Como indicamos, Franco, en la segunda mitad de los años cuarenta, en su búsqueda de nuevos apoyos internacionales, estimó importante la aproximación a los países árabes como objetivo de la política exterior española. Un camino que se abrió con la apertura continuada de legaciones consulares desde 1947, que se transformarán en embajadas a partir de 1950.
En este marco, las relaciones con estos países fueron constantes. Muchos de sus presidentes o jefes de estado pasaron por España para visitar a Franco y establecer relaciones culturales y económicas; además, estos países apoyaron progresivamente a España en la ONU durante los años de la condena hasta que, en 1950, la Conferencia de la Liga Árabe acuerde votar a favor de la revocación de las sanciones de las Naciones Unidas (se habían abstenido en 1946).
Franco contaba con el apoyo de Arabia Saudí, Irak, Yemen, Siria, Líbano, Transjordania y Egipto. Este último país envió embajador en 1946 desafiando a la ONU.
Franco no reconoció el Estado de Israel en 1948. En diversas ocasiones habló sobre la posición que España debía de ocupar con respecto al mundo árabe. Un buen resumen es la carta-mensaje preparada para la visita que en 1952, acompañado por su hija, realizaría a estos países el ministro Alberto Martín Artajo.
Franco dibujaba la oposición entre las naciones espiritualistas y las materialistas, a los primeros les correspondía estar unidos para hacer frente al avance del materialismo:
“En los momentos en que, haciendo honor a vuestra invitación, mi Ministro de Asuntos Exteriores, al frente de una Misión extraordinaria, sale para vuestros países, quiero expresaros mi sentimiento porque las tareas de gobierno y de dirección de la nación no me hayan permitido el ausentarme para realizarlo yo personalmente.
Al correr de estos años he visto con satisfacción cómo se han estrechado los lazos que vienen uniendo nuestros pueblos después de siglos de convivencia […] Asistimos nuestra generación a un paralelo resurgir de los pueblos árabes e hispánicos, en contraste con la decrepitud de otros países; y España, en el estrecho de las comunicaciones, en el camino en que un día chocaron las civilizaciones y los pueblos, en una indiscutible floración de juventud y unida a unos y a otros por vínculos de sangre y de siglos de Historia, se ofrece hoy como lazo de unión a los pueblos que en un ímpetu juvenil renacen en una nueva vida.
La espiritualidad, la tradición y el sentido religioso que siempre ha caracterizado vuestra vida, y que conserváis como la más estimada joya en nuestros hogares, son comunes a los que, como nosotros, amantes de su fe y de sus tradiciones, venimos defendiendo, en este espolón occidental de la vieja Europa, la espiritualidad y el sentido religioso de la vida.
La amenaza que el materialismo ateo representa para todos los pueblos creyentes acerca evidentemente a los que ponemos esta espiritualidad y los conceptos trascendentales de la vida por encima de los bienes materiales y estamos dispuestos a cerrarle el paso a ese materialismo grosero, destructor de las esencias vitales de los pueblos. Contra esta amenaza se levantó un día nuestro Movimiento nacional, considerado entre nosotros como una verdadera guerra santa, y que la sensibilidad exquisita del pueblo marroquí supo comprender al unir voluntario su sangre a la nuestra en la defensa de una espiritualidad y un sentido trascendente de la vida peligrosamente amenazados.
A reforzar este vínculo de tradición e historia, de pensamiento y de afectos, de anhelos comunes de vida en paz en un mundo mejor, os envía España esta Misión extraordinaria, que a la par que testimonie a vuestros jefes de Estado y hombres de gobierno la expresión de gratitud de la España nacional por la digna actitud que en su defensa y en la justicia mantuvieron en el campo de los debates internacionales, os lleva, con la expresión de nuestro cariño, el deseo de conocer la intimidad de vuestro pensamiento y de vuestras necesidades que nos permita en el futuro el estrechar más nuestras relaciones en el campo de nuestros ideales y de nuestros comunes intereses.
Altos y levantados son, como veis, los móviles de la visita de mi Ministro a las naciones árabes, como claros y limpios sus fines y objetivos […] En esta hora […] España […] está también ahora a brindar al mundo ejemplos de comprensión y de colaboración internacional desinteresada y generosa.
Y así como su alianza con Portugal constituye para los países un modelo de buena vecindad, y su inteligencia con las naciones de nuestra estirpe la lleva a formar con ellas, en el concepto de Hispanidad, una verdadera familia de pueblos, así también se halla preparada a estrechar sus vínculos, en el área de sus ideales y de sus comunes intereses, con el mundo árabe, pues sabe bien que en su corazón, por alcurnia histórica, por parentesco racial y, sobre todo, por su afinidad en el campo del espíritu, los españoles tienen siempre un puesto, del mismo modo que lo encontrarán los árabes siempre en el nuestro, y tanto como en el que más, en el de su Caudillo, que os saluda y envía la paz con loor a Dios”.
Una de las visitas más recurrentes a Franco fueron las de la casa real jordana. De hecho, el rey Abdullah inauguró en 1949 la llegada de jefes de estado a España después de la II Guerra Mundial, abriendo una duradera relación entre ambos países. Transjordania se había convertido ese año en el Reino Hachemí de Jordania. Según los informes que tenía el Caudillo, el rey de Jordania, como otros dirigentes árabes, era un admirador suyo; ambos eran anticomunistas.
Una de las cuestiones que se abordaría en los sucesivos encuentros sería la protección de los Santos Lugares, un privilegio que Roma había concedido a España a mediados del siglo XVIII y que Franco se propuso ejercer. Se establecería un tratado de amistad entre España y Jordania.
