INTRODUCCIÓN
El denominado acuerdo clandestino en Valencia recoge una serie de decisiones estratégicas que, según los documentos analizados, buscaban articular una coordinación política y propagandística de alcance internacional en la primavera de 1936. Entre las medidas previstas se incluyen el traslado de la central de propaganda a Marsella, la convocatoria de una agitación “antifascista” de carácter mundial, la creación de un comité de enlace con presencia de agentes extranjeros y la promoción de huelgas para medir el grado de preparación revolucionaria en distintas regiones de España.
Este artículo examina el contenido y el alcance de dichos acuerdos, situándolos en el contexto de la radicalización política previa a la Guerra Civil y de la creciente interconexión entre redes revolucionarias españolas y estructuras internacionales.
I.-Trasladar la organización central de propaganda a Marsella-85, rue de Montpellier, local denominado Oficina de Estudios Internacionales.
II.-Realizar el mismo día del citado movimiento una agitación de carácter mundial llamada “antifascista”, para expresar de una manera inequívoca la unión de toda la masa proletaria del movimiento.
III.-Nombrar un Comité de enlace a estos efectos, formado por el citado Ventura y Combin Magne, Lupovine, Baternier y Aznar, al cual Comité habrán de agregarse los antes citados Lumovieff y Turochof.
IV.- Plantear de una manera sistemática, en todas las ciudades de España, huelgas de carácter económico-social, para ver cómo se halla la preparación revolucionaria sindical, y grado de asistencia de las organizaciones. De estas huelgas ya hay algunas planteadas en Madrid y provincias.
V.- Separar del Poder a Casares Quiroga, bien por medio de una votación adversa en el Parlamento o por cualquier otro procedimiento, pero parece descartado el atentado, por lo mucho que se guarda dicho señor.
VI.- Desautorizar a los elementos directores del Partido Socialista, tachados de reformistas o centristas, Prieto, Besteiro, etcétera. Esto se habrá de hacer de un modo público y notorio. Si el Congreso del Partido se aplaza, como lo desea la fracción prietista, provocar el rompimiento de la U.G.T. con el partido a 1º de junio, dando estado oficial a la disidencia.
VII.- Provocar huelgas parciales o generales, en Asturias, Huelva y Bilbao, especialmente por ser los puntos en que tienen influencia social dichos señores, así como González Peña
V.- Celebrar en Madrid una reunión el próximo 10 de junio, en el local de la Biblioteca Internacional de Chamartín de la Rosa, a la que están invitados Thorez, Cachin, Auriol, Fouchans, Ventura, Dimitroff, Largo Caballero, Díaz, Carrillo, Guillermo Antón, Pestaña, García Oliver y Aznar.
IX.- Encargar a uno de los radios de Madrid, el designado con el número 25, integrado por agentes de Policía gubernativa en activo, la eliminación de personajes políticos y militares, destinados a jugar un papel de interés en la contrarrevolución.
X.- Nombrar los siguientes enlaces: Eguidazu y Mateos; de Vizcaya, con Rafael Pérez de Navarra, para Irún, Hendaya, Aranda de Duero, Azcoaga y Sertucha, de Madrid, para Madrid-Aranda. Valdés, Frojosa y Carballido, de Barcelona, para Marsella y Barcelona. Rodríguez Vera y Jaume, para Barcelona y Madrid.
CONCLUSIÓN
El acuerdo clandestino en Valencia evidencia una concepción de la acción política que combinaba propaganda internacional, presión social mediante huelgas y la articulación de comités de enlace con proyección transnacional. Más allá de la viabilidad real de estas iniciativas, los acuerdos reflejan un clima de aceleración estratégica y de confrontación abierta con los sectores considerados “moderados” dentro del propio campo de la izquierda, así como con las instituciones del Estado.
Su análisis permite comprender mejor cómo, en la primavera de 1936, determinados actores concebían la política como un terreno de movilización permanente y de preparación para escenarios de ruptura. En ese contexto, la coordinación desde Marsella, la búsqueda de apoyos exteriores y la planificación de acciones internas ilustran la dimensión internacional del conflicto español y contribuyen a explicar la percepción de inminencia de un choque que acabaría materializándose pocos meses después.
