Él es el general Franco, es mucho
El 29 de junio de 1970 el Generalísimo recibía en el palacio de El Pardo al general De Gaulle y a su señora. En esas fechas Franco ya no necesitaba respaldo internacional alguno. España estaba perfectamente integrada en la comunidad internacional y aunque no había conseguido entrar en la CEE estaba cerrando la firma del ventajoso Acuerdo Económico Preferente con la Comunidad. El encuentro fue criticado en Francia, pero De Gaulle había abandonado el poder y la política tras perder el referéndum de 1969, por lo que la visita carecía de toda trastienda política.
Si seguimos al principal biógrafo del general francés, Jean Lacouture, De Gaulle quiso entrevistarse con Franco por curiosidad. En 1970 eran dos militares ancianos que se diferenciaban en que Franco seguía en la jefatura del Estado. Máximo Cajal, diplomático presente en la entrevista, anotó que De Gaulle le dijo: “Él es el general Franco, es mucho; yo era el general de De Gaulle, era suficiente… Pero era otra época”. Ninguno de los dos pensaba lo mismo del otro. Es más De Gaulle durante su gobierno había practicado una cierta distensión con Franco apoyando la propuesta americana de que España entrara en la OTAN. La política de De Gaulle con respecto a España la había resumido este en las páginas de Aurore, en noviembre de 1947 (AFNFF 12853):
“Las cuestiones interiores no tienen nada que ver con la política exterior y en especial por lo que a España se refiere. Yo no he aprobado jamás el actual régimen español, pero esto no me ha impedido desde Argel mantener, con esa España, relaciones sobre todo económicas. Si tuviéramos que suspender el comercio con todos los países cuyo régimen nos desagrada sería tanto como hacer estallar el mundo. Por lo demás, esto es lo que ocurrirá quizá un día”.
Por su parte, Franco, había valorado la figura del general francés como el hombre necesario tras la victoria en la II Guerra Mundial. De hecho había escrito un interesante artículo titulado De Gaulle y los franceses (AFNFF 1601):
“Admiramos a De Gaulle (sic), pero tenemos que reconocer su tragedia. No creemos sea por el procedimiento “de dejar hacer”, de buscar la línea de menor resistencia, por el que puede consolidar su Jefatura y levantar la nación francesa. Tampoco consideramos el resucitar el viejo chauvinismo como el procedimiento mejor para solidarizar a los países de Occidente. Lo único que con ello se logra es enmascarar la tragedia, sembrando el camino para el futuro.
No es permitiendo la persecución de los franceses, sino uniendo a los franceses, como puede levantarse la nación del marasmo en que desgraciadamente ha caído. Hay que partir del reconocimiento de la triste realidad, por grave y terrible que esta sea; para ello el examen de conciencia es obligado.
¿Puede alguien negar que los Ejércitos franceses fueron totalmente derrotados en 1940?
¿Es siquiera discutible el que, como consecuencia del reconocimiento de la derrota total por los propios Estados Mayores, la Asamblea Nacional, representando la voluntad del país, dio poderes a Petain para firmar el armisticio?
Cuales han sido las causas de la derrota francesa debiera ser lo que interese.
¿Quiénes fueron los que desde 1928 venían minando el patriotismo de los franceses y socavando los cimientos de la nación?
¿Duda alguien que en la derrota francesa tuvieron parte principalísima, entre otros, los comunistas franceses, saboteando el esfuerzo de la Guerra.
¿Han estado estos comunistas franceses jamás al servicio de la propia Francia, o han vivido a la obediencia y servicio de Moscú?
¿Puede alguna conciencia honrada aceptar que la liberación de Francia se debe a otra causa que al exclusivo esfuerzo de los Ejércitos anglosajones y del poderoso material norteamericano?
¿Qué valor puede militarmente darse al hecho de que al retirarse los ocupantes de la nación, los más audaces les persigan con sus fuegos en una relativa impunidad?
¿Hizo otra cosa la gran masa de la juventud francesa en estos cinco años, salvo contadísimas excepciones, que perder una guerra y trabajar para el vencedor?
¿Qué valor tiene en el orden bélico el que existan unos pequeños grupos de franceses encuadrando algunos contingentes marroquíes o tropas de color de los territorios africanos, y el que unos millares de extranjeros, en su sesenta por ciento españoles, figuren en las filas de la Legión francesa?
Si todo esto es tan claro e irrebatible, ¿por qué empeñarse en atacar los efectos y no las causas? ¿Cómo puede justificarse el predominio de los comunistas en el poder; ni las persecuciones de los que se sometieron al armisticio; ni ese intento postrero de subirse al carro de los vencedores?
En este triste cuadro pintarrajeado, solo la posición personal del General De Gaulle se nos dibuja como clara y limpia. Sería triste y lamentable se dejase arrollar por la corriente turbia de las pasiones desencadenadas”.
Lacoutre recogió las impresiones del general De Gaulle tras la entrevista que no pueden ser más positivas: “Todavía está lúcido pero es un gran viejo… No conocía a Franco y consideraba muy provechoso verlo. Es un hombre inteligente, de un fino espíritu. Pero no le he conocido sino ya con bastante edad”. Se sabe muy poco de lo que hablaron ambos militares. Sí que De Gaulle anotó el crecimiento económico español, habló sobre los partidos políticos y consideró al Caudillo como “positivo para España”. Al volver a Francia, unos días después, escribió una carta a Franco fechada el 29 de junio de 1970. A juicio de Benassar “más amable de lo necesario”, lo que aumenta la impresión positiva que De Gaulle se llevó del Caudillo (AFNFF 4272):
“Mi querido general.
De regreso en Francia, deseo decirle hasta qué punto he apreciado la magnífica y amable hospitalidad que me ha sido dispensada en España durante mi estancia. Fue realmente interesante para mí haber podido tomar contacto con algunos aspectos de la historia y de la vida de su gran pueblo y recoger por todas partes la impresión de que se encuentra en pleno auge. Ante todo, he tenido el gran placer de conocerle a Vd. personalmente, es decir al hombre que afianza, desde el plano más ilustre, el porvenir, el progreso y la grandeza de España y no he dejado de salir fuertemente impresionado de nuestra conversación.
Permítame añadir, mi querido General, que tanto mi mujer como yo, hemos apreciado muchísimo la muy grata acogida que Vd. y la Señora Franco han tenido la amabilidad de depararnos en compañía de sus chicos.
Aunque yo actualmente no tome parte directa alguna en los asuntos públicos, estoy convencido, sin embargo de la importancia que tendrá nuestra entrevista en lo concerniente a los lazos de amistad y de cooperación entre nuestros dos países, que están hechos, por excelencia, para comprenderse, estimarse y actuar juntos en la Europa y en el mundo de hoy y de mañana.
¡Que Dios le ayude, mi General!
Al suplicarle que tenga la amabilidad de transmitir a la Señora Franco mis más respetuosos saludos, a los que mi mujer une su muy simpático recuerdo, le ruego también, mi querido General, acepte la seguridad de mi más alta y amistosa consideración.
Charles de Gaulle”