El rey Abdullah fue asesinado en 1951 y Franco decretó tres días de luto oficial. Con el nuevo rey, Hussein, la amistad jordano-española se hizo más profunda. Los reyes jordanos, Hussein y Dina, visitarían oficialmente España en su primera salida en 1955 y Franco no dudó en apoyar públicamente a los jordanos, custodios de los Santos Lugares, en la búsqueda de una solución al conflicto en la zona que amenazaba al nuevo reino: “esto nos hace más sensibles a las injusticias que una parte de aquel pueblo sufre y explica nuestros anhelos, porque una paz justa aleje de sus fronteras la amenaza y permita el bienestar y el progreso de todo el pueblo jordano”.
La política española se orientaría hacia fuertes relaciones culturales con los países árabes y en especial con Jordania. Las cartas cruzadas que conocemos entre Hussein y Franco recalcan la amistad y la posición española al lado de los países árabes en el conflicto con Israel (AFNFF 23379). Hussein de Jordania estaría en Madrid en noviembre de 1975 para acudir al entierro de Franco, pese a los deseos de algunos de que las representaciones internacionales de peso se concentraran en el acto de proclamación de Juan Carlos I.
“A Su Excelencia el General Franco Jefe del Estado Español.
Me complazco en hacer llegar a V.E. mis mejores saludos y votos y me siento contento y feliz de expresar a V.E. el sincero agradecimiento y el máximo reconocimiento por su firme apoyo, constatado por mí y bien patente al Gobierno y al pueblo jordano y por el interés manifestado por V.E. ante la situación de nuestro país y el giro de los acontecimientos en nuestra tierra santa, en el camino del triunfo de los principios de la equidad y del derecho y de la resistencia a la injusticia y a la mentira, cualquiera que sea su procedencia.
Constituye un alivio de la carga que sobrellevamos, la conciencia del apoyo y de la comprensión hacia nuestra causa, tanto de V.E. como de la noble nación española y de los pueblos libres que buscan la amistad y la paz auténticas, sinceras y completas.
Aprovecho esta circunstancia para enviar a V.E. mi más profundo sentimiento de afecto y de reconocimiento a vuestra noble persona y mis más sinceros votos por el bienestar de vuestro pueblo amigo.
18 Rabi el Aual 1378. Correspondiente al 2 Tacherin el Aual 1958”.
Y Franco contestaría:
“A Su Majestad el Rey Hussein de Jordania
He leído con la mayor complacencia el mensaje que V.M. me ha dirigido por conducto del digno Embajador del Reino Hachemita de Jordania en Madrid y puedo asegurarle que las sentidas afirmaciones de agradecimiento y amistad que en él se contienen, han encontrado un eco sincero en los cordiales sentimientos que he albergado siempre hacia V.M. y hacia el pueblo jordano.
España, que tanto ha luchado por su propia independencia y por el triunfo de los principios de la equidad y del Derecho de gentes, no puede menos que mirar con profunda simpatía los esfuerzos de los demás países para resistir a la injusticia y para establecer una paz duradera entre todas las naciones.
Al corresponder a vuestro altamente apreciado mensaje y a los elevados sentimientos que en él se expresan, reitero a V.M. con mis mejores saludos, los fervientes votos que en mi nombre y en el de mi Gobierno y pueblo formulo por la paz y el bienestar de V.M. y de ese noble pueblo de Jordania, con el que tan estrechos lazos de simpatía y amistad nos unen.
De Vuestra Majestad grande y buen amigo,
Francisco Franco”.
En 1967, Franco se alineó con los países árabes y con Nasser, que había estudiado la estructura del régimen de Franco como posible referente para su Estado, contra Israel en la Guerra de los Seis Días. España se mostró claramente partidaria de la causa Palestina y, tras la reforma de los pactos con los EEUU en 1969, advirtió que no permitiría el uso de las bases americanas contra los países árabes.
En la ONU, España apoyó la propuesta de que Israel volviera a sus fronteras de 1967. Los países árabes, desde Arabia Saudí a Egipto, pasando por Irán o Irak, apreciaron la posición española. En Irak, los dirigentes del Partido Baaz Árabe Socialista, que había accedido al poder en 1968, según recordaría muchos años después el secretario de la embajada española en Bagdad, Miguel Ángel Fernández Mambroza, “tenían una enorme admiración por Franco”. En 1973 el presidente iraquí Ahmed Hassan al Bakr recibió una propuesta de visita a España. En octubre de aquel año, tras la derrota frente a Israel en la guerra del Yom Kipur, los países árabes de la OPEP decidieron utilizar el precio del petróleo como arma para revertir el apoyo occidental a Israel y conseguir la retirada judía hasta las fronteras de 1967. Los precios subieron inmediatamente un 25%.
Franco leyó muy bien lo que esto iba a suponer: “la crisis económica acelerada por la crisis energética, es la más grave que el mundo ha sufrido en los tiempos modernos. Seguramente será larga y profunda”. No pocos expertos mundiales afirmaron lo contrario; el anciano Caudillo no se equivocó.
Según se ha comentado, Franco esperaba recibir un trato de favor dada su posición a favor de la causa Palestina. Será Irak el país, bien de motu propio o bien con el consentimiento del resto de la OPEP, el que tratará de hacer menos gravosa la situación para España; entre otras razones porque España no se había sumado al bloqueo decretado contra el país al nacionalizar el petróleo.
