes de la Generación del 27
Y la gran mujer novelista que tomo partido de forma abierta es la autora de La esfinge maragata, Concha Espina ( 1869-1955 ).
José Antonio de España es el título de un precioso libro dedicado al fundador de Falange Española. Concha Espina escribió un artículo que tituló Enlace, dedicado únicamente al Cara al sol. Entre sus novelas sobre la guerra destacan: Retaguardia. (Imágenes de vivos y muertos), 1937. Esclavitud y libertad, Diario de una prisionera, 1938, Las alas invencibles. Novela de amores, de aviación y de libertad, 1938.
Expresivo de la escasez real de cine político en España es que ninguna de esas novelas de ideas y combate fueran llevadas al cine. En cambio tenemos adaptaciones de otros títulos suyos muy populares : La esfinge maragata ,1950, dirigida por Antonio de Obregón y protagonizada en los papeles principales por Paquita de Ronda, Luis Peña y Juan José Martínez Casado . Altar mayor, 1944 dirigida por Gonzalo Delgrás con Maruchi Fresno, Luis Peña, Margarita Robles, Fernando Fernández de Córdoba, María Dolores Pradera.
El escritor falangista y asesor cultural de Hedilla, Víctor de la Serna ( 1896-1958 ) era hijo de la gran novelista .
La novela y el cine nos pueden relatar el temple vital del momento, de la vida y de la circunstancia orteguiana, de ahí su relevancia cultural e intelectual para comprender una época.
Una curiosa novela reciente – aún no llevada al cine – es La paciencia de la araña (Samarcanda editorial ) 2019 de Juan Carlos Rodríguez Centeno :
Inicios de septiembre de 1936, varias semanas después de haber estallado la Guerra Civil, un comando falangista se reúne en Sevilla para una misión que puede cambiar la Historia de España, el rescate de José Antonio Primo de Rivera, preso en una cárcel de Alicante. Mientras se ultima el plan, el protagonista se sumerge en la vida cotidiana de Sevilla, una ciudad luminosa, alegre, festiva y eufórica ante un final de la guerra que todos creen muy cercano. Pero tras la ciudad brillante se esconde una Sevilla oscura, llena de venganzas, asesinatos, cárceles clandestinas, torturas y ejecuciones. En la Sevilla triunfante del general Queipo de Llano deambulan personajes de todo tipo y condición: nobles como el Duque de Alba, financieros como Juan March, estrellas como Celia Gámez, toreros como Manolo Bienvenida, futbolistas como Eizaguirre, jerarcas falangistas como Sancho Dávila, cantaoras como la Niña de la Puebla, verdugos como Manuel Criado, actrices como Rosita Giménez. Con ellos se cruzan otros muchos personajes anónimos de una ciudad en ebullición: comerciantes, gitanos, ganaderos, asesinos, buscavidas, aviadores de la Alemania nazi y combatientes de la Italia fascista. En esta novela Sevilla no es un mero escenario, es un personaje más. La ciudad de la alegría y el dolo
